Gilberto Bejarano:
“Yo tomo al arte como una
acción religiosa, casi como un hecho sagrado


Bejarano en su taller.

  (tres páginas)

Franklin Fernández.

F.F. -¿Cómo fue su primer encuentro con la escultura? ¿Cuándo comenzó a utilizar la madera como elemento de expresión?

G.B. –Bueno, mira, tú sabes que yo tengo una formación tradicional como pintor y por mucho tiempo pinté en forma académica. De ese proceso de investigación de proponerme otros planteamientos, llegué al campo cinético y bajo esa idea se involucraba un soporte distinto al de la tela y al óleo. Comencé a utilizar maderas, varillas de maderas a las que llame “Estructuras cinéticas”. Por cierto, de esas obras se exhibieron un grupo en la galería del INCIBA en Pro Venezuela en Caracas, y aquí mismo en la “Galería Punto” de la escuela Armando Reverón. Creo que fue Juan Calzadilla, en uno de esos primeros libros que él publica, en donde inserta una de esas obras. Allí hubo un rompimiento con la formalidad pictórica porque no es el plano, tuve que hacer cosas volumétricas, virtuales, pero en todo caso volumétricas, cinéticas. En el tratamiento con la madera, esas obras eran muy coloridas, con mucha saturación cromática (progresiones). Pero ese conocimiento y ese contacto con la madera y esa inquietud por ir modificando los puntos de vista de la formación pictórica, me fue llevando a indagar sobre el material con que estaba trabajando y con las herramientas. Jugando un poco en descubrir cosas que la madera me iba sugiriendo.

Paulatinamente fui abandonando el color. Eso lo refleja muy bien un texto del mismo Juan Calzadilla, que hizo para una de esas exposiciones que realicé en Caracas, donde hay elementos cinéticos, menos formales, en este caso son como obras geométricas, abstractas, pero expresivas. Ya son obras muy libres y de esa propia libertad con que asumo ese trabajo y el contacto con la madera, me lleva indudablemente al volumen, a las formas orgánicas y a recrear los retablos coloniales.

F.F. -Dice Perán Erminy, que su trabajo se inicia con el cinetismo, pero que usted no fue fiel a los postulados técnicos de esa tendencia...

G.B. -Eso es correcto. Justamente porque yo siempre he tratado de buscar como un equilibrio entre lo expresivo y lo formal, lo estético. He querido darle cierta coherencia a esa propuesta; es decir, que la obra fuese o tuviera un punto de contacto con el espectador. No específicamente sobre una preposición plástica, si no que tuviera un punto de contacto, que atrapara al espectador. Y eso por supuesto, me llevaba a utilizar un color menos nítido, darle un poco más de expresividad. La madera misma es muy noble y tiene condiciones muy propias. Nos cautiva, nos seduce, pero también a su vez cautiva y seduce al espectador, se produce una empatía. Y esa empatía me satisface o me fue satisfaciendo cada vez más y me fui envolviendo con la madera y porque ella, en muchos casos, asomaba propuestas que yo no las había pensado. Igualmente el uso de las herramientas, producen un juego y lo lleva a aprovecharse de esa condición para expresarse con el material.

F.F. -¿Se considera un constructivista?

G.B. -En el sentido plástico... lo que pasa es que las palabras son muy imprecisas. Yo creo en el arte en el sentido general de organización, construcción, armonía. Pero constructivista en el sentido que no solamente tengo que organizar el espacio, el volumen o el color, sino también, a su vez, ser más responsable. Yo creo que el artista está muy lejos del bohemio y del diletante. La responsabilidad es por el arte y por lo que uno quiere hacer, eso obliga y llama a uno a un sentido de responsabilidad y compromiso.

F.F. -Luis Méndez dice que la pintura para él es: “placer y responsabilidad. Sensatez y certidumbre”. Yo le preguntaría a Gilberto Bejarano, ¿qué es para usted la escultura?

G.B. -Bueno, mira, esas expresiones de Méndez son muy claras, muy precisas. En todo caso yo diría que el arte es una forma de comunicación. Yo tomo al arte como una acción religiosa, casi como un hecho sagrado. Es allí donde me planteo una propuesta sincera y auténtica.

 F.F. -¿Qué nos ofrece Gilberto Bejarano a través de la escultura?

G.B. -Bueno, en cierta forma uno lo que pretende es visualizar, hacer visible toda una iconografía visual que uno ha adquirido a través de los años. Es decir; que uno no pretende ser más que otra cosa que la visual que uno tiene de todo lo que ha visto en el arte. Y en la vida, por supuesto. Es una experiencia de vida. Uno es como un intérprete, un conducto del cual se vale la vida para darle las características a la obra que se aprecie como “Bejarano”. La obra mía tiene que ver como ve Gilberto Bejarano el arte.

F.F. -Habla de lo sagrado. Es evidente que la madera para usted sigue siendo sagrada. La serie de altares y retablos dorados, lo testimonia. Son como signos de fe, símbolos que nos remiten al culto, la oración, la conmemoración, la entrega y la plegaría...

G.B. -Bueno, en efecto, eso exactamente. Yo te decía que para mí, el arte, la pintura o la escultura, son como un acto religioso y eso se remite después a lo nuestro, a mi formación, a mis ancestros, a mis costumbres, a los hábitos que me formó mi familia, a las primeras cosas que yo presencié desde mi infancia. No hay que olvidar que soy andino. Mi primer contacto visual era con objetos sagrados, con altares, con iglesias. Por cierto, en Mérida, de donde yo soy, hay muchas iglesias próximas a mi casa. La gente es muy religiosa y en mi casa prácticamente, cada uno de nosotros tenía su propio altar. Pero uno iba a las iglesias y uno sentía, sin saberlo, una espiritualidad, un recogimiento, un sentido de trascendencia y, a su vez, los objetos que estaban allí; que propiciaban ese asunto, tenían un sentido estético y expresivo. Se mostraba “La pasión” , se mostraban todas estas escenas que uno conoce de la religión cristiana y eso le daba a uno un sentido de elevación y de trascendencia. Yo no lo percibía así en mi infancia o en mi adolescencia, pero desde luego que con el desarrollo en el tiempo y en contacto con la formación artística y en el arte mismo, percibí esas cosas esenciales y sus significados.

F.F. -Discos solares, volúmenes, círculos, órbitas, redondeles, mandalas, ondulaciones, curvaturas, concavidades. Formas que obligan a detenerse; prolongada e intensamente, frente a su obra ¿Cuál es la importancia de lo circular, lo ondeado, el serpenteo y lo flameante, en su obra?

G.B. -Bueno mira, todos esos son juegos o posibilidades que uno usa para comunicarse, para establecer un diálogo con el espectador, para atrapar al espectador y establecer un juego, es para comunicar el sentido que uno tiene del arte, el sentido que uno tiene de la vida, el sentido que uno tiene de la existencia misma. Todos estos elementos se usan justamente para propiciar estas lecturas o estas aperturas. O como puede ser en este caso los retablos que se abren y se cierran. Es como un juego. Por fuera son de una manera y al abrirlas resultan otra cosa, incitan al espectador a intervenir. Yo creo que eso es un aporte importante al arte. Que se le pueda ofrecer al espectador la posibilidad de él involucrarse, de intervenir la obra. Las propuestas mías en muchos casos son muy barrocas, porque yo no me siento conforme con lo expresado, lo hecho. Y yo lo que quiero es que el espectador despierte, se salga de su entorno y caiga en lo que está en mi trabajo. Trato de poner los elementos que crean interrogantes y rompan con la cotidianidad.

 F.F. -Ese barroquismo al que se refiere, ¿deviene de la forma misma o del color?

G.B. -Yo uso las dos cosas. Hay obras en donde el color es primordial, de repente puedo hacerlo también en el proceso de talla o del ensamblaje mismo. Hay altares muy ricos y barrocos, y pueden de repente, bueno... una de las críticas que me hacen es que no me controlo. Y justamente, a esta altura de mi vida no me quiero controlar, al contrario quiero que todo salga de esa manera. Que de alguna forma fluya sin ningún impedimento de ninguna especie, ni de técnicas, ni teóricas, ni de prejuicios estéticos, ni nada por el estilo, sino que fluya libremente. En la exposición de Cumaná, que se llamó “El reboso del mar interior” , se sobreentiende que hay deslastres de todo lo que uno tiene y echarlo afuera sin impedimento alguno. Pero, a su vez, el premio que acabo de recibir en estos últimos días con la obra “El río irreverente” , también es eso, una obra que no se rige por ningún patrón. Es un dibujo que en un momento determinado, puede decirse; bueno eso, que no es un dibujo porque tiene elementos escultóricos. Bueno sí, tiene elementos escultóricos, pero en el momento en que la estoy trabajando es un dibujo... A mí me gustaba el dibujo como estaba hecho, pero yo no me sentía conforme meramente con eso. Porque es que, el espectador está muy bombardeado por banalidades, medios muy poderosos como puede ser la televisión o los medios audiovisuales. Entonces la formalidad pictórica o escultórica te la exigen de forma tradicional, hacer la escultura o el dibujo de una manera tradicional. Entonces resulta un poco difícil motivar al espectador para que se inserte en ese hecho y yo lo que trato más bien es de involucrarlo en el proyecto del artista, del creador, de cualquier manera, así sea barroco, con colores, con texturas y con elementos sorpresivos. A mi me gusta que el espectador piense un poco, que se pregunten, que se interroguen -¿Por qué puso ese señor esto aquí?-. Me gusta, precisamente producir esa interrogante, -¿Por qué lo puso?- Yo les respondería hoy: lo puse, justamente, porque es allí donde comienza el diálogo.

F.F. -¿Cuál es su interés por las formas aladas, diseccionadas y expansivas?

G.B. -Todo eso viene de esa misma formación del arte constructivista, del arte cinético, donde las formas más elementales como el círculo o el cuadrado, están para dividirlo, para seccionarlo, para uno jugar un poco y expresarse. Yo lo sigo usando, pero eso presupone otras connotaciones. Porque ese círculo ya no es circulo, es una forma ovalada. Y esa forma ovalada ya es un volumen y ya el mismo volumen puede ser pintado, puede ser rallado, puede ser tallado, puede ser entonado con la aplicación del dorado o puede simplemente dejar la textura desnuda de la madera. Eso depende de la obra que se está haciendo y del momento en que se está haciendo. Cuando uno está en el taller, tú bien lo sabes, tienes tu propia experiencia; uno está metido en un sentido que yo llamo de religiosidad. Pero a la vez es un sentido de observación de todo el entorno, de todos los elementos. Una obra te va a sugerir otras ¿Por qué?, porque en el proceso de realización estás viendo que hay otras posibilidades. Picándola, manchándola, golpeándola, destruyéndola. Muchas veces utilizando hasta los escombros que se producen en el mismo taller. Tengo obras donde están incorporados los residuos de la talla, es decir; los incorporo en el trabajo. ¿Diciendo qué? Bueno, tanto la escultura, la pintura u otro arte es lo que tú haces, como también quizás el desecho, lo que queda y que no se muestra. En este caso yo los muestro. ¿Pero los muestro cómo? Muchas veces esos escombros, esos residuos los entinto y ya eso forma una textura. Le pongo rojo, le pongo azul, le pongo dorado, le pongo cualquier color y crea un ambiente más allá del aspecto formal de presentar una escultura. Una manera también de interrogar y de atrapar o de establecer un vínculo entre el espectador y la obra.

F.F. -De lo alado; de lo que en apariencia tiene alas, flota o quiere volar, usted pasa al volumen, al peso, el espesor. Es decir; usted juega frecuentemente con las expectativas de peso ¿Cómo se le quita peso a una escultura?

G.B. -“El arte es una mentira”, decía alguien por allí. Una pintura es una mentira porque tú sabes que eso que está allí es plano ¿no? Es una ilusión. Bueno, esa pintura es una quimera, es un espejismo, es como un acto de magia. A uno muchas veces le gustaría que su obra, su escultura, estuviera suspendida en el aire, flotando en el espacio. Sí, que flote, que gravite. Muchos artistas y muchos magos seguramente han llegado a ese caso, pero no es el caso mío precisamente... (Risas).

F.F.- ¿La obra de Valentín Malaver, por ejemplo...?

G.B . -Sí, sí, la obra de Valentín puede ser... En el caso mío yo estoy trabajando con volumen y hay momentos en que hay formas que están en el espacio, flotan. Claro, suspendidas a través de un hilo, a través de una cabuya. La idea es un poco esa ¿no?, crear una dinámica de sorpresa, de magia, de ilusión, de qué la gente se pregunte... ¿Cómo se sostiene un círculo en el espacio? ¿Cómo se sostiene ese punto, ese redondel, ese retablo? Eso es una manera de balance, de crear inquietudes, de crear dinámicas, de crear sorpresas...

F.F. -Usted tiene una serie de obras inspiradas en la mujer: Las Olidas. Son como cuerpos que danzan, atuendos o vestidos que arden y flamean...

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