Para leer la poesía de Julieta León
Rafael Rattia

El Jurado examinador de la XV edición de la prestigiosa Bienal de Literatura “José Antonio Ramos Sucre” realizada en Cumaná, Estado Sucre, el pasado año, galardonó a la escritora caraqueña Julieta León quien envió un hermosísimo poemario que ahora llega a mis manos con el sugerente título de “MALL”.

No tengo la menor duda: Julieta León no necesita del reconocimiento de jurados calificadores ni del otorgamiento de premios literarios para instituirse entre el vasto universo de lectores de poesía del continente hispanoamericano como lo que auténticamente es ella; una genuina poeta dueña de una singular propuesta estética verbal de hondas resonancias líricas que testimonia el vivir agónico de un tiempo, de una epocalidad, de una civilización supeditada al dominio de la reificación fetichista de la mercancía. Julieta León, a través del poema impecablemente escrito, con una impoluta sintaxis escritural, rasga el velo dosificador del imperio simbólico que ejerce el enfermizo consumismo desquiciador de la sociedad del valor de cambio sobre sus desamparados y enajenados habitantes.

La escritora se vale de unas 115 páginas insuperablemente concebidas y mejor escritas para recrear con asombrosa originalidad antiguos mitos griegolátricos y obsequiarnos a sus lectores una visionaria versión del inagotable mito de Ariadna y el Minotauro. Arquitectónicamente el libro está ordenado en forma de trípode textual; tres cuadernillos legatarios de las nominaciones que ideara el más grande escritor florentino, Dante Allighieri: Infierno, Purgatorio, Paradiso.

Quiénes integran el país de la poesía de Julieta León en esta novísima experiencia textual-bibliográfica son seres cuya normalidad nadie discute: “Banqueros prostitutas mendigos malabaristas rateros estafadores adolescentes niños amas de casa proxenetas enfermeras locos Ansiosos Aguardan la llamarada del infierno” (pág 13)

Las más insospechadas antípodas cohabitan en este magistral itinerario literario que nos “revela aspectos (cruciales) de las sociedades contemporáneas con su desenfreno consumista, los mercados del deseo y de la carne y la soledad del hombre en los templos del comercio”.

Del mismo modo como la experiencia del grupo “Guaire” con Luis Pérez Oramas, Leonardo Padrón, Nelson Rivera, Armando Coll, Barrera Tyszka, Javier Lasarte y Rafael Arráiz Lucca izaron las banderas de un realismo crítico (llamado por otros “realismo sucio”) en una época de profundos y vertiginosos cambios urbanos; de igual forma, pero esta vez como una “vox clamans” en el desierto, la autora de “MALL” hace una requisitoria mental a modo de réplica cultural de los fundamentos legitimadores de la sociedad mercantil y sus corolarios inmediatos: el intercambio simbólico del valor de cambio en el contexto de la circulación de la mercancía. Debo insistir en un rasgo constitutivo que realza y distingue los enunciados propositivos de esta proclama lírica de Julieta León: el único compromiso que exhalan los textos vertidos en este libro de León es aquél que postula la afanosa búsqueda de cotas de excelsitudes léxicas en los rutilantes versos que van enhebrando cada página de este compendio de magnificencias lingüísticas que se producen desde estas aceras del orbe de habla castellana. En las densas composiciones poéticas de esta creadora no se vislumbra ni siquiera un ápice de poesía ideologizada; ni pretensión alguna de campaña militante doctrinarista en aras de confundir a los lectores. Lo juro, por lo más sagrado, nunca en los años que tengo dedicados a la lectura de poesía venezolana, -y mire el lector que son legión- me había topado con una reliquia literaria de tan aquilatada excelencia verbal. Por las páginas de este extraño y conmovedor libro de León transitan muchos libros, mucho vino escanciado en la ebriedad de la duda y el impasse filosófico. Como bien dice su autora: “muchas almas bajadas al Tártaro”. Todo el libro es una fiesta de perturbadoras imágenes transubtanciadas y recreadas por una febril e irredimible imaginación poética que la escritora no oculta pero tampoco ostenta con indecencia.

No sabe el lector cuánto admiro en la autora de “MALL” esa pasmosa capacidad de metamorfizarse, de trocarse en la radical otredad para reconocerse en la identidad múltiple del semejante otro.

“Son ignorantes quienes nos insultan
y nos llaman maricas
fucsias pargos

nosotros
somos hijos de Hermes y Afrodita”
(pág. 23)

Un desconcertante inventario de saldos se va quedando en los sedimentos culturales del lector que tiene la fortuna de leer este último libro de Julieta León. Iconos indelebles extraídos de los siglos esplendentes y envidiables de la cultura griega antigua reaparecen en este libro con la “familiaridad” de un adjetivo: chulos, proxenetas, traficantes, timadores, banqueros, políticos recién vestidos y demás alimañas de inimaginada pelambre confundidos entre el dolor, el odio, el rencor, la vergüenza, la rabia y hasta el desamor. La poeta rompió los moldes de la escritura estéticamente correcta y traspasó el umbral de las prescripciones instituidas para marcar una huella significativa de no poca trascendencia en la historia de la poesía venezolana de los últimos veinte años.

¡Al fin una estrella ilumina el oscuro firmamento de la literatura nacional! Y ello muy a pesar de tanto fasto oficial premeditado para recompensar fidelidades de poetas cansados y empantuflados repantingados en su mecedora contando dólares provenientes del superavit nacional.

rattia01@cantv.net




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