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Pedro Pablo Pérez Santiesteban
Un poeta, una mirada, una voz es la poesía de Pedro Pablo Pérez Santiesteban, cubano de alma y cuerpo, que surge a la vida literaria con su libro Marea Alta, Ediciones el Salvaje Refinado, 2004; y que al leer sea el poema que sea de este poeta nos permite adentrarnos en las sombras de la nostalgia y el recuerdo, donde una ciudad, la única para él, lo hace permanecer fiel a su historia: la de antes, la de ahora; fijada al costado de su vida. Es que el azul intensísimo que lo había rodeado siempre, surge desde las aguas y profundiza y penetra en su libro:” El mundo Interior”, donde la prosa y el verso se intercalan para hablarnos del duro trajinar a que es sometida la memoria
para que el paso y la humedad de los días, permanezcan fieles ante las despedidas.
En la lectura de este libro y de otros, que conforman la obra de Santiesteban, cada verso es como esos almanaques que, aunque desleídos por el tiempo, no dejan de marcar los días y los años: ese aullido o grito que se estremece ante el silencio y el pensar, para hacerse las interrogantes más profundas acerca de la existencia humana, y es que ese silencio captado por la huella del papel en la palabra, reproduce los momentos e instantes de la desesperación más intensa, cuando ese tiempo que se volvió oscuro por el desarraigo, ahoga la voz del poeta en versos, a fin de recobrar, aprehender los sonidos del tiempo; las calles recorridas, como un despojo que las distancias y las ausencias van regando y donde “un idioma diferente penetra silencioso, despojando tu propio sonido”, así nos dice en alguna línea de sus libros. Y así ha andado con esa capacidad de sostener cosas y seres para que el olvido no llegue a tocarlas y que permanezcan intactas en su ser de poeta sensible a su mundo interior.
Realmente, leyendo los poemas y volviendo a su centro de ese decir al lado de la tristeza que se adhiere a la piel de Santiesteban, nos contagia la angustia del exilio, esa huella que no cesa y lo marca de una forma que se repite incansablemente: “mientras caminaba bajo la lluvia sentí un lejano susurro en mis oídos”, era la voz lejana de otros tiempos, esa que lo persigue cuando anochece y a cada despertar, para proseguir: “Tu verano huele a madera, a pino recién cortado de mi tierra”; y sigue su viaje interminable, el pasaje del presente a la memoria: “Hoy respiro tu aliento provocado en la distancia/ y retorno tranquilo sobre mis propios pasos/ buscando inconsciente el remanso de tu sombra/. Es un tren que recorre los pasos invisibles de la distancia y el poeta se adentra en ella, desea eternizar “el desvelo absurdo de tocar fronteras/ el temor genuino de equivocar el camino/ el silencio oscuro de una puerta cerrada/…la sal que aloja nuestras pieles/”. Así es su poesía, cada palabra tiene su propio rostro, pero también tiene el color morado de las cosas lejanas; el vívido resplandor del recuerdo y la eternidad del instante para vivir en la poesía: “Hoy no sé si castigar mi sombra/ o abandonar en tu equipaje mi sombrero”.
Teresa Coraspe, 17de Febrero, 2008
Ciudad Bolívar, Venezuela.
Exilio (SELECCIÓN DE OTROS LIBROS)
Mis pasos sobran
en el andar foráneo
donde el ritmo de la calle
me es ajeno.
Se escarcha
el tibio sabor de los recuerdos
cuando la fría noche
penetra silenciosa.
No hay un eco de voz
en mis oídos
que señale consciente
mis raíces.
Estoy navegando
con la brújula apagada
en un barco
que se encuentra a la deriva.
Dicen que soy
“Viajo sobre el sol
de las montañas,
aspirando llegar
hasta mis mares”.
Dicen que soy
el último romántico,
de los que ya no viven
sin engendrar suspiros.
“Que soy obsoleto
en el nuevo mundo.”
Dicen que soy
un trepador de nubes,
escalando en el misterio
de la lluvia.
Un contador de estrellas
en el invierno crudo.
Ajeno a ti
Hay una taza de café humeante
rondando mi ventana,
tras el árbol de la hojas secas,
un poco de letras revueltas
sobre el papel torcido
Tu nombre escrito con tinta azul,
mientras el mío palidece en el grafito
Hay lluvia rompiendo los cristales
y matices del viento
que me arrastran tu voz,
mientras la mía se esfuma entre las nubes.
Hay poco de mí.
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