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LECTURAS SÓLO PARA MUJERES
Diana Gámez



Ciertos libros están destinados a los ojos de determinados grupos, algo que es tan antiguo como la literatura misma. Algunos eruditos han sugerido que al igual que la épica y el teatro griego estaban dirigidos a los hombres, las novelas griegas, probablemente, estaban destinadas al público femenino. Platón afirmó que en su república ideal la instrucción sería obligatoria para ambos sexos, sin embargo uno de sus alumnos, Teofrasto, se atrevió a decir que a las mujeres sólo debía enseñárseles lo indispensable para manejar los asuntos domésticos. Esto dijo el tal Teofrasto porque según él: una educación avanzada "convierte a las mujeres en chismosas, perezosas y pendencieras". Aclaremos que en aquella Grecia pocas mujeres sabían leer y escribir, pero esclavas educadas les leían en voz alta y cortesanas como Friené o Thaís fueron muy letradas.

  Los libros destinados a las mujeres estaban asociados con lo que hoy conocemos como amor romántico. Al leer estos libros autorizados, las mujeres desde la sociedad patriarcal de la Grecia del siglo I hasta la Bizancio del siglo XII (cuando se escribieron los últimos romances) encontraron algo positivo: en los trabajos, peligros y sufrimientos de las parejas de enamorados, las mujeres descubrían, a veces, estímulos intelectuales.

  Dice Alberto Manguell, que las historias de Margarita de Navarra, de Madame de Lafayette, las novelas de las hermanas Bronté y las de Jane Austen deben mucho a las lecturas de romances. O como señala la inglesa Kate Flint, leer esas novelas no sólo proporcionaba a la lectora de cuando en cuando, un medio para hundirse en la pasividad provocada por el narcótico del relato novelesco, también le permitía algo mucho más estimulante: afirmar su identidad personal y saber que no era la única que lo estaba haciendo.

  Apartar una serie de libros o un género para un grupo concreto de lectores, no sólo crea un espacio literario cerrado que a esos lectores les impulsa a explorar, sino que también le impide el paso a otros. Manguell lo ejemplifica con aquellos libros de portada rosa, destinados a las mujeres, vedados a los hombres, so riesgo de ser considerados afeminados. Sería tan sospechoso como ver hoy a un macho vernáculo deleitándose con un libro tipo Jazmín. Atreverse con la literatura que la sociedad, de manera condescendiente, separa para un grupo "menos privilegiado" o "menos aceptado" acarrea el riesgo de mancharse por asociación.

  En oportunidades el material de lectura para un grupo segregado lo crean, deliberadamente, lectores de ese mismo grupo. Una creación de este tipo tuvo lugar entre las mujeres de la corte japonesa en algún momento del siglo XI. En el año 894 -cien años después de la fundación de Kioto- el gobierno japonés decidió suspender el envío de embajadores a China. Pues durante los tres siglos anteriores los diplomáticos, al regresar, traían consigo el arte y las enseñanzas de aquel milenario país, de tal manera que la moda japonesa había estado gobernada por las costumbres chinas. Así, al acabar con esta influencia, Japón empezó a desarrollar un estilo de vida autónomo, que alcanzó su cenit a finales del siglo X.

  Como suele ocurrir en cualquier sociedad aristocrática, quienes disfrutaron de los beneficios de aquel renacimiento fueron muy pocos. Por ejemplo las mujeres de la corte japonesa, aunque gozaban de muchos privilegios en comparación con las de las clases inferiores, también estaban sujetas a grandes limitaciones. Estas cortesanas eran separadas por completo del mundo exterior y forzadas a respetar monótonos regímenes de vida, limitados por la lengua misma, pues no tenían acceso a prácticamente ningún aprendizaje, pero sus comunicaciones eran escritas más que orales. Todo esto las obligaba a elaborar astutos métodos para leer y para explorar el mundo en el que vivían y que estaba más allá de las paredes de su claustro.

  Como aquellos griegos de los que hablé al principio también estos japoneses pensaban igual. Lo que se recoge en la Historia de Genji Murasaki, donde el príncipe al hablar de una joven de su misma condición se expresa así: "...no creo que tengamos que preocuparnos mucho de su educación. Las mujeres deben tener conocimientos generales sobre algunos temas, pues produce mala impresión que manifiesten su interés por una rama particular del saber: No querría que fuese totalmente ignorante en ningún campo. Lo importante es que parezca tener una actitud moderada, descuidada incluso en las cuestiones que más se tome a pecho".

  Las apariencias era lo más importante y con tal que fuesen capaces de fingir indiferencia ante el conocimiento y una ignorancia natural, las mujeres de la corte disponían de algunos recursos para escapar de su suerte. Dadas las circunstancias, resulta sorprendente, como afirma Maguell, que lograran crear la literatura más destacada de la época y que en el proceso crearan varios géneros. Consiguieron así, ser al mismo tiempo quien crea la literatura y disfruta de ella, al formar una suerte de círculo cerrado que produce y consume lo que crea. Todo dentro de las restricciones de una sociedad que quiere que ese grupo se mantenga sumiso, representa un extraordinario acto de coraje.

  En la corte ellas pasaban el día entero dedicadas a mirar el infinito, en habitaciones oscuras de delgadas paredes, con celosías que colaban el sonido y seguidas por las miradas de voyeristas que espiaban todas las actividades de estas enclaustradas damas. Esas largas horas de ocio, sólo eran interrumpidas por fiestas anuales y visitas ocasionales a los templos de modas, imagino que para cambiar el color y los motivos del sempiterno kimono. Su holganza les permitía practicar música y caligrafía, pero sobre todo leer en voz alta o escuchar a otras que leían. No todos los libros estaban permitidos. En el Japón de la época HEIAN, como en la antigua Grecia, el Islam o la India posvédica, a las mujeres no se les permitía leer lo que se consideraba literatura "seria". Todo lo contrario, eran asociabas con los entretenimientos frívolos y banales y se establecía una clara distinción entre la literatura y el lenguaje "masculinos": esto es los temas heroicos, filosóficos y la voz pública, y los "femeninos" vale decir los temas triviales, domésticos e íntimos.

dgamez@cantv.net

 

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