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MEDIO SIGLO Adhely RIVERO
Texto de ADHELY RIVERO A MANERA DE PRÓLOGO
LA PRIMERA SENSACIÓN La primera sensación de lo poético lo obtuve con el lenguaje de mis padres; claro está, inconscientemente, sabía de una relación extraña cuando mi padre hablaba de sus animales, de sus tierras. Algo muy especial ocurría cuando nombraba los árboles, esa madera es de corazón o, un palo de corazón resiste la candela. Estas tierras son buenas, dan agua dulce, el río está manso este invierno. Aprendí a vivir ese lenguaje y comencé a leerlo en la escuela de una finca, dentro de la misma relación vital, cotidiana y práctica con los seres humanos, los animales y el paisaje. Nunca se maltrató nada ni a nadie con la palabra. Hay otro lugar para lo poético, el silencio. Estar callado ante el sol de los venados sobre el lomo de un caballo o, bajo la garúa de un amanecer, me revelaba un sentimiento y todo silencio terminaba dilatado por la pasión que sienten los llaneros por silbar. Comencé silbando poemas que construía de memoria. Entre rezar y silbar, prefería silbar contra el miedo. Creo que fundé mi mejor lenguaje en la infancia, no era una lengua estándar, era la lengua de mis abuelos indios, negros y españoles, la mala herencia española, repetía siempre mi padre, era su herencia. . Al desarraigo se le debe oponer la memoria para no estropear los orígenes, el hombre se desorienta, se extravía y hasta se borra como un camino en invierno, como dice el poema "Ningún camino es eterno/ cada invierno borra la conquista/ el atajo/ la trocha de llegar al mundo/ sobre esta inmensidad de agua bajo el cielo/ de referencia". Escribo para ir descubriendo esta riqueza de lengua que es herencia de familia, y al mismo tiempo devolverles el orgullo que me sembraron por la tierra, de la blanda arena y el terrón fiero. Siempre reconstruyo el pueblo de la adolescencia, "en el tránsito de un pueblo que crece y se desborda", he logrado fundar sobre la realidad del mismo, mi territorio mitico, mi calle y mi plaza a la margen del río de mi infanda, siempre asisto a este entorno a través de la escritura. Escribo por la mujer, el hijo y los grandes amigos. Escribo por la tierra y el trabajo. Por la poesía, porque la oralidad se instale en los libros. Escribo para perdurar en el corazón de los otros. |