POEMAS
Ramón Palomares
Paisano
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Juegos de infancia
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CULEBRA
Echando candela, metiéndose en los oídos, bebiendo sangre
allá está, calladita
dejándose arrastrar
y como vino entre el viento, allá está
en el cuarto donde se come los pájaros
-les comió las plumas y las alas y después las patas
pero la cabeza se le va a atorar
y va a comenzar a cantar a medianoche
y se va a mover por los espejos
y a agarrarse de la cabeza del diablo que está en los rincones
y a decir ay
porque esa culebra tiene muchos diablos
y el sol le cayó encima
y por eso anda por todas partes, mordiendo, mordiendo,
hasta que se lo lleva a uno al infierno.
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UN GAVILÁN
Se paró el gavilán y se quedó pegado en las nubes
y ya no pudo dar más vueltas
y le dijeron:
Ya no podés hacer más hilo, ya no vas a poder tejer el cielo,
entonces todas las flores que estaban se pusieron tristes
y comenzaron a secarse
y entraron caminando en una cueva
y se veía una fila de gladiolas que iban rezando
y cuatro coronas de orquídeas y rosas
y así se estaba quieto el gavilán allá arriba
viendo que las montañas se habían puesto negras
y que los ríos parecían urnas;
cuando llegó un gran viento y dijo a resoplar
y estremecía los árboles como si fueran ropa colgada
y bajaron todas las estrellas y se pusieron a hablar
y salieron volando las nubes y dando vueltas
brincando por las colinas
y las praderas estaban muy contentas y les brillaban los dientes de risa.
Entonces se desató el gavilán y se sentó en una silla a beber
y se emborrachó y dijo a cantar
y nombró a todos los que habían venido para ayudarlo
y le parecían las alas como lunas
y los ojos que tenía era el sol que se le había metido en la cabeza
y a él se le llamaba el gran tejedor
porque anudó todo lo que había y puso en el cielo un barco
que va nadando, nadando
enseñando todos los sueños.
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EL SOL
A Elisa Lerner
Andaba el sol muy alto como un gallo
brillando, brillando
y caminando sobre nosotros.
Echaba sus plumas a un lado, mordía con sus espuelas al cielo.
Corrí y estuve con él
allá donde están las cabras, donde está la gran casa.
Yo estaba muy alto entre unas telas rojas
con el sol que hablaba conmigo
y nos estuvimos sobre un río
y con el sol tomé agua mientras andábamos
y veíamos campos y montañas y tierras sembradas
y flores
cantando y riéndonos.
Allí andaba el sol
entre aquellas casas, entre aquellos naranjos,
como una enorme gallina azul, como un gran patio de rosas;
caminando, caminando, saludaba a uno y a otro lado;
hasta que me dijo:
Mi amigo que has venido de tan abajo
vamos a beber
y cayó dulce del cielo, cayó leche hasta la boca del sol.
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PATAS ARRIBA EN EL TECHO
A Adriano González León
Yo sé dónde se encuentra
dónde está cantando ahora y comiéndose las hormigas
el pájaro que vuela arriba de las nubes
el que sabe andar por los sueños.
Estaba acostado patas arriba en el techo
murmurando que tenía ganas de matar
y espantando los perros que se le venían del cielo
y escupiendo los tigres
y diciendo:
Yo sí que voy a pegarle a los perros que se me vengan
yo sí que no les tengo nadita de miedo.
Y con las enormes alas azules les daba y les enterraba cuchillos
y me llamaba a mí y me decía:
Ayúdame, ayúdame.
Entonces terminó
y se puso a meterse entre todas las nubes
allá, muy lejos, cerca de una laguna.
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ENTRE EL RÍO
A Edmundo Aray
Voy a entrar en un río
me quito la ropa y entro y le abro la puerta
y miro adentro de su casa
y voy a estar sentado en las sillas negras
y en los espejos;
cuando hable escucho qué dice y qué quiere
y cómo manda a todos y dice que se va a remolinear
y veré cuándo sus patas empiecen a despedazar la ladera.
Tomaré agua de su corazón y me beberé su cuello
y haré gárgaras y escupiré adentro
y en los ojos le pondré piedras y le quitaré los diamantes y los pedazos
[de oro
y de ojos le pondré unos gatos
y veré qué vestidos se pone y cómo hace para correr
y si está durmiendo le escarbaré a ver qué sueña.
Yo vi qué come el río y vi su mesa
y tenía platos como guayabas podridas y ganado muerto y casas
y todas las siembras que se llevó
y un hilo verde, muy verde, como un ángel.
Me estuve sentado viendo un gran campo que estaba debajo
y allí cantan todos y se ponían morados
hasta que se oyó una voz durísimo
y salieron iglesias y calles de las nubes
y todos corrieron
y comenzó el río a decir que se iba a morir.
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DE NOCHE
A mis hermanos
Atanasio, Laurencio y Leopoldo
Anoche estuve en una parte muy negra
volando sobre candelas
metiéndome en las casas y sentado sobre flores que les habían robado
[a los muertos.
Y me metía por las ventanas porque era un humito
y olía todo
y vi muchas mujeres que bailaban
y les caía agua y formaban una gritería y se reían
hasta que salí y cogí por una sabana
y entonces llegaron unas conversaciones:
-"Ay caray, tan bonito que estaba ese árbol con las guacharacas arriba
ay, y cómo le metieron una puñalada, ay, ay,
y aquella muchacha que estaba sentada en el zaguán".
Y como estaba blanca la luna,
como estaba blanca,
me fui para donde habían caballos a verlos relinchar
y a verlos en el chao para averiguar lo que tienen de noche
y si hablan y por qué parecen envueltos en sábanas.
Hasta que pasaron las doce y tenía que devolverme
y así fue que tuve que convertirme en piedrita
y echarme a rodar y rodar
y caer en un ventarrón, y así
hasta que pasó un borococo y de una vez me comió creyendo que yo era
[un ánima
y me fui por la noche entre su alma y
apareció un enorme mar
y quedé en el azul.
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EN EL PATIO
Pues me estuve entre las flores del patio
con las cayenas
gozando con las hojas y los rayos del cielo.
Aquí pongo mi cama y me acuesto
y me doy un baño de flores.
Y después saldré a decirles a las culebras y a las gallinas
y a todos los árboles.
Me estuve sobre las betulias y sobre las tejas de rosas
conversando, cenando, escuchando al viento.
Yo me voy a encontrar un caballo y seremos amigos.
Mañana le digo al sauco que me voy
hasta muy lejos, hasta allá donde están cantando los hombres,
donde corren los muertos y se entierran.
Yo caminaba por unos árboles, por unas hojas doradas
y me comía las estrellas, y me senté
y escuché la hierba alta y vi los ojos de una mujer
que brillaban como un diente
entonces arrojé una gran rama de naranjo
y todo quedó oscuro.
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Tierras de nubes
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EL NOCHE
A Oscar Sambrano Urdaneta
Aquí llega el noche
el que tiene las estrellas en las uñas,
con caminar furioso y perros entre las piernas
alzando los brazos como relámpago
abriendo los cedros
echando las ramas sobre sí,
muy lejos.
Entra como si fuera un hombre a caballo
y pasa por el zaguán
sacudiéndose la tormenta.
Y se desmonta y comienza a averiguar
y hace memoria y extiende los ojos.
Mira los pueblos que están
unos en laderas y otros agachados en los barrancos
y entra en las casas
viendo cómo están las mujeres
y repasa las iglesias por las sacristías y los campanarios
espantando cuando pisa en las escaleras.
Y se sienta sobre las piedras
averiguando sin paz.
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JUAN LEÓN
Metete vos en el caldo, Juan León,
Juan León
que no hay nadita qué comer,
que descasea la carne y la yuca y las alverjas,
metete en la olla y hacete humo
aunque sólo tengás huesos y pellejo y dos dientes de abajo
Juan León.
Olleta, cocélo bien,
cocélo que ya le vamos a echar sal,
con la candela sale el humito, por la boca
sale el humito.
-"Juan León:
Acordate cuando estabas por el monte
que cortates hojas de bijao,
que te metites por los zanjones,
ay Juan, te picó la mapanar,
no te pudiste parar más".
Andate por las montañas, humo,
por la cuesta de las canciones, humo,
por el cielo azulito.
Llevame humo,
llevame ruido de la candela,
llevate a Juan León,
nubecita.
-¿A qué te sabe el caldo?
Me sabe a muy salado, me sabe a piedras y a palo santo,
me sabe como a tierra, como a hoja de ocumo,
a leche de cambur.
Andá ve que el viento se llevó la troja.
Mirá que el sol se está comiendo los zanjones,
que la tierra se está cuarteando.
¿Como que se fueron todos los de esta casa?
¿Como que ya desaparecieron todos los corotos y el olor
de todos?
Dejáme ver, humo.
Dejáme ver, viento.
¿Qué se hizo la casa de Juan León?
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HUYENDO
Después que matates a tu hermano,
después que lo volvites cecina,
que te echates las tripas por el cuello y bufabas
después que se te hizo poco para quitarle pedazos
y darle más y más tajos.
"Hay que rezar la oración, hay que rezar la oración".
Y te volvites hormiga y cuando pasaban los guardias
te metías bajo las matas
y te volvías gusano y te subías
por las tapias
y las tapias estuvieron llenas de sangre y por la noche
brillaban
y se oían salir quejidos del monte.
Te fueron a buscar por los chaos y
te buscaron por el monte y
"Hay que rezar la oración, hay que rezar la oración"
y comenzaba a llover y se ponía todo
resbaloso, y se resbalaba la gente en los huesos de tu hermano y las
[costillas de tu hermano
que brillaban por la noche
sobre los cerros.
No comás hígado por estos días,
no comás tripas, no comás
sesos
no comás carne por estos días
porque te vas a comer el hígado y las tripas y los
sesos
de tu hermano
y te vas a estar con una espina de mapurite,
con una espina de mapurite clavada en la garganta, clavada en
la boca del estómago, clavada en la nuca, clavada en las vergüenzas.
Mira que el campanero repica y habla la boca de tu hermano
y que juegan baraja y se apuesta una pierna de tu hermano
y que bailan y toca la mano de tu hermano
y que silban y son los labios de tu hermano
y que muerden y son
los dientes de tu hermano.
Hasta que aparecítes,
hasta que te trajo el río,
hasta que después del aguacero te trajeron las aguas
y no tenías ojos.
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CAZADORES
Pasaron tres cazadores con escopetas,
a las cinco pasaron a esconderse,
cuando escandilen los zorros,
cuando encandilen al venadito
ya estará alta la luna.
Pasaron tres cazadores
con los ojos envueltos en violetas,
berro en la frente;
pasaron echando olor, suave olor
por el camino.
Saben muchas canciones,
si viene el tigre lo van a embobar.
Esperan que las perdices estén dormidas en la hierba,
esperan que el silbador traiga los venados
al bebedero.
Volvieron los tres cazadores,
volvieron al otro día,
pasaron con un tigre empalado
sobre los hombros.
Le echaron encanto por los ojos, le echaron
un lazo de seda,
lo rodearon de candela y le cantaron
y cayó muerto con plomo en la cabeza
esta mañana,
y la luna todavía estaba alta.
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ISMAEL
Sos el ánima de Ismael,
sos la rueda de candela,
sos la mujer de las tres gallinas sobre los hombros.
Te damos vueltas, te damos vueltas en la noche,
son las nueve pa date vueltas,
son las nueve de la noche, las nueve de los dobles fuertes por la noche,
las nueve pa que descanses,
pa que te metas en los árboles, pa que sacudas los aleros.
Ánima de Ismael
decí dónde están los cobritos, dónde pusistes la busaca,
dónde metites los cobres ánima de Ismael.
Donde alumbrés con más brillo,
donde mostrés un deslumbre de machetes,
donde corrás con un candil en la mano.
Te vimos llegar y te sentaste en el patio
y te quejabas.
Vos que sos un ánima, Ismael,
vos que nadás por la tiniebla,
te escuchamos.
A ver, a ver,
te vamos a dar el descanso, te vamos a dar
la rosa que lleves al cielo,
estrujaremos toda la tierra, Ismael,
romperemos la casa y la huerta y los potreros, Ismael.
A ver, Ismael,
decínos dónde está
antes que llegue la mañanita.
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HERMANOS
Los que andamos con el frío,
con la niebla, con el sol,
ay,
tenemos que comernos el valle,
tenemos que morder el enorme cedro y el algarrobo.
Allá viene silbando el que es sobrino de las nubes,
el que salta por los pastos.
-No vas a envolver el techo de los pobres,
no les quités la espiga del maíz
ni les asustés los caballos ni les despertés los muchachitos.
Y viene mi hermano el mojado
y el que tiene ojos fulgurantes y el roncador
y el furia.
Enroscando todo
nos vamos los hermanos,
ya cogimos los árboles y los tumbamos de cuajo
y no nos dio lástima los pichones ni las culebras que se criaban
y las florecitas que volaron.
Sé dirá que íbamos por la oscuridad y sacudimos nuestra plata
como los ricos,
esos que vinieron con mantos de noche
encabritando los ojos.
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PÁRAMO
Pasó la niebla por las cuestas,
tapó con su noche,
ningún pájaro se ve por los montes,
ninguna luz.
-Cantá por qué estás tan sola
por qué llorás,
por qué te metites donde estamos los tristes.
Cuerdita de la montaña, pájaro de los siete colores,
a quién le cantás,
a quién le decís de querer.
Allá está la que tiene un gran vestido,
se la pasa llorando,
se la pasa bebiendo de la montaña.
Echaron agua bendita
y se murieron las torcaces y dejaron
esterado de plumas todo.
Ay,
cuando estás cantando
todo se mueve, todo se vuelve
hacia donde cantas.
Te llamaré paloma, te llamaré miel,
te diré piedrita de río.
Cuerdita de la montaña, pájaro de los siete colores:
¿A quién le decís de querer?
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SOL
Ya vienes echando rosas, ya vienes abriendo oro,
ya te pusites los montes;
despertates las colinas y las matas de malva.
Gran perro que viene del Infierno
echando olas,
revolvé las nubes,
ponélas de pájaros, de caballos, de pueblitos
con los ramos de candela
de muy lejos.
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SOLITA
Después que pasaron las rozas, después que pasaron
me dejaron carbón y ceniza y los que estaban conmigo
murieron.
Vos que sabés cantar, que estás en las hojas del cerezo,
-Ponéte de niebla, ponéte de espuma y de riíto, decí:
"Vení de lejos, velo de lluvia,
llegá sol,
y con la cola sobá esas pendientes, tocá
las piedras moradas".
Ala de la neblina,
paloma tortolita,
decíle a los cantores, decíle a los que corren su boca por las ciudades,
decíles que me voy por la noche, por la medianoche me voy.
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RESECO
¿Y será que no se va a ir este polvo?
¿Y será que no se va a acabar este verano?
¿Y será que no se va a terminar de rajar el patio y de prendese los chaos?
Ay, Dios,
nos vamos a volver chamiza, nos vamos a volver piedra reventada,
nos vamos a volver purito carbón.
Y saliendo candela de las hendijas.
Que te reventás los ojos, que te los reventás
con ese sol.
Puro polvo, puro sol,
desde aquí hasta las vueltas del diablo, hasta
las candelas del Juicio.
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Gran leyenda
ABANDONADO
A Vicente Gerbasi
y Augusto Payares.
Ay, que no tengo un patio para asolearme,
que no tengo cuarto,
que no tengo ni una ventana;
yo que tenía tantos patios con limones,
tantos naranjos,
tantos zapotales;
que era rico, que tenía animales en casa,
que me acostaba en el café y me reía y me ponía rojo de reír
y me estaba bajo las matas oliendo el monte,
pero ya se me fue,
ya me quedé solito,
ya el sol me dijo que no.
-¿Y qué vas a hacer ahora? -me dijeron los gallos-,
ya nosotros nos vamos, ya te dejamos,
aquí no nos vamos a estar.
Voltié de la cama y miré
y me dijo la cama que se iba,
y quedé en el suelo y me dijo el suelo: -Me voy,
y quedé en el aire
y me dijo el aire: -No te sostengo,
y me quedé en los naranjos y los naranjos me dijeron:
-Nosotros nos vamos.
Yo que tenía tanta luz,
yo que me vestía con lunas
y tenía la fuerza en mi nuca.
Una vez me vi en las montañas como piedra encendida
y tenía coraje y vigor,
ay, que me metí en la niebla, que estoy apagado:
-¿Qué se me hicieron las casitas,
qué se me hicieron?
Yo tenía tanto ganado que se veía
como un pueblo
cuando llegaba,
y se veían montes en el polvo
y se entusiasmaban los días, y era que tenía
tantas casas que cada sueño lo vivía en una y no se me acababan.
Hasta que me fueron dejando
y fue esa luna roja, esa piedra negra,
esa rosa que me venía iluminando, iluminando.
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ABANDONADO
Malo, anublado, te sentís
en los puentes, echado y bajando y bajando
y escuchás un rosario:
-Vamonós Angel de la Guarda,
vamonós.
¿No podrás cogerme una flor?
Ponéme en la frente una ramita de eneldo,
echáme hortensias, echáme betulias.
Me han comido,
me trastornaron el cuerpo y me pusieron rabia en los dientes
y en el cuello esa culebra que se come los cuatro vientos.
Se cerró el camino con
cuatro puertas y cuatro
tapias negras y
cuatro mujeres de fuego.
No oigo ni las crecientes
ni cuando tocan allá por las fiestas,
ya no tengo más suerte, ya
se la dieron a otro,
me fui,
soy un rumor.
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ABANDONADO
Hasta que la cara me quedó como tierra pelada,
que no tuve cara,
que se me fue apagando la vista,
que se me fue deshaciendo la boca
y quemándoseme la lengua.
Me puse como una oscuridad
y rodé hacia las espinas entre el olor del naranjo
y me dolió mucho la espalda clavada y la nuca clavada
y me salía tristeza.
Y no era sino una lluvia
vuelto hilacha,
y olía como hoja podrida
vuelto los ríos,
vuelto la agüita que baja por los zanjones.
Me volví puro llorar, puro llorar
y lamentarme:
No me hagás más daños.
No me hagás como ropa que se remoja.
Y quedé enterrado debajo de la iglesia,
sonando.
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MUERTE
Te estás durmiendo
te estás terminando
echá la última rosa por la boca,
que viene tu cabeza por entre el agua,
que viene como entre espumas.
Escuchá la florecita que entraba por tu ventana
oí las palomas rozar tus orejas
aquí se está hundiendo tu casa.
Primero fuiste azahar y tela de matrimonio
y después agua
y después niebla espesa
y después lechada como la que se pone en las tapias.
Ya no ves el amanecer.
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MUERTE
Me metí por el canto del borococo,
me metí por su oscuridad, me fui donde sus plumas silban,
allí están echados sus perros
allí está su casa entre humo.
Me entré en la negrura,
y me fui
como un muerto me fui donde está la noche
abriendo las ventanas llenas de polvo
oliendo el moho
encontrando vestidos y flores.
Estas son tus piedras donde haces lunas
aquí te dan leche de tigra
donde los huesos brillan.
Estoy en la mata del sueño
en la sala de la casa,
mi cabeza ha crecido
se convirtió en nubes de aguacero.
Yo soy el que toca la noche,
ya te dije que me vuelvo árbol entre relámpagos:
-Vengo de lejos,
de más allá de las casas,
de más lejos que lo que se pierde en los montes.
Agarré mi vara y volví los ojos:
No andaría más por los zanjones,
no olería más la carne de asar,
ni la lluvia.
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MUERTE
Vas a poner tus pies en mi casa
vas a dejar tu bastón
vas a decir: ¡Hipa! ¿No hay gente?
Me toqué la frente y me encontré como vidrio
y miré mis piernas y vi dos torcaces negras en vez de piernas
y me fui nadando y me encontré en una música.
Yo vi antes este zaguán
que le cantaban al ángel
y escuché silbar por entre las cortinas
y me senté y puse cuidado:
escuchaba conversar, escuchaba la noche.
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BAILE
-Toquemos el valse.
-Aclaremos el instrumento.
No van a decir que olemos a azufre
Ni que tenemos rajada la garganta
Ni que dejamos el corazón
y no tenemos corazón
y no pueden ver que no traemos corazón.
Aquí venimos a tocar:
A las dos de la madrugada tendrán brasas en la frente,
a las dos y media tendrán brasas en los ojos,
a las dos y tres cuartos beberán sangre en vez de aguardiente, sangre,
y a las dos y tres cuartos cantarán
y a las dos y tres cuartos estarán girando,
girando a las dos y tres cuartos con un puñal,
con un puñal y una candela en la frente
y el sonido agitará las aletas de la nariz,
y ya irán a ser las tres,
las tres y el círculo estará muy estrecho,
muy estrecho a las tres, que casi llegan al centro,
y ella es una gallina que corre debajo del ala del gallo,
y ella se despliega y se le sube la falda
y tocamos arrequintando y dándonos gusto en el cambio,
dándonos gusto, dándonos gusto hasta
que él se vuelve un hombre rojo
y se mete en el pecho de los demás
casi a las tres, casi a las tres, antes que de la torre venga la campanada,
vuelto un toro se arrima debajo de ella
hasta que las criznejas se le deshicieron y le queda el pelo regado.
Y entonces pasa el viento caliente, el viento que quema el regado,
el que sube la mano armada,
el que hunde en la espalda muchas veces,
el que acaba, cuando las tres suenan y
se pierde el último rumor
en el charco desaparecemos
en el rojo desaparecemos.
en el caliente rojo desaparecemos
sin que nadie notara, notara
que olíamos a azufre
y que nuestra garganta estaba rajada
que no trajimos corazón, que vinimos sin corazón.
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BAILE
Te entró candela por los ojos
y espinas y pringamosa
y leche de muerte
por eso arderás siempre
pudriéndote
debajo de las piedras estarás podrido y ardiendo
después que sacates la daga y bebites de su espalda
como si te hubieras estado quebrando por dentro
acesando, acesando,
mugiendo de rabia.
Ya te vemos volver
vendrás echando espumarajos como puercoespín
con la lengua como trapo,
te detendrás sobre las lomas y gritarás
irás corriendo envuelto en azufre,
hijo sangriento,
te volvites miedo y borrasca que lanza chispas
azotando los guamos, golpeando los bucares
haciendo que las gallinas se asusten, que relinchen los caballos.
Cuando se prende el baile
estás de repente y vas a arrojar puñales
y pintas de rojo el suelo
como si fueras gran aguardiente.
Ya se perdió tu nombre, ahora te llamarán de otra forma,
con un ruido te nombrarán
con una seña dirán cómo te llamabas.
Detrás tuyo van los que te quieren ver
con la cabeza vuelta sanguaza.
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BAILE
He quebrado el sol
soy una baraja que brilla
por el cerro están mis estrellas.
Allí estuve una vez, riéndome
y me echaba el pelo en la espalda y cantaba
y todos se quedaban quietos y se quedaban
encantados.
Ha venido envuelta en fuego sobre las lomas;
vuela el quejido de su boca
y vuelan sus cantos y los embrujadores labios que estallan
en lirios de la noche;
de la medianoche a las tres, de la medianoche a las tres
fatales
de la madrugada.
Cuando el músico arrequinta el cuatro
y giran los pies
y la sala se quema.
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