Columnistas
 

Del tiempo y la memoria  
por Juan Guerrero

EL AMOR ESTÁ EN TI

“Cuando Otto von Müller aparcó su BMW en el barrio Los Monos, de San Félix, buscando a quien sería el amor de su vida, Yuleidys del Valle, una morena agraciada y de dientes rotos por la alimentación a base de casabe, huesos de báquiro y café negro, que dejaban apreciar una sensual y mortuoria sonrisa que invitaba a las más perversas pasiones, nunca imaginó la aventura en la que se iniciaba: comidas variadas, salpicadas por visitas periódicas al mercado de la 45, tomando una que otra frugal bebida en tarros de mayonesa…”

He pensado una que otra vez escribir una historia de amor y ponerle de título este que inicia mi artículo o quizá algún otro, más espiritual: Dios regresa a Chirica en ambulancia del 171 o Los ángeles también oran en el bar La Nevera.

Revisando con mi dilecto amigo Carlos Yusti los anaqueles de las librerías del nuevo Mall Orinoquia, el mal gusto ronda en los libros que circulan en las manos de curiosos. Atraen, sin embargo, las muy bien encuadernadas y abultadas páginas, junto con una impecable fotografía de portada que anuncia títulos parecidos a los que incluyo acá. Y es que el mal gusto es lo que ronda por estos años en la mayoría de las personas que proyectan ese estado de vida en todo lo que hacen, tocan, hablan, usan y consumen.

Es esa vida de lo llamado hace años como postmodernidad y su manera kitsch de abordar la estética de la vida. Una vida adornada por lo superficial; desde una conversación insustancial hasta maneras, poses y lecturas rápidas, sin mucha complejidad para la reflexión, donde las imágenes construidas ofrezcan una simplicidad que no indique mayores esfuerzos para comprender. Lo directo, lo fácil, aquello evidente y sin sobresaltos es lo que ahora marca las páginas de ciertas escrituras, caracterizadas por el consumo sobre temas de ánimas y aparecidos, pero disfrazadas con términos cuasi-técnicos y cientificistas para intelectualizar a quien consume el bestseller . Desde Quién se comió mi queso hasta el bodrio de El Código Da Vinci , pasando por la saga de Dios regresa en una Hardley . Son referencias de un tipo de lectura que a su vez permite apreciar individuos que aparentemente se forman como lectores de un tipo de literatura fácil, como su aparente vida. Y esto que escribimos obviamente, para muchos, aparece como un contrasentido porque de seguro van a decir que hay lectores para todo. Fans de escritores, como Coelho, que de cualquier tema medianamente espirituoso, hace un libro, con letras grandes para facilitar la lectura y no cansar al analfabeta funcional. Total, termina hasta consumiendo su libreta y hasta su almanaque espiritual, tipo Hello Kitty.

El mal gusto en la estética de la vida actual aparece en cualquier esquina. Se asoma por las calles y se expresa en la banalidad de las relaciones de la cotidiana vida. Es un mal de los tiempos actuales, marcado por la vida embadurnada de silicón, botex y prótesis. Y esta situación no es en modo alguno material; está fundada en la mentalidad que anida en la trivialidad de la vida. Esa manera de vivir haciendo el menor esfuerzo para pensar, para reflexionar de forma responsable, no tanto la vida como también su expresión en los hechos que hacen resaltar el sentido de lo que somos y queremos ser.

Hay una especie de suicidio lento y aséptico en esas personas que se desplazan en los corredores de la vida. Un vivir al día. Un dejar pasar la vida mientras se va sintiendo el vacío de no saber (-ni darle tampoco importancia) por qué se nos estremece el alma cuando vemos la mendicidad en cada esquina. Es que tal vez existe un agotamiento de este tiempo. Es que tal vez también ya las palabras están cansadas de decir lo que dijeron y nadie les atiende en su esencia, en su ser.

De mal gusto está hecha la vida, dice mi otro amigo Francisco Arévalo. Y es verdad esto. De mal gusto y de personas también huecas y chatas de mente para pensar y sentir la vida en sus extremos. Cierto que esos libros se venden o mejor, se consumen. Como esos marginales del intelecto que compran una casa y mandan a hacer una biblioteca y luego se van a comprar, por metro, títulos de libros para completar el mueble. Así de fácil parece ser sus vidas. No sé si Otto, mi personaje de la historia que se me ha ocurrido, terminará junto con Yuleisys en el bar Los Picapiedras y después en el motel Cocotal (-ajeno a las malas lenguas). Lo cierto es que de terminarla, lo firmaría con mi seudónimo, Camilo de Asís… al menos para santificar y darle importancia al libro.

camilodeasis@yahoo.com