Juan Guerrero

Portada

Libros

Cine
Diez películas,
Diez historias….
(primera parte)

Fernanda Bargach-Mitre

Narrativa
Francisco Rodríguez,
autor del cuento más
pinchado en la web

Slavko Zupcic

Arte
5 aforismo sobre
Diane Atbus

José Carlos De Nóbrega

Entrevista
Al fotógrafo Antonio Briceño

Frasnklin Fernández

A la poeta Teresa Coraspe
Karla Pravia

Ensayo
El olvidado Sartre

Carlos Yusti

Estética de lo feo
juan Guerrero

 


FORÁNEOS

Condición de Lector
José Carlos De Nóbrega
Carlos Yusti

 

Estética de lo feo

Posiblemente sea esta una de las etapas más insulsas y recatadas que le ha tocado vivir al Homo Sapiens y al Homo Faber. El Siglo XX o Era del Plástico y la alta tecnología no pudieron reemplazar la vigencia de los diferentes cultos a los dioses y demonios ocultos en la medianoche de nuestras pesadillas.

Tal vez hubo un esfuerzo por sepultar viejas doctrinas e ideologías.

Con el fin del siglo XX se fue también la Unión Soviética, la viruela, la Yugoeslavia de Tito y la rockola de 1,50 y 2 bolívares. Queda lo que siempre ha permanecido en el hombre: la pequeñez humana. Esa tendencia enfermiza a la idiotez de concebir un mundo aséptico y lleno de amor, perfumado y milimétricamente confortable.

En el ámbito religioso Occidente está marcado por el estigma del judeo-catolicismo; esa aberración milenaria de traumas, genocidios y culpas nunca expiadas.

Marx como exponente intelectual del bajo romanticismo, no pudo equilibrar su visión del materialismo histórico con su formación secular judía. Tampoco ha sido posible superar el holocausto humano de la guerra. Ella, con sus múltiples aristas, es más que un hecho histórico. Responde a profundas convicciones del hombre para superar situaciones. Es una posibilidad como el hambre o la enfermedad.

Para que la guerra exista deberá existir Discordia. Bien el rapto de Helena por Paris y el combate de Troya. Bien las ideas de Hitler y la II Guerra Mundial... o lo elementalmente trivial: la elección de un alcalde, jefe de tropa, de fracción o asociación. Aunque en estos últimos casi nunca hay muerte física; sí del alma.

Estas y tantas otras realidades humanas le plantean al hombre de este Siglo XXI, una visión particular de su existencia.

  Ningún individuo ni grupo humano es bueno o malo absolutamente. Musil, en El hombre sin atributos , ya lo afirmó: uno es según las circunstancias. La moral es hija del tiempo.

Hegel lo afirmó filosóficamente: lo que hoy es real mañana será irreal.

Quizá la única posibilidad de existir como débiles mentales resida en los bordes de las apariencias, porque nada se podrá asir ni podemos asirnos definitivamente a nadie. Lo bueno o lo malo, llámese en la cotidianidad organizaciones políticas o equipos de trabajo, son una antigua visión según la cual el dios Maniqueos concebía el mundo y su equilibrio. Tampoco el amor de una familia, como centro del equilibrio emocional que plantean las tesis psicológicas, respaldadas por algunos educadores, nos alejan del deseo esquizoide de abrir carniceramente el vientre de la madre para saber el lugar del nacimiento.

Es muy posible que la visión actual del hombre occidental, donde la cotidianidad está marcada por la marginalidad, fundamentalmente como un estado mental y del alma, esté generando códigos y hablas que designan una actitud del comportamiento humano que busca nuevos dioses y demonios, inaugure mitos y símbolos que le permitan estructurar ritualidades que armonicen con el deseo de (in) mortalidad.

Por eso lo feo, lo aberrante, lo negado, la mutilación visceral del cuerpo y del alma, necesariamente deberán formar parte de un nuevo amanecer.

Ya no es posible seguir ocultando ni social ni religiosamente, ni mucho menos en el freno educativo, los ángeles caídos de la medianoche. Han sido muchas las pesadillas y tinieblas soportadas sin querer aceptarlas como existencias reales.