|
GONZALO FRAGUI LA POESÍA COMO FIESTA Carlos YUSTI
La literatura que se pavonea por sus logros, que adquiere Pensum de estudio, nombre de calle (o plazoleta con busto) y que se regodea en el boato circunspecto nunca fue de mi agrado. En el país algunos escritores asumieron el quehacer literario con mucha pompa y circunstancia. Predestinados a convertirse en los notables de la literatura nacional estaban como más interesados por gestionarse una silla en la academia que por el estilo y por esa razón su escritura no poseía faltas ortográficas ni políticas; sin mencionar lo acartonada y aburridora. Era una escritura plena de asepsia y envejecida antes de tiempo a la espera de su hornacina con su epitafio inexorable de clásica. Por fortuna una nueva legión de escritores comenzó a tomar en cuenta el ruidoso enjambre de la calle y estaban concentrados más en el estilo que la academia; preocupados por una escritura hecha con nervios y sangre emplumada, una escritura menos enfática, envarada y severa. Para muchos de ellos la escritura se asumía como una fiesta creativa, como algazara risueña, como una desprejuiciada apuesta por una literatura desenfadada, informal, pero con el sello indiscutible de la calidad y de una estética cuidada al máximo, que no dejaba al margen el humor y la creatividad sin prejuicios. Gonzalo Fragui es una de las nuevas voces de la literatura. Poeta y editor asume la escritura como un pacto con la belleza y con ese lado amable de la vida. En una oportunidad conversando sobre los tropiezos y vicisitudes que uno atraviesa como escritor me contó que le invitaron a leer sus poemas junto a poetas de la talla de Gustavo Pereira, Luis Alberto Crespo y Ernesto Cardenal. Como es lógico Gonzalo Fragui estaba emocionado, pero su emoción fue mayor cuando descubrió que su madre había asistido y estaba entre el público aquella noche. Cuando le tocó el turno de leer sus poemas saludó la presencia de su madre y con la voz quebrada por la emoción le dedicó sus poemas. Después de finalizado el recital el poeta Fragui se acercó a su madre y le dio las gracias por asistir. Todavía estaba efervescente de emoción y le brillaban los ojos y el corazón. Su madre le dijo: si, si, si está bien, pero yo vine por Ernesto cardenal . Fragui celebró aquella salida de su madre con una carcajada y lo cuenta de igual modo. Este sentido del humor no sólo lo acompaña en su vida mundana y silvestre, sino que recorre su trabajo poético y sus textos en prosa; es como un viento fresco que despeina su escritura, que mueve el ramaje de las metáforas urdidas en el poema. El trabajo poético de Fragui es un pasar en limpio la vida cotidiana, es como un cedazo que va filtrando el grueso cúmulo de la existencia hasta quedarse con esas finas filigranas con las cuales escribe un verso, construye todo un universo poético. Hay un trabajo sanguíneo con las palabras, una dedicación laboriosa con el lenguaje para traducir, con genuina equidad, aquello que percibe a diario:
Botella al mar La poesía de Fragui adquiere música desde el ruido que sube por la calle de todos los días. No trata de escapar (o escamotear) la realidad diaria con un discurso poético complicado, sino más bien trata que el lenguaje sea un puente de trasparencias: Barra fija Con la primera cerveza soy un desierto Con la próxima cerveza vibro al compás de la música Segundo viaje al baño el espejo vomita las carcajadas del ser Tercer viaje al baño el espejo inocente reproduce varios seres que parecen sonreír Ultimo viaje al baño Nadie en el espejo. En una entrevista y ante la pregunta de si la poesía con humor era tomada en serio, el poeta Fragui respondió: “Creo que la poesía toda hay que tomarla en serio. De alguna manera cuando nos damos cuenta de la importancia de la palabra, cuando el poeta logra decir las palabras esenciales nos damos cuenta de que eso es más realidad que la misma realidad. En el caso del humor, siento que la gente cree que se hace un poema y se le agrega luego el ingrediente del humor, si se hace de esa manera creo que no sale, el humor debe salir desde la misma raíz del poema. Creo que la gente lo toma en serio. Monterroso dice que el humor es para hacer pensar. Desde hace algún tiempo es parte de mi vida”. En los escritos de Fragui el humor tiene algo de lírico y lo poético posee un sutil toque humorístico. No obstante nada de esto desmerece o aporta un valor agregado al un trabajo de escritura abocado a las urgencias del día y a esos marasmos de la cotidianidad; una escritura crítica donde lo que se dice es tan vital como la manera de expresarlo. Los días sin humor y poesía se hacen lentos y latosos, sin mencionar que la gente sin poesía y carentes de humor son una inigualable peste y quizás por ese motivo celebro la escritura de Fragui. Además aquello escrito por Moncho Alpuente es puntual: “Contra la hipocresía y el fanatismo, el humor sigue escribiendo hoy sus mejores páginas”. |