LAVORARE STANCA
(Trabajar cansa)

JUAN GUERRERO

 

A Bárbara Lezama ,

Por su esplendor de vida en la mirada.

Uno de los textos poéticos de Cesare Pavese (Italia, 1908-1950) se refiere al cansancio de la vida y de eso que desde hace algunos siglos se ha dado en llamar trabajo . El título de este artículo se toma de uno de sus más hermosos poemas. En él se describe la soledad de un hombre que deambula por una plaza vacía buscando en su silencio, la mano femenina que señale de nuevo la vuelta al hogar abandonado. También ese mismo título agrupa una selección de poemas. De ellos apenas se mencionan acá unos versos de un texto (Paisaje III):

(…)

“En la noche la tierra ya no tiene más dueños,

sólo voces inhumanas. El sudor no cuenta.

Cada planta tiene su propio sudor frío en la sombra

y no hay más que un campo, para nadie y para todos.” (*)

Como Pavese, también otros seres humanos han estado ejerciendo un oficio de vida que es posiblemente el antecedente más completo de lo que hoy conocemos como trabajo. Del latín “tripalium” , trabajo refiere a los aparatos usados en las caballerizas. Su uso derivó más tarde en el esfuerzo físico que los individuos ejercían y que de ese esfuerzo obtenían una recompensa. Sin embargo desde los primeros tiempos y por siglos, el hombre ejerció un oficio de vida que era siempre más completo y que en su práctica, colmaba de satisfacciones el sentido de la existencia en los seres humanos. De esta manera pueden mencionarse a grandes hombres de la humanidad, quienes ejercieron sus oficios de vida de la manera más honesta y justa. ¿Quién duda hoy de los aportes que el maestro Jesús brindó a la humanidad, y cuyo real y verdadero oficio era el de usar la “palabra” para justificar su existencia, más allá de ser descendiente de una de las familias de los sectores sociales más apreciados y respetados, como lo fue el de los artesanos carpinteros?. Lo mismo ocurrió con Pitágoras, Sócrates, Mahoma, Buda, y cientos de miles de seres cuya única función en la vida ha sido la de ejercer como oficio de vida La Palabra.

Cuando se ejerce un oficio de vida no existe sentido de trabajo ni tendencia a la percepción de “hecho” ejercido por necesidad de sobrevivencia económica, impuesto por presiones sociales, políticas o militares. Se ejerce por voluntad propia, por elección de vida, sin esperanza de la retribución de nadie ni de nada. Por eso un “oficio de vida” trasciende el sentido del trabajo por el trabajo en sí mismo (per se) alienante y enajenante, como esfuerzo casi siempre físico que desgasta hasta el alma y empobrece a todo ser humano.

Cierto que los tiempos han cambiado. También las sociedades y el ejercicio del movimiento físico del hombre en función de la obtención de una gratificación por lo que hace, en sus mejores destrezas y habilidades, para devengar la sal (salario) que le permita darle gusto a lo que cambiará para sobrevivir. Pero esta obtención jamás le otorgará alimento a su alma más allá de una pasajera tranquilidad que se disipa cada mañana al mirarse al espejo y verse en su realidad de ser humano intrascendente, cuya razón de existencia es vivir para trabajar. La semántica de lo que se denomina “oficio de vida” permanece inalterable en el tiempo, vinculada siempre a vocación de servicio y sentimiento solidario de dar, ofrecer sin esperar retribución alguna de nadie. Por ello el maestro Jesús menciona que “tu mano izquierda no vea ni diga lo que hace tu mano derecha”.

Cuando se ejerce el oficio de la palabra, tanto oral como escrita, se practica constantemente la ética y la estética sobre las cuales se han erigido todas las civilizaciones. No es posible entender el advenimiento de los nuevos tiempos sin haber tenido procesos de pensamiento, donde el hombre pueda entender que la palabra es esencialmente fundadora de lo que somos hoy los seres humanos: constructores de utopías que se han estado estructurando en nuestras memorias y que sólo la palabra ha podido esclarecer y posteriormente devenir en objetos tangibles.

Ejercer un oficio es siempre fundar mundos posibles, mientras el trabajo es la ruta secundaria que perpetúa en su hacer (homo faber) la plenitud de lo iniciático en el “homo sapiens”.

De esta manera, cuando se entiende el valor de un oficio de vida se hace consciente la importancia que tienen los creadores en toda sociedad. Por ello el respeto que merece todo ser que se atreva a pensar el mundo y fundar en sus palabras la realidad primera y última de lo que siempre seremos como emoción de una existencia que siempre permanece en los bordes de una piel húmeda que nos espera en el hogar, después de haber ejercido nuestro oficio y prefigurar en un ejercicio posterior, llamado trabajo, lo que nos servirá para ser dueños de nuestro destino.

(*) La traducción me pertenece.

 


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