El régimen se pelea con las religiones históricas y reales pero se deja seducir por falsos oficiantes. A la jerarquía de la Iglesia Católica la ha insultado hasta la saciedad. Lo que ha pasado por su inflamada cabeza se lo ha dicho en cadena nacional y en actos públicos. Porque si hay algo que le gusta al todopoderoso son los micrófonos y todo tipo de tecnología de punta en materia de comunicaciones, para espetar y multiplicar sus dicterios a los cuatro vientos, para que sean escuchados urbi et orbi y celebrados por los adulantes que aplauden a rabiar, cada vez que el insultador en el poder se ceba en algunos de sus enemigos. En los últimos tiempos se ha dedicado con especial saña a las religiones. Por supuesto que la católica se lleva la peor parte, pues tiene en sus filas a personajes tan notables como el cardenal Castillo Lara, quien a sus años se niega a permanecer en silencio y en actitud complaciente frente a un poder arbitrario, ineficiente, mentiroso y represivo que, mientras despilfarra el erario nacional en regalos y aquelarres, el país se cae a pedazos y el hambre y la miseria se enseñorean sobre un alto porcentaje de venezolanos. Pero, claro, el supremo también maneja técnicas estadísticas ajustadas a la revolución, para afirmar sin que le tiemble un sólo músculo de la cara, que el país nunca había estado mejor. Lo que pasa es que el país es él, el soberano es él y en efecto él nunca había tenido para darse los lujos que hoy exhibe sin el menor pudor. Corbatas italianas, camisas francesas, ropa a prueba de balas y exclusivos sastres que cumplen con pedidos de hasta 50 piezas de un solo trancazo. Mientras él se protege contra todo riesgo, los venezolanos sufrimos los rigores de una delincuencia desatada, que asesina y roba porque sabe que no le harán nada, pues la anarquía y la impunidad se han unido para proteger al delito en cualquiera de sus manifestaciones. El cardenal Castillo Lara no ha querido ser cómplice de tanto desastre y ha encontrado escenarios para decir lo que todo el mundo sabe, pero que no se puede denunciar por el temor a la represión que este régimen practica sin el menor control ni respeto por el género humano. Las cárceles están llenas de quienes son considerados enemigos, y no hay garantías en el sistema de justicia que está en manos de quienes llegaron allí para complacer al poderoso, así tengan que pasar por encima de la ética y de los valores. Sólo a manera de ejemplo, es oportuno citar el espectáculo de la apertura del año judicial, que sirvió para que los funcionarios de este poder se mostraran ante el supremo como sus más incondicionales servidores. Como en cualquier Aló Presidente, sólo vítores, consignas y aplausos para hacer del culto a la personalidad una conducta irrenunciable y reiterativa, para inflar un ego de suyo ya exagerado y demasiado hinchado. Frente a la actitud valiente y corajuda del cardenal Castillo Lara el insulto y la insolencia no se hicieron esperar. Los improperios han sido de todos los calibres, lo que significa que el Cardenal dio en el mero centro del problema, como ocurrió en los tiempos de Pérez Jiménez con la homilía de Arias Blanco, que permitió que la Iglesia Católica cumpliera una de las tareas esenciales de su apostolado que tiene que ver con la denuncia de las injusticias. Pero también les tocó lo suyo a los judíos, cuando las palabras del mandón recogieron lo más manoseado del discurso del antisemitismo. Aquello de asesinos de Cristo y dueños del capital en el mundo, es algo que escuchado entre los más fanáticos, para justificar su odio contra un pueblo que ha sufrido en carne propia la represión de esa monstruosidad conocida como nacionalsocialismo, dirigida por ese criminal que fue Hitler. Todo está documentado y no podrán borrarlo, porque es parte de esa mácula que ha quedado marcada en nuestra historia, para que los seres humanos sepamos hasta dónde pueden llegar la perversión y el crimen, perpetrado por las razones más baladíes. Después de la respuesta del centro Wiesenthal y de los intelectuales judíos o no, vino el guabineo del yo no lo dije, y la sempiterna acusación de conspiración mediática. Pero allí están los videos para que cada quien saque sus propias conclusiones. El colofón de este agravio contra la religión judía fue la supresión del nombre de Sofía Imber del Museo de Arte Contemporáneo. Borraron las letras pero no podrán borrar la historia, que dice que Sofía hizo de ese museo uno de los más importantes de América Latina, con un patrimonio artístico de los más valorados del continente. Después de las afrentas contra las religiones instituidas, sucede que el régimen se deja seducir por un falso sacerdote, a quien se le encomendó la misa de Danilo Anderson, prócer de la revolución bonita y del socialismo del siglo XXI. También ofició en otros eventos transmitidos en cadena nacional, donde hizo lo políticamente correcto al alimentarle su inmenso ego al mandante. Eso fue suficiente para acreditarlo como sacerdote. Pero ocurre que se descubrió que Misael Martínez es una suerte de estafador, que se he hecho pasar por pastor evangélico, reverendo cristiano y padre anglicano. Según la ocasión se disfraza con la clérima, la sotana o la estola. Pero su verdadera condición la reflejó muy bien Radio Rochela, con aquel personaje de "el Gato" Soto llamado el hermano Cocó, quien hacía las delicias del público con su descarada conducta, urdida para apropiarse del dinero de los incautos que lo buscaban por sus buenos oficios. Es así que puede concluirse que este régimen se ampara en la mentira, construida para soportar un andamiaje oxidado y derruido, que busca complacer los caprichos de quien se ha adueñado del poder con el fin de pervertirlo aún más para perpetuarse en este. Es así que se insulta a quien dice la verdad y se privilegia al falso, al embustero y al impostor. |