En el lenguaje lo convencional y arbitrario abrazan más de lo que comúnmente se piensa. Andrés Bello. Gramática de la Lengua Castellana.
Una de las maneras de acentuar la discriminación idiomática, que lleva al lingüicidio, es resaltar las realizaciones de una lengua, en boca de sus usuarios, de manera negativa. Esto es así porque generalmente quienes opinan, bien de manera oral o por escrito, acentúan los aparentes rasgos del usuario que no se corresponden con lo “gramatical”; esto es, con lo que dicta la Real Academia de la Lengua Española a través de su diccionario (DRAE). Iremos por partes. Inicialmente todo usuario de una lengua está en su derecho de expresarse. Esto es así por naturaleza y porque además, el usuario necesita comunicarse. Por otra parte, y en términos normales, todo usuario usa su lengua de manera lógica . En esto es menester afirmar que si bien el hablante utiliza su lengua de manera lógica no necesariamente aplica en su estructuración lo acordado por la norma. En este sentido, posiblemente sean entonces enunciados agramaticales que no cumplen con la norma. Sin embargo sus enunciados siguen siendo lógicos. Y esto es así porque todo ser humano genera lenguaje de manera natural y en situaciones normales. Además los idiomas son cuerpos en continuo movimiento, crecimiento y adecuación a una sincronía y diacronía que hacen partícipe al hablante de una experiencia única.
Utilizando una reflexión de mi maestro Ángel Rosenblat diremos que las personas no hablan mal, hablan según como creen que deben hacerlo, y lo más importante siempre será su derecho a comunicarse. Bajo esta premisa siempre he tenido absoluto respeto por el hablante de la lengua castellana y particularmente por el hablante del castellano venezolano. Por ello afirmo que no existe el mejor castellano en ninguna zona donde se hable esa lengua. El mejor castellano, si es que existe, se habla en todas y cada una de las zonas del mundo hispanoparlante. Así, el mejor castellano que se habla en España, lo hablan los españoles; en Argentina, los argentinos; en México, los mexicanos; en Cuba, los cubanos; en Venezuela, los venezolanos. Y dentro de nuestro país el mejor castellano venezolano se habla en todas y cada una de las partes donde exista un venezolano. Así las cosas, el mejor castellano venezolano hablado en Los Andes, lo hablan los andinos; en Maracaibo, los maracuchos; en Guayana, los guayaneses. Por otra parte, es cierto que siempre se podrá mejorar su uso para facilitar y hacer más expedita la comunicación. Sin embargo, debemos advertir que una situación es la lengua hablada y otra la escrita. La primera es dinámica, espontánea y cálida en su realización porque tenemos a nuestro emisor cerca de nosotros. La escritura comporta una situación diferente, es más reflexiva, más artificiosa y tal vez más fría en su relación con el receptor del mensaje. Esto lo indicamos porque es en la oralidad donde se realizan los cambios, las modificaciones más aceleradas entre los hablantes. De esta manera, podemos indicar algunos ejemplos para ilustrar esto. Desde hace algunos años venimos asistiendo a una modificación en la fonética del castellano venezolano y en casi toda la cuenca del Caribe, desde nuestro país hasta México. La pérdida de la consonante (d) intervocálica. En la normalidad de nuestra cotidianidad, cuando nos expresamos omitimos en nuestro registro fónico esta consonante: deo, peo, cercao, parío, entre otros. Aunque la norma indica dedo, pedo, cercado, parido. Igualmente sucede con la misma consonante (d) cuando es final de palabra: universidá, casualidá, realidá, amistá, finalidá, que en situaciones de consideración a la norma debieran ser: universidad, casualidad, realidad, amistad y finalidad. Sin embargo es evidente que el hablante ha estado realizando manifestaciones lingüísticas en su experiencia fonológica que le permiten expresar mayor cantidad de ideas utilizando un menor número de secuencias fonéticas. Y esto es un principio lingüístico que utilizan todos los usuarios en todas las lenguas del mundo. Obviamente que no existe acatamiento alguno a la norma, sin embargo se impone la lógica y el sentido común entre los hablantes quienes, en última instancia, determinarán cómo usar de la mejor manera su lengua.
Por otra parte, las nuevas construcciones que se introducen en las lenguas (neologismos) no tienen porqué alarmarnos ni tampoco ser motivo de mofa ni menos rechazo para quienes tenemos plena conciencia idiomática y absoluta confianza en la fuerza y vigor de nuestro castellano venezolano. Existen realmente formas nuevas, estructuras jóvenes que pudieran no gustarnos, sin embargo son una realidad y como tal tenemos que aceptarlas porque son manifestaciones de un momento histórico específico y porque además tienen hablantes que hacen uso de ellos.
Para muchos de nosotros será siempre mejor afirmar, cuando vamos a un velorio, y después de dar el sentido pésame a los deudos: ¡pero si quedó igualito!. Esa estructura tiene una connotación específica para quienes la experimentan. Sin embargo, desde hace tiempo también conocemos quienes utilizan estas otras: ¡Quedó calidá! o ¡Quedó fino!.
¿Cuál es el problema en utilizar una de estas dos?. La respuesta tendríamos que buscarla en los usuarios. Los primeros (¡Quedó igualito!) de seguro son personas de más de 35 años. Mientras los segundos (¡Quedó calidá! y ¡Quedó fino!) no sobrepasan los 25 años. Acá no se trata de falta de educación como de situarse en el aquí y ahora de una lengua que desde hace años está generando formas, maneras nuevas de realización fonética para adecuarse a realidades específicas y así potenciarse, mientras otros usuarios, aquellos ya adultos, quieren mantener su propio e inmutable mundo idiomático donde no parece existir cabida para los jóvenes usuarios. Esta situación se acentuará en la medida que nuestra educación idiomática sea cada día más frágil y el Estado venezolano no asuma su responsabilidad de difusor y orientador de la lengua nacional en las escuelas, liceos y universidades, sin hablar de los partidos políticos, empresas, cuarteles y conventos.
(*) camilodeasis@yahoo.com |