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REMIENDOS  
por Pedro Suárez

Un tal Clemente Scotto


El alcalde de Caroní es un tipo carismático, de sonrisa fácil y contagiante alegría; el que lo conoce sabe que gusta de la poesía, es amigo de los libros, que se interesa por la historia, que habla francés e italiano, que va al cine con frecuencia, que cita con facilidad el pensamiento del filósofo de la historia Arnold Joseph Toynbee, y que ha tenido la fortuna de ser alcalde de Ciudad Guayana por dos veces.

 Sobra decir que el tal Clemente -el tratamiento que le doy parafrasea el titulo del libro Un Tal Lucas , de Julio Cortazar- me cae bien; pero me cae mejor la ciudad que gobierna. De allí que uno se desconcierta cuando lee que Clemente manda a los Bomberos, para mí los auténticos héroes modernos, a curarse en los módulos de Barrio Adentro. Y no es que eso sea malo, pero si Lina Ron describe un periplo que la lleva del Hospital de Clínicas Caracas a un sanatorio de La Habana, uno supone que hay dolencias a las que Barrio Adentro no puede atender.

 Más allá del "traspié" bomberil, insisto, me interesa la ciudad que gobierna Clemente; Ciudad Guayana, a mi juicio, es un tubo de ensayo donde pudieran conjugarse las mejores ideas en torno a proyectos que traspasen las fronteras retóricas de eso que llaman calidad de vida; esa entelequia, según un deslenguado amigo, que sólo sirve para que burócratas de carnet escondan sus ineptitudes y falta de planes.

 Por eso extraña no ver a Clemente liderando la búsqueda de soluciones al gravísimo problema del transporte urbano, en su primera gestión inició una experiencia con Tucaroní que, de lejos, es más digna que las actuales 'perreras' donde los guayaneses sufren las penurias de ir a sus trabajos. Quisiéramos verlo al frente de los proyectos que lleven agua potable a los barrios y urbanizaciones de San Félix y Puerto Ordaz; por qué no saberlo rector de una política que impulse, desde lo micro, el desarrollo de las empresas aguas abajo; qué nos impide el reclamo de escuchar su voz sobre el tema medioambiental; acaso es descabellado pensar que Ciudad Guayana se convierta en el epicentro del desarrollo sostenible de Venezuela; por qué debemos aceptar que el problema de la basura no tiene solución.

 Se conocen experiencias exitosas de ciudades y municipios que supieron encontrar el camino correcto. En Colombia, tenemos el caso de Bogotá donde Antanas Mokus, y otros alcaldes lideraron la solución de problemas como el ordenamiento urbano, la inseguridad, y la convivencia; en Brasil se han experimentado proyectos que han sacado a ciudades, concretamente a Curitiba, de la pobreza y el subdesarrollo para convertirse en modelos de gerencia pública.

 Es posible que yo esté sobrevalorando a Ciudad Guayana como un polo de desarrollo que tiene todas las de ganar; quizá sea exagerado al suponer que la solución está en las manos de una sola persona. Si es así, me corrijo inmediatamente. Entonces, debo decir que Ciudad Guayana requiere de la participación de todos; que exige un amplio debate que enamore y congregue porque, y de esto sí estoy convencido, hay pocas ciudades en Venezuela que ofrezcan lo que ésta tiene para convertirse en la primera ciudad de Venezuela.

 De suerte, Clemente que tienes toda para botarla de jonrón, y no sé, siento que andas como extraviado. No me gustaría que perdieras esta oportunidad. La ciudad está allí, no está dormida, su fuerza es tan exagerada que se mueve sola pero pudiera trepar alturas si sólo la colocáramos en la perspectiva necesaria.

 Ahí la tienes Clemente. Este no es un reclamo, es que van catorce meses. Cualquier cosa, acepto un café para que, de pana, me cuentes sobre estas cosas. Nos lo podemos tomar desde una terraza donde la ciudad se vea al fondo.