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Relatos del otro lado
NIRIA AMARIO
Para mis amigos Igor Barreto y Tito Nuñez, como testimonio de mis barrancos literarios.
Mis desayunos tienen las calorías de Cortázar y su Rayuela. Como hace algunos años, sigo con los setenta colgados a mis espaldas. No es extraño mi deglutir de las pesadillas de Borges. Muchas veces Lidda, Elena, Lucila, Enriqueta y yo nos hemos enfrascado en largas peroratas que aluden a la poética de la mujer. En ocasiones concluimos lo cursi del amor y andamos por esos otros senderos que dibujan tormentos infantiles, confusiones y amantes. Surge inevitable Octavio y sus atajos teóricos del “Arco y la lira” para estrujarme, al menos a mi me lo hace, sus complejas tesis sobre diferencias entre poética, poema, poesía y poeta.
Hasta la saciedad les cuento que todavía, ya bastante crecidita, con varias páginas tormentosas atacando mis neuronas, sigo preguntándome y qué broma es esta que a veces me persigue, me quita sueños y tranquilidades para finalmente no encontrar “el hueso” a la metáfora, como dice Yusti y José Pérez, y entonces leo, leo como una loca para escuchar cosas como: el amigo chileno Huidobro y su rollo con los adjetivos que y que “si no dan vida matan.” Qué es esto dios mío, cómo es posible que los adjetivos siendo tan lindos puedan ser capaces de matar algo en un texto. Cómo no pintar mis cielos de azules, mis amantes secretos, mis nostalgias lejanas, mis callecitas blancas. Cómo lo digo sin decirlo, sin ponerle color. Como verán es un alto costo pretender escribir cosas que parezcan tener algún sentido o valor.
En estas conversas a las que hago referencia comenté un día cuan orgullosa me había sentido al ver mi nombre rotulado en una portada de libro y con toda la ilusión desvanecida, ilusión que no sabía que guardaba, rodaron por mi mente imágenes de mujer pensadora, capaz de convertir en palabras un montón de ideas, no se si son coherentes, no se si con ritmo o con rima. Yo no estudié nada de eso y lo que estudié no creo que me sirviera para aquello. Hasta que unos rostros desconcertados me miraron perplejos quizás hasta confundidos, haciéndome sentir un nervioso escalofrío que recorrió mi pequeño cuerpo, detalle este que me salvó de la muerte allí mismo, en ese mismo sitio donde mucha gente leía sus cosas y yo no entendía nada. En esos casos (cuando otros poetas leían) no veía a nadie desconcertado, más bien, para mi horror asentían, aprobaban y con ese característico gesto de los que saben de esas cosas retumbó en aplausos el salón entero.
Les comenté que por mi mente desfilaron los lamentos de por qué me metí en esto, me consolé con la culpa de Jesús y Sara quienes, antes de la portada, me empujaron a sacar esas páginas de mi almohada, que yo tenía guardadas para leerle a Marquito cuando fuera vieja, y si lo encontraba, y si capaz de escucharme tanta cursilería.
Les confesé también que a mí nunca se me habría ocurrido ni siquiera soñar con publicar algo no porque no me gustara la idea, como ya lo confesé, sino porque no miento cuando digo que eso para mí era como un ejercicio de copiar recetas, como notas variadas que venían de no sabía dónde. Que yo sin leer a Octavio Paz y a Sartre había anotado cosas mías, para mí y para Marquito, ya lo dije.
Fue así como sin darme cuenta aparecí en una sala leyendo cosas y no sólo eso, además salí en la prensa cual consagrada mujer de letras, pese al desconcierto de las miradas, pese a la confusión y a la perplejidad.
Me consuela pensar que aun sin llegar al “hueso de la metáfora” alguna gente amiga, de esas que son casi todas con las que me reúno, no saben nada de “huesos” ni de “metáforas”, ni de ritmos, ni prosas. Ellas me escuchan cuando leo y me dicen que eso si es “bien bonito” He sido vitoreada con ¡lee otra ¡ ! lee otra! y canta.
Fíjense como son las cosas que una de las propuestas eróticas más interesantes que he escuchado en mi vida ha sido la de un, yo creí admirador, quien más o menos me dijo esto: “ me pasaría la noche contigo sólo para oírte hablar y hablar hasta que amanezca “. No me negarán ustedes que si para algo han servido mis desafueros literarios ha sido para conseguir a alguien que quiera amanecer conmigo aunque sea para leer un poquito.
No he omitido en las largas peroratas uno de los halagos más serios, hecho por uno de los intelectuales más serios de este país cuando en un arrebato de licor y madrugada expresó: “ella no canta como la Callas , ni escribe como la Mistral , ni baila como la Duncan , pero tiene el Don de la elocuencia y el afecto y la dulzura de los ángeles” y además lo intenta.
Bueno me digo a mi misma, como le gusta a Cristina que lo diga, si la osadía de intentar ser poeta ha servido para esto bien bueno. No ha sido en vano intentar perseguir imágenes y voces para dibujar barrancos y colgar en las paredes de mi cuarto. Hasta que un día esos mismos fantasmas me digan ¡ya! O en el mejor de los casos lleguen mis garabatos a manos de Armando y con voz entrecortada diga: “todavía no, pero allí vas”, “puede que mudada al cielo, cuando no estés aquí, leamos algo de tus textos”. “Y si encontramos algo que parezca un poema o un cuento, que valga la pena, lo comentaremos”. Y deja la talentosidad para los elegidos de los dioses….Como esas y esos con los que te ves en las mañanas y desayunas.
Niria Amario
Desde junio 19 hasta el 29 del mismo junio del 06 |