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Milton Quero: la cotidianidad trascendente Rafael Rattia
Al escritor venezolano Milton Quero Arévalo (Falcón-Venezuela, 1959) le asisten extrañas virtudes humanas que en verdad no son muy abundantes en una nación de acentuados e inadmisibles contrastes terrenales. El artista absoluto que lo habita es lo más parecido a ese espécimen estético que ilusionaba Oscar Wilde para la humanidad en su poco leído tratado de redención espiritual titulado “El alma del hombre bajo el socialismo”. Para quienes no lo saben; siempre existirán, hasta el fin de los tiempos, personas que presumen de ostentar una vasta cultura y aún así no lo saben, Milton Quero es un creador genérico: actor de cine y teatro, narrador, ensayista, poeta y especialmente conocedor profundo de esa inasible cartografía subjetiva que el delirante espectáculo marabino que escogió como pequeña patria; más por el hechizo irredimible de la lengua que por el sulfúrico y vaporoso clima de cuarenta grados a la sombra del cují, tal como al mismo escritor le hubiera decir en uno de esos verso que le asaltan mientras cavila en la vigilia del relámpago atardecido.
Le lectura de su libro de poesía titulado: “Geografía Urbana” en la Colección El Aleph auspiciado por la Universidad Católica Cecilio Acosta en el 2004, es motivo de jubilosa celebración para comunidad de lectores que se niegan a lo que Jacques Derrida denomina con inobjetable acierto “la retirada de la metáfora”. Siempre será grato conocer un espacio ( topos terregnum) urbemático por sus rasgos y características socio-simbólicas y por su imaginario representacional, por las réplicas mentales que suscita tal especio que conocerlo por los indicadores empíricos que le son propios. Es de sabios asir la cotidianidad que nos rodea y dársela a los lectores en palabras polisémicas y multireferenciales; aunque estas palabras sean tan socorridas y manoseadas como: Basílica, Lago, Gaitero, mialma, Caimare, toiticas, y tantas expresiones surgidas de los socavones del espíritu de la zulianidad sin apellidos. En el inmortal poema “Adiós a la Patria” de Rafael María Baralt (1810-1860) se puede leer en sus primeros versos:
“¡Tierra del sol amada, donde, inundado de su luz fecunda , en hora malhadada, y con la faz airada, me vio el lago nacer que te circunda! Milton Quero, en su “Geografía Urbana” en su memorable poema titulado “El último poema” nos dice:
“Cuando al fin esta ciudad ya no exista. Cuando se extinga como una vela de capilla (…) Entonces, sobrará el gaitero y el fecundo lago ”. (pág.17) En este libro hay mucha evocación memoriosa. Recuerdos que recuerdan otros recuerdos y así sucesivamente van obsequiándonos asombrosas cadenas sintagmáticas que producen singulares efectos en la psique del lector que tiene la fortuna de transitar por las excelsas páginas de esta geografía sin mensura. El Lago de Maracaibo es un ícono trascendente que signa la riqueza temática de la poesía de Milton Quero. La tercera orilla del Lago está representada en el amor incontenible del poeta por su amada: Así el escritor nos hace cómplices de un hipotético final amoroso de esa aventura propia del corazón de la especie. Veamos:
“Cuando me dejes cuando al fin la pasión de la saliva no sostenga ya tus labios y los míos me iré al ubérrimo Lago donde veré, entre otras cosas la marca del brassiere en tus dos hombros. ¡Canal de navegación de la memoria!
Mucha nostalgia atraviesa las páginas de este excelente libro de Quero Arévalo. Desde un cumpleaños intencionado por el poeta hasta una ruptura amorosa van conformando una herida ontológica que sumerge al creador en estados emotivos de sui géneris condición erótico-afectiva. Un elemento que llama poderosamente mi atención es que el poeta no se abstrae ni va en busca de antiguos referentes culturales de Occidente para edificar su ecclesía verbal: antes bien, su vigoroso don de observación nos toca a la espalda del lector y nos conmina a prestar atención a las marcas socio-antropológicas que nos constituyen en tanto especificidad lingüística y comunidad de habla ostensiblemente diferenciada por particularices léxicas e idiolectales. La soledad y el desamor hilan esta red de semantemas, esta malla zurcida de sememas estrambóticos que repentinamente asaltan la sensibilidad del lector. ¡Cuánto lamento que un libro imprescindible como Geografía Urbana haya tenido un tiraje de tan solo 500 ejemplares! Cómo quisiera que este poemario fuera leído por millones de venezolanos, pero tal parece ser el destino de la poesía en épocas anémicas y desoladas como este presente aciago de inciertas promesas colectivas. |