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POEMAS DE Morelva Oropeza
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POEMAS DE Morelva Oropeza
SIN TREGUA Y SIN DESCANSO
Eras tú de espaldas y yo sobre ti, como un libro abierto.
Mi lengua insolente jugando en tu oído, en tu cuello,
en la comisura de tus labios, en los hilos de tus finos cabellos.
Era yo diciendo sobre tu aliento febril
un credo obsceno destilado en versos
Y mi boca descarada,
decantando los sabores que despedía tu piel erizada y sin recuerdos...
Era mi boca, ánfora de deseos derramada,
avanzando en tu cuerpo desnudo
cual Reina...
Eran mis senos en tu espalda y más allá de ella,
revoloteando como lúbricas mariposas,
descubriendo los extraños y curiosos surcos en que
tú ruegas por tan solo que te rocen.
Era yo desnuda en tus ojos cuando te volteaste
Y enredaste tus muslos en los míos...
tu mirada devorándome, tus incendios devastándome...
Eran tus besos, sin tregua y sin descanso,
tu confesión de amor deshojándose en la fiebre de todo mi cuerpo,
tu boca libando en mi vientre sinfonías...
tu alma desbocada
sobre la curvatura de mi beso.
Era tu voraz fruición adentrándose en mi cuerpo,
ciñéndose a él,
vertiendo en mí su majestuoso verso,
sorbiendo el néctar de mi luna en pleamar,
dándome a degustar del festín: tus músculos en perfecto movimiento.
Eran, entonces mirándose, mirándonos,
cómplices, perplejas, las voces silentes de lo Eterno.
Y era yo,
sin tregua y sin descanso
absorbiendo desde tí
el líquido fulgor de las estrellas.
DESTINO
Cuando vuelva a verte, aunque quiera otra cosa,
vacilarán mis piernas.
En polvo se convertirá el ya profanado recinto aristotélico
al que cada noche yo me aferro.
Cuando vuelva a verte, no desearía que vieras la condenada prisa
con que se me desnuda el rostro,
la necia manera con que mi lengua
repica en mi boca como una campana de cera.
Si vuelvo a verte, dislate azaroso de los astros,
quisiera pronuncia el OM, engendrar la suspensión de este cuerpo austero...
tocar más allá del fondo,
trasegar la repleción de la luz
que se enreda en el universo...
y quedarme allí...
Con el único fin de que no notes, de que no adviertas
el afán con que te absorbo...
la eclosión de un amor que no acaba de rendirse.
AMOR EN DOS TIEMPOS
…Y tus manos se posaron sobre mis pechos desnudos
Y tu boca gigante se tragó mi beso.
Era invierno afuera y verano en el lecho, tú inventaste junto al Amor, el Tiempo.
Mordiste mis labios, los volviste eco de tu boca,
te internaste en mí, carnívoro,
sutil, furioso y decidido
para cobrar todo lo que de amor, yo te debía.
Ardientes nuestros cuerpos, bailaban el placer.
Presos estábamos de la intemperie del deseo.
Bendito seas… en mí habitaron tus tormentas, llovieron bocas insaciables,
llovieron manos, se multiplicaron las caricias.
Besé la vida que el roce de tus caderas le había devuelto a mis entrañas.
Saboreé el amor vestido de carne, erguido desde tu cuerpo.
Te invadí, te amé, abusé descarada, obscenamente del placer de poseerte...
Tú, en mí y yo vertida en ti, y, los dos, en un ciclón febril del universo…
Moribunda estaba yo después sobre tus alas,
volando el vuelo de cada átomo de tu ser en movimiento.
Tendido estabas tú sobre mi desnuda humanidad.
Sé que está bien por hoy…lo sé… pero esta sed de ti no se me quita…
Y quiero que desandes otra vez cada parte de mi cuerpo.
POEMA 14
No vislumbro salida.
Escarbé en las paredes movedizas
Redoblé mi insomnio…
Puse a todo volumen lo que quedó de mi existencia.
Desperté a los muertos dejando encendida la razón.
Puse avisos en los diarios; avisé a mis amigos más cercanos.
Sacudí todos los silencios, los heredados, los impuestos…
Finalmente mandé al infierno las costumbres, el decoro, la elegancia
Y me rendí agotada a tu recuerdo que desde mis manos extendidas
No hace más que contemplarme.
EPITAFIO
Tus manos cobardes
Tu distendida palabra
Tu piel imperturbable casi hipotética.
Tus besos anhelándose en mis labios
Tu amor en moratoria
El rigor de tus procesos
Las dilogías inversas en tus gestos
Tu rectitud, tus preceptos morales,tu escarificada sonrisa
Tu voz ponderadamente aséptica
Tus coartadas, la retórica de tu razón,
los intentos deshidratados en tu boca
Tu pusilánime falta de palabra,
tu inepcia,
Y la hesitación de toda tu existencia
Tienen mi absoluto permiso para irse al mismísimo infierno
POEMA 24
Soy culpable.
Lo admito:
es cierto que te amé.
Pero fue en defensa propia.
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