JUAN JOSÉ MILLAS

 

 

¡Viva el ruido!

Conviene repetirlo cuantas veces sea necesario, porque se trata de una verdad objetiva, documentada, demostrable, y a la que están intentando enterrar bajo cantidades industriales de basura: Aznar negoció con ETA; Aznar admitió la política de excarcelaciones; Aznar se refirió a ETA llamándola Movimiento de Liberación Nacional Vasco; Aznar repitió en multitud de ocasiones que, si se daban las condiciones precisas, sabría ser generoso con los terroristas (los liberadores de la nación vasca); Aznar pidió paciencia a la población, ayuda a la oposición y discreción a los políticos. Fue atendido en todas sus solicitudes. En el primer encuentro entre Zapatero y Aznar, tras ganar aquél el congreso de su partido, el nuevo jefe de la oposición le dijo: "Nada me haría más ilusión que ver el final del terrorismo siendo tú presidente del Gobierno". En coherencia con esa declaración, Zapatero jamás le interpeló sobre tales asuntos en el Congreso ni fuera de él. Nunca manifestó desacuerdo alguno con la política antiterrorista del Gobierno. Ni siquiera el 11-M, con doscientos muertos sobre la mesa, le reprochó que no hubiera convocado urgentemente, como habría exigido la lógica, una reunión de Pacto Antiterrorista.

Tampoco le echó en cara que Aznar convocara por su cuenta la manifestación del día 12, ni que decidiera el lema de las pancartas. Por cierto, que el Pacto Antiterrorista, propuesto por Zapatero, fue objeto de burlas durante algún tiempo por parte de Rajoy. Aún no ha explicado por qué un día dejó de reírse y lo firmó.

Lo que acabamos de describir sucintamente está en las hemerotecas. Si a usted le da pereza salir de casa, puede bucear por internet y comprobará que el panorama que se le acaba de describir corresponde punto por punto a la realidad. Si Aznar pactó, prometió generosidad y llamó a los asesinos liberadores de la patria públicamente, no queremos ni imaginar lo que hizo en la intimidad, puesto que su capacidad para humillarse a cambio de poder no conocía límites. ¿Y qué hace ahora Rajoy, su heredero psicológico, ante la posibilidad, anunciada por Zapatero, de que podríamos estar ante el principio del fin de ETA? Cabrearse. No lo soporta, pero como carece de argumentos limpios para oponerse a lo que él mismo intentó (y por los medios descritos), lo hace a base de basura. ¿Qué fue de aquel tipo del que se decía que tenía sentido del humor, que era irónico, culto, sagaz, preciso, inteligente? No tenemos ni idea, porque el Rajoy actual se mueve con un vocabulario atropellado de 50 términos (los hemos contado). "El inglés con mil palabras", reza un anuncio de la radio en el que se asegura que usted podrá entenderse en ese idioma manejando sólo un vocabulario de mil palabras. Pero una persona que utilice mil palabras es, en relación a Rajoy, que sobrevive con cincuenta (muchas de ellas meros insultos), de una cultura sin límites. Quizá para ser jefe de la oposición no se necesite más, sobre todo si uno ha decidido regresar a las cavernas. El otro día pescaron a un conductor a 260 kilómetros por hora en una carretera que une Burgos con León. No es que el hombre tuviera prisa, es que no tenía sentido común ni límites ni ver- güenza. Algo así es lo que le pasa a Rajoy, que va a 260 kilómetros por hora sin que nadie de su entorno le diga que levante el pie del acelerador. Por eso mismo, se ha pasado siete pueblos, o dieciocho.

El otro día dijo que estaba dispuesto a debatir con Zapatero en la televisión sobre la política antiterrorista. Le faltó añadir el programa en el que hacerlo, pero por el tono empleado nos inclinamos a pensar que se refería a Salsa Rosa, Aquí hay tomate o Gran Hermano. Este hombre, que en la última campaña electoral (cuando hay que debatir) se escondió cobardemente en Génova, invita ahora a su presidente a sacar las vísceras del Estado y hacer con ellas un programa basura para la tele. En el fondo, es muy coherente con su actitud general, pero no sería sensato que el Gobierno aceptara un reto de esa naturaleza. Eso lo entiende cualquiera, cualquiera cuyo vocabulario básico incluya más de 50 palabras.

Así están las cosas. Mientras tanto, se ha desatado una rara campaña contra las putas, como si las putas fueran un invento de ayer mismo, cuando la prostitución es un negocio que se pierde en la noche de los tiempos. Lo curioso es que si uno se acerca sin prejuicios al fenómeno, comprobará que donde más se practica el lenocinio no es en la calle, ni en los burdeles. Con frecuencia, la prostitución se lleva a cabo en salones con lámparas de araña, frente a auditorios con corbatas de seda. Pero mientras creamos que las putas son los otros, podemos continuar haciendo barbaridades, perpetrando indecencias, propagando obscenidades. Viva el ruido.

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