Ciudad Guayana / Venezuela,


 

 

 
   
 
Gregorio González Vivas
 
 

LA ESPINA APURITEÑA DE RAMON RATTIA FALCON


 
 



Santa Anita, vecindario cercano de la población de Apurito, es el lugar donde vive con su familia Ramón Rattia Falcón, a este sitio llego husmeando donde pudiera tener la casa que siempre soñó, cuestión de la que hace muchos años emprendió sobre restos de por lo menos dos construcciones anteriores. Nacido un día viernes 5 de Agosto de l930 en el casco antiguo de Apurito donde desde entonces permaneció hasta su traslado a la fundación que se empeño en construir. Formado en llanerias trabajó en los siguientes hatos: Las Palmeras, Cañafístola, Quenequenero, San Pablo Paeño, El Frío, Matapalo, Puro Llano entre otros. La espina de donde le viene que su casa debía ser construida por sus manos la removió por su padre Ramón Concepción Rattia, a quien le debe la herencia de su temple y el mandato hecho costumbre en el llano, de que el hombre debe hacerse completo, por tanto el asiento del hogar constituye punto de partida para cumplir esa premisa. De parte de su madre Anselma Gregoria Falcón heredó la perseverancia y el celo por saber hacer las cosas en su justa medida, con tales códigos morales se hecha a andar por el mundo, es el mayor de 18 hermanos, los estudios que conoció los vio en el hogar, en las sabanas y en los caminos, lo demás puede correr por su cuenta con el aprendizaje sobre la marcha, por tanto puede ya asumir la responsabilidad ineludible de hacer las cosas bien y que sirvan como ejemplo para los que vienen detrás.

Se mete en familia una y otra vez hasta que asienta con su compañera Ana Donado, Apuriteña criada en las Flores de Barinas, pero ganado para su tierra a fuerzas de buen ejemplo y buenas intenciones, reuniendo hijos aquí y allá, tantos como las 32 cuerdas del arpa, tocándoles nacer también en ese llano, subiendo y bajando por senderos vueltos coplas, pasajes y corridos dejados junto a los sabios conucos, caños y jagüeyes. En los trabajos con el rebaño de ganado que la familia ha tenido desde siempre, le ha tocado sortear buenas riendas, unas veces porque el mismo calor del trabajo lo reclamaba y otras porque en las casas grandes de entonces deberían haber buenas remontas por aquello de que “ el hábito hace al monje ”, y sino se dejaría de cumplir con unos de los mandatos del llano, el cual reza que “llanero que no monta caballo no es llanero”, por eso tal vez los lomos relancinos que infinidades de veces lo desafiaron, jamás le doblegaron el orgullo de verlo rodar por el suelo, muy al contrario los trabajaba con encono cuando la bestia se encabritaba hasta que tomaban el paso y entraban por el carril que su pulso le tendía, así era en la doma y en los lances de llanería que le sortearan.

Ramón Rattia ha sido gran contrapunteador reconocido no solo en Apurito sino que su fama ha llegado hasta Barinas y más allá, librando buenos versos esquivó en muchas oportunidades, el dardo malicioso tendido por rivales ocasionales que a lo largo de las parrandas se pudo topar, por lo general salía bien sin necesidad de tocar el cuchillo que siempre llevaba en su cintura, nunca lo hizo y ningún hombre que se preciara serlo lo haría, al contrario al momento de irse a las manos el ritual de todo combate era librarse de la faja con cubierta y cuchillo de parte y parte. También es compositor de muchos pasajes y corridos que van por el numero de 70, algunas de sus canciones han sido grabadas por El Tigre de Matanegra, en especial “Razón para mis colegas”, “Respuesta a un amigo despechado” entre otras, dedicándose en estos últimos años solamente a componer en la tranquilidad de su solar. A él le perteneció la mula caminadora que inspiró a Genaro Prieto para hacer la conocida pieza “Apure en un Viaje”, incluso en lo alto de su casa conserva como un amuleto en un sitio reservado en el caballete, la calavera de la mula hecha famosa, único recuerdo físico – material de la mula muerta ya hacen varios años en mala hora, fue tan famoso este animal en lo caminadora que su compadre en reconocimiento a las historias de lo gran resistente, quiso magnificarla dejando para la posteridad una alegoría que hermana a los pueblos de Apure, símbolos por demás de las tradiciones que marcaron una época, en que la gente se movilizaba de un sitio a otro en el llano por este medio, precisamente en el lugar en que muchas veces pateó esa mula continua Don Ramón Rattia contemplando como la vida le ha sonreído afortunadamente en darle don de haber tenido: lugar para trabajar la tierra, ser dueño de la mejor mula del llano y poder brindar aún su mano tendida al que llegue a su casa en son de bien, lo demás es nostalgia por los tiempos idos por una parte y por la otra le queda el camino de disfrutar; un hermoso tablón de maíz y más allá contemplar un potrero con lambedora en el que al caer la tarde deberá llegar a recoger los becerros como en sus mejores tiempos, pero, eso es rutina, lo singular es lo que también deja para la posteridad; la espina que le representó construir su casa de altos horcones, encañarla en píritu y casi terminada a punta de bahareque, con una distribución interesante de amplios cuartos, salas y una espaciosa cocina de fogón dispuesto que mantenga todo el día el café caliente, también deja unas canciones que andan solas por la llanura, unas veces acercando a las parejas, otras llamando a querer más a esta tierra, cosa que lo reconforta gratamente, empero lo que más lo enorgullece es haberle correspondido a su tierra casi como ella misma lo hace en el mes de mayo, cuando apenas se le asoma una semilla de maíz a un surco, seguro le responde con el retoño, por eso es que con la frente en alto, proclama que el futuro de la vida es la tierra y solo ella manda para que el ciclo nunca se detenga.



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