METÁFORA NADA COMPLACIENTE
No sé a quien le escuché decir, que ser culto o letrado suele ser sumamente barato, me pareció genial está apreciación. Un ser culto pasa un fin de semana con un libro, disfrutándolo, viviéndolo, curucuteando los paradigmas, incertidumbres, misterios y tantas cuestiones que suelen pasar por la mente de un escritor. Ese estado lúdico es fascinante, por lo menos yo lo he vivido. Un ser inculto para distraerse tiene que sumergirse en los sórdidos pasillos de un centro comercial gastando lo que quizás no tiene y si no lo tiene lo más seguro es que no lo necesita, en el primer ejemplo la ociosidad se convierte en creatividad, en el segundo en ramplonería, en lugar común que huele a idiotez funcional. Con esto no quiero decir que uno de vez en cuando no pueda darse una vueltita por los famosos MALL a tomar café y darle al cotilleo, cosa que es saludable, para que no digan que uno es un anticapitalista mesmo.
Que tiene que ver esto con Carlos Yusti, muchísimo, su última publicación, Dentro de la Metáfora (fondo Editorial del Caribe). Libro que reúne una serie de artículos que versan sobre el fascinante submundo de la lectura, autores o libros apreciados desde una óptica nada complaciente (creo que es una de sus virtudes), cuando hablo de submundo esta razonadamente conceptualizada; un lector pertinaz en estos tiempos carga con la huella del desarraigo, o la herida de ser distinto que suele ser dolorosa y a la vez deliciosa, porque no hay que temerle a ser diferente en una sociedad de seres espantosamente en serie que buscan con desesperación un faro.
Después de este introito sociológico, vamos a la sustancia, Carlos carga con lo que a mi también me gustaría cargar que es el sentido de la irreverencia sin ningún vestigio de soberbia, lo digo porque son varios años conociéndolo, viviendo y malviviendo poéticamente (o se intenta) este espacio mágico atravesado por esas dos serpientes acuáticas. Su escritura es tan ligera como una ensalada de lechuga, pero a la vez es una muestra de erudición por la cual siempre he guardado mi respectiva envidia saludable.
Son apenas 100 paginas que nos llevan a digerir las apreciaciones de este lector agudo, desde el Quijote a Osvaldo Soriano, de Cortázar a Proust, de Argenis Rodríguez a una picaresca confesión sobre su manía de coleccionar camisas, todos con la huella ya imborrable de este escritor valenciano que vino para quedarse en nuestros parajes de hormigón.
Yusti no complace peticiones en este libro, cosa que me parece loable y un ejercicio de honestidad intelectual, se llega un momento de la vida que uno escoge lo querido y cuestiona lo que le causa indisposición, en el caso de los libros de autoayuda escribe que un escritor de este género al único que ayuda en el fondo es a su bolsillo, y eso es tan cierto como el agua clara, mire que esos señores tienen esas chequeras bien abultadas, por cierto él y yo quedamos de leer a estos señores para levantar un mapa de la cursilería, pero la malosa, la brutosa, la peorra, la que últimamente prevalece en el mundo disfrazada de optimismo. Tenemos en la lista a Carlos Fraga, a Mayte y al papa o pontífice de esta particular manera de hacerse rico: Paulo Coelho. No hemos empezado esta investigación porque tenemos los dos una larga lista de autores por leer, pero de que lo vamos a hacer es ya una promesa.
Si usted es un lector de lo cáustico y sublime (en término serio) le recomiendo este libro.
Francisco Arévalo.
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