Ciudad Guayana / Venezuela,


 

 

 
 
 
Alípede, arquero celeste
 
 

Néstor Rojas

 
 

1. La flecha, una vez lejos del arco, vuela sin desviarse por la destreza del arquero. Si llega atravesando el aire, será sol naciente sobre el pecho de un león.

2. Disparada la flecha dará en el blanco sólo si el arquero tiene puntería. ¿Puedes tú romper el gran hilo de perlas que expresa el infinito?

3. Quien viene de tan lejos, de la otra tierra de allá, no sabe si en la otra orilla hay alguien esperándolo. El que viene consigo, errante y ansioso de anclar y echar raíces en el suelo fértil, es un viajero al que el viento sonoro lo convida a vivir.

4. Veo caer una pluma de pájaro y pienso en mi alma, perdida en la grandeza de Dios.

5. El que se esconde entre las hojas está solo y desnudo. No es Adán, es nuestro padre, el mono, en el remanso de los primeros tiempos. ¿Cómo pudo convertirse en este ser alicaído, sombrío y enfermo en un paisaje sin árboles?

6. El fuego divino calcina los pasos que se aventuraron a ir más allá de sus fronteras. Detrás de la puerta quedó el cuerpo del guerrero, sin pies y sin armaduras. Sobre él la noche ha dejado caer sus lóbregos llantos.

7. En la cumbre las nubes claras se ocultan. Por encima de ellas Dios saca su gran lengua de fuego y se derrama. Como una bendición caen las lavas sobre los moribundos que acosados por tantas plagas, claman la muerte.

8. El sol se oculta en la hierba de los sortilegios a la espera del cuerpo espigado de Eva que lo ama. Ella todas las tardes sale al descampado lleno de flores artificiales para que su tersa y marmórea piel se solee con los últimos rayos del día.

9. El caracol cibernético a esta hora es llama culebreante que tiembla sobre el agua de los sueños. El ojo que lo mire no quedará ciego, pero sí encandilado.

10. Sobre el rescoldo quedaron las amapolas, consumidas. Allí el aventurero saca cuenta de las pérdidas. Y como una sombra penitente se lanza otra vez a la inútil tarea de sembrar el pecado.

11. El va de regreso por el camino del Leopardo Invisible. Mañana, cuando haya llegado al lugar de los galápagos estériles, será un tigre de bengala, inquieto y victorioso.

12. El fervor del Elegido toca el borde de la arena caliente. Atrás él dejó el mar de sus antepasados atlantes y caribes y la concha del viejo caracol que le sirvió de barca cuando la isla se hundió. Ahora canta en el desierto.

13. Lot oye la sal enardecida que lo llama desde el pasado. ¿Será que recuerda el rostro angélico de la que ya se deshizo en el tapiz de la muerte?

14. De otro tiempo desciende como piedra de fuego. A su paso se resquebrajan los muros de la Tiniebla. Algunos mendigos recogidos en las márgenes sucias de la ciudad dicen que puede ser robocop. Puesto que Supermán ya murió.

15. Resplandor de esmeralda en la alta noche es lo que se ve del follaje donde ayer cantaban los pájaros. Hojas amarillas, encendiéndose, se alejan de los árboles y matas que caen abatidas por la feroz candela. ¿Qué rango tiene la mano asesina que hizo nuevamente la bíblica luz? Es la misma que firma los decretos de extinción de las especies, las resoluciones y ordenanzas para acabar con los parques. Es la misma que se siente orgullosa por haber construido los más altos rascacielos? Arriba, hacinados y en la promiscuidad, no estamos cerca de Dios, aunque nos elevamos para no oír el murmullo pestilente de las cañerías

16. Vuelve de los negros acantilados, donde "el día queriendo morir, con garras de oro" se prende al aire contaminado. Su claridad indomable ilumina las destartaladas casas de los que fueron pescadores y ahora son recogelatas y escarbadores de containers. A veces ven a lo lejos los helechos fantasmas y las arboladuras ya hundiéndose. Desde aquí, solo, oigo el batir de unas alas angélicas que regresan para dejarnos el último mensaje de Dios.

17. La noche con lentejuelas canta desde la orilla fatal de los despojos. Su voz es rancia, huele a licor. No es dulce su canto, es amargo como es fúlgido ese resplandor de luna deslizándose por su viejo vestido de gala.

18. El caracolfuego huye de la Sombracalamar que viene devorando la fruta de la Eternidad. ¿Qué podemos hacer nosotros, hijos del Olvido si ya estamos más que muertos?

19. Brama la muerte en la bruma donde están sumidas nuestras cabezas esquiladas. Debe ser por eso que nadie escucha a los que van a la deriva sobre este mundo que anda por espacio haciendo mucho ruido. Todos los náufragos son sordos.

20. Entre tanta oscuridad nadie puede encontrar sus ojos. Aunque nos tocamos y olemos el guisado de bofes que calentará nuestras ansiosas entrañas.

21. Cansado de la altura de los regios halcones, ha bajado a la ciudad de los lobos a donde llegan a morir los últimos guerreros de plata, ya cansados por tantas luchas inútiles.

22. Montado en la frágil canoa con farol y bandera, sigo el curso del río que desciende hacia más allá. Los montes resplandecen en esa otra tierra como prendidas esmeraldas. Turbia de sombra el agua refleja mis trémulos rasgos indianos, bajo el crepúsculo.

23. ¿Dónde me esconderé conmigo mismo? La luna de ceniza se desliza por el lomo de la noche que florea embelleciendo el cielo que los ciegos no ven, aunque ojos tienen.

24. Sabe que existe porque cae en la ciénaga de los viciosos. Por eso se sabe humano y torpe como una chiripa. Los cielos lo convidan al viaje hacia el mar de los lirios. Pero él ya no sabe volar.

25. La noche pasa dulce sobre esas charcas donde cantan festivos y graciosos los sapos. Es un remanso de música que sube descalza hacia el Señor de alas anchas y largas.

26. El viento que de sí mismo huye irisado de sol, desentierra a su paso la escritura de los dioses que se fueron. ¿A qué rumor de hojas virtuales se entrega jadeante?

27. Bajo esta luz yo abandoné el ayer. Ahora ni los recuerdos me quedan. Otro soy, sin dudas ni celos. Vanitas vanitatum, et omnia vanitas.

28. Como barcos que se alejan de la orilla, así se van los tiempos que jamás viviremos. Sin asombro navega el alma tras el fuego intenso que trémulo ondea.

29. ¿Qué oscuro impulso me lleva a la superficie donde florecen las hogueras? ¿Con qué arena levantaré mi torre a la orilla del mar, que sonríe a lo lejos, en ese horizonte sin luz?

30. Arde la piedra como una moneda de oro. Se deja caer lentamente, hundiéndose tras la línea de agua. De su paso por el cielo sólo me quedó esta mancha titilante en los ojos.

31. Los que oscurecen se pierden en la noche del tiempo. Nunca encontraron la blancura de la piedra ni el corazón de los alquimistas llameando en las profundas aguas. El cristal reverbera bajo la cara descubierta de la luna nueva.

32. Voy tras unos pasos que se pierden siguiendo el viento. A la inversa del que arroja con orgullo sus canas, viene el que tiene buen oído y buenos ojos para mirar el sol, de frente.

33. Debajo del crepúsculo que hace sentir consuelo a los desventurados que han visto la pálida muerte, un pequeño caracol se despoja de su alma que ya no tiene corazón. Sólo su canto es orgullo de lo que en este instante lo hace feliz.

34. Las olas se deslizan por su cuerpo como viejos cantares, como lenguas del olvidado Romancero que habló del amor, de la muerte y del hastío de la vida. Sus ojos se llenan de esa espuma con dientes que nos dejara como audaz imagen el poeta que a veces veo en Nueva York: Federico García Lorca.

35. ¿Puedo verme como la semejanza del Señor de los Cielos? Puedo verme en el algún lugar de la noche marina, mordido de hogueras, sin manos, sin labios. Como un poeta figurado y primitivo, llevando más allá la palabra que exige otro sentido. Cazador de metáforas soy, tropeando.

36. Remolinos indomables me llevan a la infinitud del mar que es un pez entre muros de rosas. El tiempo es el tropo perfecto que me traslada al espacio de las analogías.

37. Danzo entre corales que brillan bajo los tranquilos rayos lunares. Mi barco es una pequeña botella que lleva siglos navegando a la deriva. Todo lo tengo y todo lo puedo, menos la libertad.

38. ¿Qué dioses callados traen desde lejos el rocío para humedecer las rosas? ¿Acaso son los mismos que nos bajaron las palabras que asomaron en la boca de Teresa la mística? La metáfora Dios le habla al hombre altanero. Para que sea glorioso. Para que le cante y ore por los siglos de los siglos.

39 ¿A qué mirar el reverso de la llama celeste? Todos moramos en la Casa sin fuego. Y alabamos al más osado de los ángeles, al bello Luzbel. Porque en él contemplamos nuestra propia imagen, de hombre caído.

40. En el espejo roto ruge el mar como un demonio suelto. Y zozobran los tres barcos que trasladan las plagas y pestes que asolarán el Nuevo Mundo. Y tiembla tu débil corazón en la noche, de este lado salvaje del planeta donde beso tus labios sin ninguna vergüenza. Soy para ti el viento halcón, guerrero de su raza.

41. El desarraigado quiere perderse entre las olas de un mar metafórico que procede de una voz superior. Sus raíces andan con el viento.

42. Ese lamento que baja con los aires de arriba, es el último canto del que inventó la guerra para morir en ella.

43. Una campana de plata se mece como la brisa quieta. A lo lejos el sol cae, dejando la tierra en penumbra. Llega a mis oídos la música de las horas más negras. Eso que llamamos Destino es un ojo sin luz.

44. El agua turbulenta, otrora suave y de cristal, rueda con rabia por entre los peñasco obstinados que el viento aún no ha podido deshacer. Un pescador, antes jardinero y ya cansado de tanto ir contracorriente, se ha dejado caer en la orilla pestilente del río que ahora arrastra todo tipo de desperdicio. Está arrodillado, quizás soñando que va en la cubierta de un bajel veloz como su pensamiento.

45. Navega, navega hacia algún país remoto. Ve otro cielo, otro monte, otra playa, otro horizonte, otras aguas. Parte de una vez y no te quedes ahí, derrotado. Si tú partieras verías el instante que no regresa, aunque va. Si tú te fueras te seguirían los albatros que esperan el amanecer. Sobre el mar de los Sueños sopla el viento parecido a un pegaso. Allá los campos olorosos, la verdura bajo los rayos solares. Allá la alfombra verde donde el rumor del riachuelo como un caballo pasta. No te quedes ahí, navega hacia ese verdor que nada amortaja. Ese mundo es un cielo turquesa. Para los poetas y los eternos amantes.

56. Miras el poniente meditabundo. Tu pensamiento es ave errante )adónde va? En el horizonte un relámpago es flecha de fuego, es vena ardiente dispensándose entre manchas, nubes y sombras. El mundo gira como si fuera veleta, precipitándose. Tus ojos han traspasado su vestido blanco. Ahora miran por todas partes más allá de donde estás pensando. Y no hay nada. Sólo aire y cielo, como cristales donde te ves sin nadie.

57. Se encoge como un gato. Tersa el cuerpo y se desata )Cuál es la contextura de ese Verbo que se vuelve fulgor? El Dios sensato de los animales abre las puertas del Cielo. Allí está el infinito como un ojo sin párpado. ¿Para qué entonces consagrarte al oficio de los gladiadores que no ven más que el asfalto reverberante de la carretera? Ya ni arco ni flechas ni espadas tienes. Nunca has conocido un revólver. Ya es hora de que te vuelvas visible. Que otro juglar cante la balada de la diosa locura.

58. Tu amada te escribe: "Si pudieras quedarte. Si yo pudiera compartir tu lecho, sentir tu corazón junto al mío. Si yo pudiera pasar toda una noche contigo, entre tu abrazo férvido y estrecho. Si yo pudiera ofrendarte mi pecho que se agita caliente como ola de mar enfurecido. Si yo pudiera entregarte la vida y desvariar vibrante y jubilosa. ¿Estarías satisfecho? Yo no lo estoy, no me conformo con un lecho frío, con este silencio tan correcto, tan amplio, tan como yo, vacía. Hoy ya no pienso que mañana será mejor que ayer, aunque sueñe contigo".

59. Voltea la carta sin que nadie la vea. Que el cuerpo de la reina entre por ese bosque de agua que refleja un cuerno de marfil. Acércate al papel que recoge las metáforas, las sinécdoques y las metonimias y mira cómo se cuela la noche en tu alma. Tu alcoba es oscura, ningún sol ha podido entrar, ninguna luna. Recoge la aljófar del día y deja que tu alma se vaya como quien sigue su sombra.

60. Pregunta si hay todavía una columna, de aquéllas de Hércules, en pie. Pregunta si aún se oye el cuerno de la tribu y si los que están sordos y ciegos en tierra firme oyen el mar cantar. Tal vez oigas la respuesta surgir detrás de una palabra prohibida. Lo que se oculta ya no es el punto tenebroso. Es lo claro que muestra a los videntes los mismos ornamentos que vieron en otro tiempo tus ojos, la misma espada de obsidiana que usaste cuando no eras poeta, la cornamusa de la diosa fortuna que te llenó de tesoros y el imperfecto epigrama del retorno que fue escrito en castellano con caracteres arábigos. El soplo inmortal abandonó el friso de azulejos y cruza los linderos de los vientos alisios. Lleva alas en los pies.

 



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