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libros y otros domingos Abril es un mes extraño, si existe alguno con tal suerte; es un mes oscuro para la historia contemporánea de Venezuela, un mes que lo reclama Joaquín Sabina como robado en la posada del fracaso, "donde no hay consuelo ni ascensor"; es un mes que "recogió" la vida de tres grandes de la literatura universal. Se llevó a Miguel Cervantes y Saavedra, a William Shakespeare, y a El Inca Garcilaso de la Vega. En su memoria se celebra el Día del Libro, y como para mí las fechas son tan importantes como el ticket de los peajes me quedo con el regocijo de la lectura. El domingo, sin embargo, me haré cómplice de la dictadura del almanaque; y es que la sola mención y coincidencia de un mes tan sangriento como abril, poético como el mismo, y tan coincidente en la partida final de estos grandes de las letras me invitaran al volver la mirada a la biblioteca para hojear ese libro que espera ser leído y los otros, los más numerosos, que esperan por una relectura. Y es que aquí me sucede como a Jorge Luis Borges para quien era más placentero releer que leer. Lo dijo Medardo Fraile, escritor español, en entrevista concedida al diario ABC de España, a sus 81 años de lucidez. Y dice bien este Fraile sin sotana; revelarse es un destino para quienes ven en el pensamiento único la trampa que le rompe el cuello a la diversidad. Nadie tiene derecho a imponernos un modelo ni a venderse como elegido, y si lo hace debe estar consciente que puede morir crucificado. |