DOS CUENTOS CORTOS

Aracelis Matamoros G.

 

Francisco Machete

Contaba Francisco alrededor de 57 años, alto, elegante, de muy buen porte. El apodo de Machete se lo había ganado porque constantemente se jactaba de acostarse con cualquier mujer que él decidiera, según el mismo expresaba: Donde ponía el ojo ahí seguía el Machete. De voz fuerte y varonil, principal orgullo de su otrora juventud, ya que gracias a ella se ganó la vida como locutor durante muchos años, ah!, y no solo como fuente de sustento, también le atrajo la admiración de muchas jóvenes de la época, las cuales caían rendidas ante su masculina y portentosa voz.

Hijo mayor de una familia que rendía culto al machismo gracias al modelaje paterno, era frecuente escuchar de manera muy graciosa que el padre había embarazado a la muchacha que ayudaba en la casa cuando la madre se encontraba en el puerperio inmediato, o que el primo fulanito no era tal, sino que era hermano, y eso sólo lo sabían la madre y su hermana por supuesto. Fue creciendo nuestro galán en ese medio de machos, machotes, mujeriegos, cual canción mexicana, se hizo hombre y como es de esperar no podía menos que tener de a tres y cuatro mujeres, las embarazaba y a pesar de hacerse responsable, hasta cierto punto de la manutención, de los niños, no les brindaba afecto, mucho menos a las infelices que se creían sus baratas historias de amor. Así fueron muchas las mujeres que tuvo, y muchos los hijos también.

Continuo por la vida con sus afanes de gran conquistador, lo que llamaba la atención es que ninguna de las parejas le duraba demasiado, y como pueblo chiquito, infierno grande, a los años comenzó a correr la voz que nuestro insigne semental era un eyaculador precoz, esto de alguna manera explicaba su incapacidad para mantener una pareja estable. Transcurrieron los años, al fin logró quedarse con una mujer, a punta de golpe y porrazos tenían ya cerca de diez años juntos, ella le parió 2 hijos, se hacia la desentendida con respecto a los deslices cada vez mayores de su marido, total lo importante para ella era lograr cierta estabilidad económica y le tenia sin cuidado la vida sexual de su esposo.

Un buen día, el Machete no se presentó en casa, transcurrió una semana y nada, comenzó a invadir la alarma en toda la familia. Buscaron en jefaturas, hospitales, morgues y hasta especularon sobre presuntos enemigos políticos, crimen pasional, venganza estudiantil, ya que el susodicho se había convertido en profesor universitario y según contaban era muy estricto.

Nada de nada, a Francisco se lo había tragado la tierra, ni vivo ni muerto, aparecieron avisos en radio, prensa, televisión, en Internet, y silencio total. Con esta misteriosa e inexplicable ausencia trascurrieron 3 años, uno de sus sobrinos mayores hizo un viaje de negocios a Holanda, al regresar, presuroso convocó a todas la familia en pleno, con el fin de informar acerca del paradero de Francisco el Machete, para que se quedaran tranquilos, que estaba vivo, sólo le pidió que no lo buscaran que había encontrado su verdadero camino, para lo cual envió una breve carta que rezaba:

“Querida madre, apreciados hermanos, hijos y parientes, pido disculpas por haber desaparecido de una forma tan cruel, sin avisarles, sabiendo el dolor y la preocupación que habría de causarles, pero me agoté de tanto aparentar, en una de mis ultimas clases conocí a un joven hermosísimo, que me ayudó a descifrar el enigma de mi vida, me ilumino en la verdadera esencia de mi ser, me libró del sufrimiento y de las apariencias.......señoras y señores SOY GAY... y a mucha honra...para que no quede alguna duda al respecto les envió unas fotos. (En las mismas se veía a Francsico Machete vestido de mujer, depilado, maquillado, con aretes) ah!!!!!! y a mis hermanas un consejo: Mosca, que hay mucho macho con el machete mocho…

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La Nochebuena de Pamela.

Sentada esa tarde víspera de nochebuena, se encuentra Pamela en un café cualquiera de la gran ciudad, escuchando la cháchara incesante de sus amigas, Carla, Rose y Lucia. Tenían bastante tiempo que no se reunían, por lo tanto era menester actualizarse en los acontecimientos de las respectivas vidas.

Carla de 43 años, hermosa, alocada, y adicta al ejercicio, contaba las aventuras con su nuevo amante 15 años más joven que ella, relataba las delicias de un hombre incansable e insaciable como ella, en fin era su instructor de aeróbic, y no sería justo dejar de no comerse ese caramelito, ya que su flamante esposo de 58 años presidente de una gran corporación se la pasaba viajando por el exterior, aun cuando satisfacía todos sus caprichos materiales, para los carnales nunca había sido muy diestro, eyaculador precoz desde la juventud, nunca se preocupó en buscar ayuda, cada vez que ella se lo proponía se sentía ofendido, ante esto, con los años Carla optó por tener amantes jóvenes y divertidos, sin tocar nunca más el tema con su marido.

Rose, 45 años, emocionada porque se había hecho las tetas, la lipo y le habían subido las caídas nalgas, se operó con un plástico de moda en aquellos días, con la esperanza de que Fausto su adinerado esposo dejara de andar tras las carajitas en busca de tetas duras y nalgas firmes, todavía no se atrevía a desnudarse delante de él pues su cuerpo maltratado, lleno de moretones, y cicatrices le tumbaba el palo a cualquiera.

Lucia 40 años, divorciada desde hacia 6, liberada, promiscua y feliz como se autodefinía, describía con lujo de detalles las características anatómicas, y sexuales de sus amantes según el país de origen, ya que como editora de una afamada revista internacional viajaba continuamente y disfrutaba en cada sitio de las delicias que podían brindarles sus ocasionales e innumerables amantes.

Y Pamela 47 años, casada desde los veinticinco con un gran empresario de la ciudad, socióloga, profesión que nunca ejerció pues prefirió las lides de la maternidad y el cuidado de los hijos, en la comodidad de un matrimonio que le otorgaba todas las ventajas económicas y sociales de ser la esposa de un importante personaje. Sus hijos ya grandes y universitarios estudiaban en el exterior, aun cuando llevaba una relación de pareja bastante aceptable siempre tenía el vacío de la falta de vida propia, se auto recriminaba su dejadez por no haber ejercido su carrera, ya que a decir verdad nadie se lo impedía y esa tarde afloraban en ella pensamientos y recuerdos de su época de luchadora social en la universidad, aquel novio ñángara de su juventud, que encarnaba al hombre diferente, recordaba con nostalgia sus clandestinas reuniones, sus disertaciones políticas, estudiando y leyendo a Marx, los apasionados revolcones con su Carlos en las extensas gramas de la universidad central, cuantos sueños de la nueva sociedad quedaron atrás, al terminar los estudios y darse cuenta que la vida diaria era otra cosa. A los 24 años conoció a Jhon, apuesto, rico, atento, espléndido, deslumbrada ante tanto lujo y etiqueta mandó al carajo a su novio comunista, a las reuniones, y a todas esas guevonadas, como le decía su padre, que no fuera pendeja y aprovechara esa gran oportunidad, y como en realidad le gustaba el tipo no seria muy difícil, en fin avizoraba una vida segura y predecible, con una rutina establecida, que si bien no la definía como demasiado intensa o feliz, tampoco era desgraciada, uno que otro “cachito” eventual a Jhon para salir un poco de la monotonía del matrimonio, según su teoría los cuernitos de vez en cuando oxigenaban la relación y la fortalecían.

No obstante, Pamela contemplaba la comparsa navideña que evidenciaba el contraste de nuestras grandes ciudades, pasaban cargados de juguetes y costosos regalos algunos padres orgullosos, de aspecto elegante, muy bien vestidas las mujeres con la última moda en ropa casual, compartiendo espacio con otros de aspecto muy humilde que con sus negritos y mal alimentados niños insistiéndole que no se antojen de nada porque no hay plata, en una esquina deambula una indígena cargando en su espalda a su hijo desnutrido, mendigando unas monedas, algunos les dan sin verla a los ojos, tal vez para aliviar la culpa de esta época de “amor y reconciliación”, como fondo musical del gran centro comercial se escucha insistentemente el villancico: Noche de Paz, desvía la mirada hacia otro ángulo, se encuentran sus ojos con los de una recogelatas, con signos evidentes de ebriedad o tal vez de drogas, curiosamente son hermosos, negros, profundos, surcados por una gran cantidad de mugre en su cara, algunas señales de envejecimiento prematuro, para ella no había estéticas, ni cuidados de la piel, ¡cuanto le decía aquella mirada!, tal vez en algún momento tuvo sueños como los tenemos todas, quizás le fueron arrancados en la niñez tras el abuso de un padrastro borracho o de algún sádico de la calle, sintió una gran tristeza, que pasaría por aquella cabecita ahora desgreñada y aturdida?, sin querer recordó sus años de supuesta luchadora social, que ironía, ahora estaba del otro lado, del de la burguesía tantas veces criticada en su juventud, ante la sorpresa de sus amigas se levanta y se dirige a la mujer, tendría alrededor de 30 años, delgada, de tez morena quizás tostada por el sol inclemente y cubierta por una extensa capa del hollín de la ciudad, con un gesto de amabilidad se acerca con la intención de tratar de conversar y de darle dinero, observa mucho dolor en sus ojos, en los brazos grandes hematomas, raspones en las piernas y la marca de una soga en el cuello, tratarían de ahorcarla?, se acerca más ante la mirada atónita de la mendiga quien no esta acostumbrada a la proximidad de nadie salvo para hacerle daño o tirarle desde cualquier vehículo alguna limosna, Pamela extiende su mano en señal de amistad preguntándole por su nombre, como un animal asustado acostumbrado a llevar palos se va retirando, con cierto temor evidencia Pamela una mirada que reflejaba pánico, le insiste en que no va a hacerle daño, la pobre criatura con los ojos desorbitados en un gesto de defensa imaginario saca un puñal y lo clava en el muy bien formado abdomen de Pamela quien cae sangrando profusamente, se detiene una patrulla policial, ante la presunta huida de la pobre mendiga uno de los policías saca un arma y le dispara cayendo instantáneamente su cuerpo al lado del de Pamela, las trasladan a las dos al centro asistencial mas cercano, ambas ingresan sin signos vitales.

Al otro día los periódicos ofrecían un titular: “Abatida a tiros peligrosa delincuente tras haber robado y asesinado en plena vía pública a la Sra. Pamela Ríos de Meyer, esposa de prestigioso empresario de esta ciudad”.


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