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Franklin Fernández:
“Mis objetos son como metáforas tangibles, metáforas visuales”.

M.M. -Usted ha dicho que se define como poeta, pero lo que pasa es que en el país ese concepto es limitado ¿En qué sentido?
F.F. – En muchos sentidos. Por ejemplo, s e le llama “poeta” a una persona que recita versos. O bien, porque los escribe. Si bien es cierto que la palabra es el medio articulado más inmediato para expresarse (el lenguaje en sentido estricto, con su registro; la escritura), también es verdad que en cualquier momento podemos prescindir de ella, deponerla o renunciarla, como lo hizo Rimbaud. En ese sentido, suelo considerarme un poeta visual a expensas de que intentó transmitir algunas ideas a través del código literario y, al mismo tiempo, a través del lenguaje plástico. El poeta actual, el poeta contemporáneo; puede ensayar otras salidas. Necesita ahora de grandes espacios, de grandes almacenes, instrumentos complicados, objetos, herramientas y materiales necesarios que van más allá del simple lápiz y cuaderno de notas tradicional. Entran en el terreno de los artistas plásticos.
M.M. -Además afirma sentirse influenciado por el artista catalán Joan Brossa en cuanto a la ejecución de los poemas-objeto. Influencia que, en algún momento, llegó a inquietarlo ¿Hasta qué punto se considera descendiente de las ideas de este creador?
F.F. –La influencia de Joan Brossa ha sido total. Hasta el punto de ver un rastro de su huella sobre mi trabajo, un rastro bien legible. Aunque mi obra también tiene unos códigos propios y auténticos; identificables y reconocibles.

M.M. –Su obra también pareciera responder a otros llamados ¿Existen otras influencias?
F.F. – Sí, evidentemente que las hay. Digamos en principio que mi obra bebe de diferentes fuentes y corrientes internacionales: surrealismo, conceptualismo, minimalismo, etc… Me nutre mucho el trabajo de Alberto Asprino, Nicanor Parra, Chema Madoz, Alexis Leyva Machado (Kcho), Mario Abreu, Juan Calzadilla, Jiri Kolar, Carlos Poveda, Armando Reverón…
M.M. –Para usted, ¿qué es la poesía visual?
F.F. – Es la unión hermosísima que existe entre el arte y la poesía desde hace muchos siglos. Para mí, personalmente, es una mezcla de poesía con objetos: la metáfora atrapada y llevada a través de elementos no convencionales a una obra estética.
M.M. –En varias de sus composiciones están presentes las letras del abecedario, como en: “La piel de la memoria”, “Viaje”, “Miopía”, “Mensaje”, “Poema semiótico”, “Cosmogonía” y “Corazón de poeta”, entre otros. ¿Qué representa para usted la dicotomía palabra-objeto?
F.F. –Algo así como el abandono de la palabra escrita en beneficio de la imagen plástica de la misma. “Las cosas son las palabras y las palabras son las cosas” , decía Alexandre Cirici. Las relaciones en las que se involucra mi palabra no son nada usuales, habituales, ni convencionales. Porque mis poemas se han ido apartando progresivamente de la poesía tradicional, de la palabra escrita. La verdad es que me mueve como una necesidad de liberar a la poesía de esa camisa de fuerza que es el papel. Dimensionalidad es lo que pide mi poesía. Es lo que busca y es lo que encuentra. En el poema-objeto, los mecanismos expresivos funcionan igual como en la poesía escrita. Bien sea mediante metáforas, afinidades, paralelismos, similitudes, contrastes o analogías. Sin más, ni más. Si un objeto puede estimular una palabra, también un objeto puede estimular una lectura. Mis objetos son como metáforas tangibles, metáforas visuales. M.M. -En su obra también está vigente el elemento del humor y la ironía como en el “Chupón”, estructura que en su base corresponde a un chupón tradicional, pero que en la punta en vez de un agarradero de goma (mamila), cuenta con un gancho de metal (anzuelo), que hasta le valió que el surrealista mexicano, Enrique Lechuga, le dedicara una composición bastante sarcástica sobre cómo utilizarlo en 15 pasos.
F.F. –Siempre he dicho que el dolor, el humor y el amor son las grandes tentativas de nuestras vidas. Tanto hay amor, hay más dolor. Tanto hay humor, hay más llanto. ¿Quién comprende?
M.M. -Así mismo, llama la atención la emulación con alicates que hace de la naturaleza de algunos animales vivos, de algunos animales muertos ¿Por qué, precisamente, escogió estos elementos inermes y sin vida para representar?
F.F. –Porque son imágenes que sirven para la reflexión. Intento que tengan diferentes niveles de lectura y que puedan ser abordadas desde diferentes ángulos: pájaros, escorpiones, espinas de pez…
El alicate es el objeto de lujo de las ferreterías (Risas). La verdad es un elemento muy frío. Digamos que, en el fondo, lo que trato es de “naturalizar”, “metaforizar” o “poetizar” esa herramienta. Para mí, sencillamente, es una necesidad vital.
M.M. -En uno de sus poemas publicado en su libro “Simples” de la editorial El Perro y la Rana , usted dice: “La poesía es canto (…) murmullo, llanto, contemplación y entrega” ¿Eso es lo que significa el arte poético para usted?
F.F. –Se dice que el poeta tiene el poder de transformar las cosas. Si eso es verdad, entonces me permito manipular no sólo el lenguaje sino también las cosas que me rodean. El lenguaje muta, transmuta, trastrueca, transforma, cambia. Busca otros vehículos comunicativos para expresarse. En ese sentido, trato el objeto como poema y el poema como objeto. Eso es lo que significa arte poético para mí. De eso trata mi poesía.
M.M. –Una última pregunta para despedirnos ¿Qué se plantea usted con sus poemas-objeto?

F.F. –Plantearse una poesía con objetos no es una tarea fácil. Pero creo que mi posición como poeta visual ha sido bastante clara. Primordialmente, estimular la imaginación del lector o del espectador.
Con mi obra planteo subvertir los códigos de emisión y recepción del poema tradicional; escrito o verbal, suprimiendo la palabra como elemento conductor de creación y de comunicación. Emprendiendo investigaciones en los límites, y más allá de los límites de la lengua hablada y escrita. Evidentemente, buscando un volumen: la tercera o cuarta dimensión del poema.
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