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JOSÉ EUGENIO SÁNCHEZ NEGRÓN: Palabra y pensamiento.

Su mundo lo conforman libros en todas partes, en las paredes, en las mesas, en las sillas. El poeta se desenvuelve en un reflejo fantástico e irreal. Su expresión filosófica tropieza a cada instante al Otro, el verdadero, que semeja un monje antiguo; así es Sánchez Negrón quien ha vivido, sufrido, padecido, en su tránsito hacia la madurez, que es, para quienes lo conocemos, la búsqueda hacia la ruta interior donde gravita el ser; plenitud hacia el ascenso cósmico donde los elementos unifican al hombre que es hoy. Sin embargo, es a la palabra primigenia del poeta, en este caso, su primer libro “Los limos de la tierra” sobre quien queremos referirnos. Venía el poeta de regreso de una ciudad trepitante , la Caracas de los años cincuenta; un intento de suicidio y luego el encuentro total, íntegro con la naturaleza donde se revela su mundo de creador. Es en “Mundo Nuevo”, propiedad de la familia, donde el adolescente de mirada fija, sincera, penetrante, incita el recuerdo de la ciudad devoradora. Penetra para ver “cómo era el mundo por dentro” en compañía de su hermano Reynaldo , asesinado por la dictadura perezjimenista . A Reynaldo , con todo el fervor del amor y la ternura le dedica su primer libro. Y es que el poeta deja “caer la memoria y prosigue un nuevo camino”:

“Allí junto a mi sombra toqué el sol hundido en la tierra,
toqué el agua hundida en la tierra.
Y toqué los hongos en el bosque y las hojas húmedas
cuando mis pasos se adentraron en la selva”.

Jesús Eugenio Sánchez Negrón

El poeta vive, respira a plenitud la vida simple, pero no por esto menos profunda, del campo, y como un quemante sello vienen a su memoria “los muros de cemento…siguiendo mis rumbos”.

“Y la ciudad con sus huesos de concreto y hierro
husmea mis pasos, mis pasos ocultos en los árboles”.

Yo no sé si aún, creo que sí, perdura dentro del José Eugenio de este tiempo, el niño luz que dejó sus “antiguas palabras hundidas en el mar… entre anclas y barcos abandonados”.

Sólo puedo dar constancia de que sus estados de soberbia y altivez los utiliza en legítima defensa; pero defensa de quién, preguntarán algunos. Es sencillo: este mundo no está hecho a la medida del hombre sensible, del pensador, del filósofo, del escritor, del poeta. ¿ Quién imagina a este hombre catalogado como “ elitesco ” deteniendo sus “pasos entre el bosque”:

“Vago por el bosque.
Un olor a hoja muerta me baña de sangre viva la piel.
Sentado sobre una limosa piedra,
a la orilla del manantial que baja del cerro,

pienso :
¿No he pasado ya antes por aquí? ¿De quién es esta huella?
Arriba el viento mueve las hojas y la luz…”

En ese tiempo José Eugenio amaba la vida que encontró en “Nuevo Mundo”, por cierto muy alegórico el nombre:

…Amo la unidad. Una columna, un pájaro,
una hoja solitaria y simple en medio de la vida”.

En hondos instantes místicos vivirá sumergido el poeta sin importarle palabras, imágenes, ecos:
“Soy la sangre levantada en el aire
como corpúsculo de polvo.
Soy el segundo que en un mismo instante
cae en todas partes sobre el mundo.
No sé de nombres y así gano el infinito”.

A veces se perdía entre las sombras provocando angustia y preocupación en la familia y solo lo encontraban “errante en el vacío”:
“Las hormigas del alba allí me encuentran
de espaldas a la tierra como un árbol caído,
con hierba entre las manos, sin voz ni pensamiento
mientras el alma viaja por llanuras abismales,
allí de espaldas, como muerto”.

Había siempre una hora en que el poeta hablaba hacia dentro y percibía esos hondos ahogos del espíritu y es cuando sentimos que se nos muere algo y recibimos la sacudida, fuerte y triste, sí, porque estas sacudidas son el mismo estado de tristes, y nos dice:

“El alma tiene una hora, un minuto, un instante
para morirse diariamente
y es en esa hora cuando me asomo al río de mi sangre”.

No es raro que el poeta prefiera la soledad a una compañía donde no exista la armonía de espíritu, aún en plena soledumbre exclama:

“Seguid todos, yo me quedo
Dejadme eternamente con este olor a tierra
y a túnel excavado por las hormigas, en la sombra.
Seguid todos.

Perded vuestros pasos en la lejanía.
Revolved la capa de polvo en el camino.
Hacia la tarde ya estaré solo.
Solo en medio de la llanura y velando
el cadáver de los límites…”

Muchas veces traspone la memoria, siempre la memoria y se traslada a mirarla en el Otro para hundirse lejos, en forma interminable:

Lejos allá al final de la memoria. Lejos.
Más distante. Más. Más.
Como si caminásemos interminablemente
por un bosque de humo
en donde los ríos lavaron todos los caminos…”
Para finalizar: “Estoy sin ser el de hoy”.

Es muy extensa la obra de José Eugenio, además de “Los Limos de la tierra”, 1950; ha publicado “Los ruidos del mundo”, 1962, (Accésit al Premio Municipal de Caracas);”Los Humos y las Voces”, 1963, (Primera edición, Premio Municipal de Poesía, Caracas), y finalmente los “Sonetos Reiterativos”, Caracas, 1975.

Dibujo de Orlando Granados.

¿Por qué  la ciudad y el río? El conocimiento de su obra que reunió el azar, el Ser en su totalidad, está íntimamente ligado a la ciudad y la ciudad es el río, el que no quiere morir sino mecerse recostado a la ciudad y su orilla, y vuelvo a José Eugenio, esta vez en un fragmento de “Los Humos y las Voces”:

…Interminablemente pasa el río.
El río. El río. El río interminable…
Está escrito en el humo, en la piedra
y sobre el limo:

Yo soy
Tú eres.

Él es.
Yo soy la soledad del río
que el tiempo sostiene entre sus manos…
Y detrás del miedo,
oculto por el biombo de los nidos,
el río

lloró sobre el hombro de los pájaros,
y los pájaros
lloraron con el río.

Podría escribir mucho más sobre la poesía de José Eugenio Sánchez Negrón , mucho más sobre el poeta que conozco de casi toda la vida, podría decir muchas otras cosas importantes que conforman su Ser verdadero, espero hacerlo en el futuro. Nuestras conversaciones son largas y fructíferas, prefiero su estado armónico cuando nada del mundo exterior lo perturba. Es el José Eugenio que huyó un día ya lejano de una ciudad que quiso fijarlo en la muerte; no fue así, y ese ser maravilloso, tierno y sensible lo encontramos sin ninguna duda en “Los Limos de la Tierra ”. Pero aquí está el poeta, el hombre quien nos habla; es su palabra la que finaliza lo que considero no es un análisis ni una crítica literaria, es sólo el aporte de una mujer que no es profesora de Literatura, ni periodista, pero sí poeta y así me entiendo. Vamos a oir lo que nos dice José Sánchez Negrón sobre lo que él considera es la Poesía :

“ La Poesía es un acto de magia para vencer el olvido, siempre; porque siendo
una manifestación de la verdad, por ella recordamos en el presente, nuestro
pasado cósmico y atisbamos el porvenir, concibiendo en los niveles místicos
el Eterno Ahora, única verdad y belleza única, que asimismo es invulnerable
escudo contra el olvido en los niveles de esta vida para salvar el amor humano”.

 



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