
EL ANGUSTIARIO DE WILFREDO VELÁSQUEZ
Wilfredo Velásquez vuelve al encuentro con la poesía, luego de un viaje de silencio tras publicar en los años 80 su libro de poemas: Angustiario, del que tuve el honor de ser madrina; acto que tuvo lugar en San Félix de Guayana. Recuerdo entre los presentes a Milagros Mata Gil, Alis Darnott quien se fugó temprano hacia otras estrellas, Iván José Romero y algún otro poeta que quizás andaba por ahi. Siempre ha permanecido fiel a la poesía, aunque su profesión de Arquitecto no le haya permitido una dedicación completa a la escritura; o en todo caso, ha llevado el arte de la poesía a su profesión, lo que podemos inferir observando el esmero y dedicación que ha puesto en el Balneario La Candelaria, al crear en ese espacio La Posada de la Virgen, donde el río y las piedras y las cabañas construídas son una armonía estética. Porque es poeta, pienso, ha logrado esa confluencia de la belleza y justamente este tiempo en el que ha inaugurado la Posada, surge la voz con estos poemas que ha denominado Poesía urbana que deseo llevar a los lectores del Buho, y a la vez desearles todo lo bueno y hermoso para el año Nuevo venidero. TC. El hijo irreverente de la noche
Carga sombras
Vende sueños
Transita la ciudad desnuda
Busca
II
Húmeda el alma
Con un crepitar en el pecho
Busca el cielo fragmentado
Entre verticales toneladas de concreto
Privado de la luz
Oprimido por el hastío urbano
Torna sigiloso hacia el azul
III
Esta ciudad terrible
Guarda tras cinco muros
El lugar de todos los naufragios
Tres muros son de concreto
Uno de dura angustia
El quinto de urbano hastío
Yace en este lugar
El barco fragmentado de los sueños
El barco de la libertad de recia madera antigua
Recaló sin banderas
Abandonado
Cubierto de cieno
Está el barco donde viajaba el amor
Esta ciudad de naufragios
Es un sitio de tormentas
Es el vértice donde convergen todos los mares
Llegué aquí capeando temporales
Proveniente del mar de los sargazos
Y permanezco náufrago de la esperanza
IV
La muerte no es indispensable
Podemos seguir viviendo
Escatológico me sumergí en la nada
Convertido en el eco de un tiempo infinito
Conocí el término de los días
Supe del fin y del frío de la mortaja
Sentí la laxitud definitiva
Extrañé la luz
Después me convertí al movimiento
Y asumí el riesgo de la vida
V
Inventé la palabra
Porque mi pecho no soportaba el infinito
Lancé el grito a la eternidad
Estremecí los cimientos del universo
Desprevenido me aplastó el silencio que habita mi garganta
VI
En la ciudad desaparecidas campanas
Gritan las nuevas horas
El trepidar de cascos
Sobre olvidadas calles empedradas
Ahoga los motores
El rechinar de ruedas de carretas fantasmas
Silencia las sirenas que llaman a muerte
El farolero insomne enciende las estrellas
Mientras el tranvía colisiona con el metro
VII
Amigo, no se confunda.
NO SOY UN ANGEL
Estas alas que me ve,
Son las del Pegaso,
Las gane dignamente en mi combate por la vida.
Lidiando la esperanza
Desanduve el laberinto,
Desterré los símbolos que ocultaba.
Ahora guardo en mis vísceras
Las astas del minotauro.
Amigo, no se confunda.
Estos pelos ocultan
Las serpientes de medusa.
No se confunda.
A pesar de mis orejas
Ya no escucho a las sirenas.
Armado solo con el cuerpo del unicornio
Profane la caja de Pandora.
No consulten el oráculo,
Ya no queda ni la esperanza,
No se confundan.
VIII
Escatológico y efímero
Pronuncio el extenso vocabulario
De la angustia:
Por alfa, la esperanza
Por beta, los sueños
Por delta el dolor
Por omega, la muerte.