“El silencio es una música interior”
Marcel Marceau
Creo en el silencio como causa y efecto, no logro entender a estas alturas de mi existencia, como quienes no tienen la razón siguen esgrimiendo estruendosamente sus sinrazones. Se que es harto difícil en estos tiempos de culto anodino de la personalidad, buscar en el silencio el recurso de la razón y porqué no de la sabiduría. Es allí cuando el mutis es causa y reconfortante efecto que devasta la vacuidad reinante.
Ante tanta gazmoñería esgrimo el sable del silencio, dejo que crean que tienen la razón, total no es a mí a quien convencen, es a ellos mismos que necesitan auditorios y pendejos que marear. Defiendo el silencio como una pieza fundamental de liberación, en estos tiempos de aturdidos y prozac a granel un toque de soledad y silencio es combinación perfecta.
En nuestra ciudad, en nuestro pías y el mundo sobran lo habladores de paja, la palabra como recurso respetuoso a perdido vigencia, es común toparse uno en la esquina con cualquier mequetrefe que se cree ungido de la verdad (suprema o divina), esto causa duda a la hora de uno dar razones sociales de existencia. Hay también los que por llenar espacio escriben cualquier barbaridad y las intentan reforzar emotivamente con palabras, estos serían los redondos habladores, de gamelote, expertos en componer el país y la vida de los demás, pero no la de ellos mismos.
Tampoco es que tenemos que andar en la vida como un monje trapense, hablar es sabroso cuando se tiene un sentido de la unidad, con palabras se puede hacer magia pero también destruir rascacielos. La palabra es urgente reivindicarla, porque como instrumento integral de movilidad cada día la inmovilizamos, no me quiero imaginar el día en que pierda total vitalidad, estaremos entonces en una torre de Babel, no porque hablemos en diferentes idiomas o lenguas, sino porque no nos creeremos, viviremos entonces en el mundo de las galimatías y los embrollos.
En este mundo virtual he descubierto que a la gente silvestre no le gusta para nada que le hablen de verdades, mucho menos que le digan las que tienen que ver con sus errores, es más reconfortante vivir del embuste y de la cosmetología social, hablaríamos algo así como de algo muy parecido a la estupidez o idiotez funcional, eso lo da lo soso de las palabras, la ligereza con la que se habla y escribe en estos días de revuelta informática.
Es allí cuando prefiero el silencio a decir cualquier disparate por el cual me tenga que arrepentir por el resto de mi vida, porque de algo si estoy seguro es que el silencio es el mejor aliado en tiempo de idiotez, donde escasean los baremos.