En Octubre de 1995, el Fondo Editorial de la Biblioteca de Autores Monaguenses colocó en manos de los lectores una edición hoy inencontrable de un libro de poesía escrito por la poeta Rosol Botello titulado: “Compás de Espera”. Con este libro la escritora, nacida en Barquisimeto, Estado Lara, Venezuela, insurge al panorama poético venezolano con una voz signada por la búsqueda del sentido lírico del enunciado poético sin estridencias ni ostentación expresionista de ninguna índole.
“Compás de Espera” es la voz bautismal de Rosol Botello de hace un poco más de una década, pero de ese libro “iniciático” a este tiempo la poeta ha publicado dos libros más de poesía, a saber: “Tablero” (ediciones de la UDO-Monagas, 1998) con un enjundioso Prólogo de Elena Vera. Este libro cautivó mi atención de lector durante varios meses al punto que por él me enemisté con algunos amigos cuya mezquindad no les permitió ponderar los varios aciertos literarios que a la postre se impusieron por su singular calidad poética.
Más recientemente, a finales del 2005 la escritora obsequia a sus fieles lectores, ¿es menester acotar aquí que me encuentro en sus más devotos admiradores de su poesía?, una discreta joya literaria titulada enigmáticamente: “Oráculo de Lobo” bajo los auspicios de la Editorial Memorias de Altagracia (Caracas, 2005).
El primer libro escrito por la poeta es una tentativa certera y acertada de reunir en forma de miríada cromática el Sol y la nube, la lluvia y el aleteo del pájaro. La tersura verbal de los poemas reunidos en este libro no admite discusión. Se trata de un lenguaje impregnado de una dulce calidez expresiva que nos regala a los lectores sensaciones de un insólito intimismo capaz de crear una atmósfera de tenue complicidad literaria con poder suficiente para subyugar la sensibilidad de quien tenga la fortuna de dejarse tocar por sus hechizos verbales: sí, así en plural, pues no son pocos.
Botello sabe fraguar las palabras hasta un punto de ignición en el cual el sentido metafórico de la expresión poética se despliega de modo inusualmente magistral en un haz de esplendentes huellas de auténtico arte verbal. Un rasgo notablemente distintivo que destaca en toda la poesía de esta singular escritora venezolana lo constituye esa expresa voluntad de consubstanciación con la naturaleza expresada en arquetipos insoslayables: una nube, el viento marino, el sol de una sensual playa, los campos desolados. Poesía escrita en clave de asombro estético es esta propuesta poética que viene del universo creativo de Botello.
En los textos poéticos que conforman “Compás de Espera” el lector percibe un denodado afán de buscar lo esencial pero sin pretensiones ni vaniloquios estridentistas. Obviamente el yo lírico del sujeto poético está presente en dichos textos pero sin esa odiosa algarabía yoica que tanto desvela a tanto poeta cautivo del síndrome del vitrinismo. Me fascina esa humildad casi obscena que exhibe la escritora en este libro.
Leyendo con rigurosa fruición este hermoso poemario no puedo dejar de advertir “huellas borgesianas”, aunque ciertamente no evidentes, en el timbre elocutivo-proposicional de algunos poemas contenidos en este “Compás de Espera”. Tal el que se titula: “Todos los hombres”. Veamos.
“Muchos hombres se parecen a ti
confundo a muchos hombres contigo
en cada hombre busco lo que hay de ti
Tú eres todos los hombres”. (p.17)
Inclusive se puede inferir que la poeta busca, la escritura mediante, un sosiego imposible, un estado del alma apacible que escapa a la humana condición del amante que irrumpe, desde la indomable imaginación poética de la escritora, derrumbando certezas e instalando una duda oscilante que no cesa jamás y va más allá de los límites permitidos por el poema. En este sentido, la voluntad creadora de Botello se proyecta desde la grafía dicente del poema con una inequívoca intención autotrascendente.