Ciudad Guayana / Venezuela,


 

 
 
 


Diana Gámez en su escritura

Rafael Rattia

Hay amistades literarias que están destinadas a perdurar y a soportar los más insospechados avatares de la existencia. Hay escritores que enaltecen y proporcionan un orgullo singular en el lector que le sigue atentamente en el discreto encanto de la gozosa lectura. Aun no le conozco “personalmente” pero ya es objeto de culto por su singular inteligencia y sensibilidad artístico-literaria tanto como por su calidad humana y su excelente trato. Primero fue su escritura, sus chispeantes, lúcidas e iluminadoras columnas en la prensa del Estado Bolívar; luego el encantador hechizo de su cálida y enternecedora voz de atildado timbre que seduce en la Radio y en mis fieles conversaciones telefónicas.

Para más (re)señas, Diana Gámez.

Ahora lo corroboro leyendo su magnífico compendio de Artículos, Crónicas, Reseñas y guiones para la radiodifusión.

“PARA MÁS (RE)SEÑAS” . Editorial Predios, 1ª edición, 1995. 100 páginas.

La autora viene de los ígneos fragores políticos de la vida académica ucevista donde abrevó lo más excelso de la cultura humanística universal que se advierte en su zurcida erudición heterodoxa y su audaz prosa ensayística alejada de ese estilo burocrático y amodorrado que rige la mayoría de las columnas literarias y de “opinión” por encargo que impera en la Venezuela de estos tiempos de vértigo.

Este libro de Diana Gámez está hecho de periodismo y literatura; en él brota naturalmente lo informativo y lo reflexivo, la noticia y la idea pensada y analítica. Por más que la autora se esfuerza por ser lo más “objetiva” posible siempre emerge de sus páginas el ubicuo subjetivismo que caracteriza a la prosa (excelente por lo demás) literaria contenida en este centenar de páginas excelentemente escritas. Todos los textos de este libro se hacen acreedores de mi rendida admiración pero hay algunos que son únicos, memorables y me concitan su relectura. Cuando quiero saber si un poema, un ensayo o un relato son buenos, espero a ver si se dejan re-leer: si es así me rindo ante la evidencia y sucumbo a los permanentes encantos de su belleza estética.

Tal es el caso de la recensión de “Crónicas de caña y muerte” del mítico escritor barinés Orlando Araujo, poeta, narrador, bebedor y banquero que sembró una inextinguible leyenda literaria entre los flaneurs de “La República del Este” y del “Triángulo de Las Bermudas” ubicado en la etílica y literaria Sábana Grande de finales de los años sesenta y comienzos de los setenta. Lecturas de rango universal –verbigracia El viejo y el funcionario del historiador de las religiones Mircea Elíade- magistralmente entrelazadas con libros escritos aquende los mares, forman un arco tenso pero a la vez terso y subyugante de polisémico atractivo. Quien lee estas páginas escritas por Diana Gámez siente irrefrenables deseos de buscar los textos originales objeto de sus comentarios y reseñas ciertamente de lacónica extensión pero densos y profundos en reflexión y análisis literario contemporáneo y de historia actual.

Por estas luminosas páginas desfilan en breve y didáctico tránsito poetas como Fernando Pessoa, José Antonio Ramos Sucre, Vicente Huidobro, Andreas Kalvos por citar sólo algunos de los creadores más relevantes de talla universal que fijan la atención crítica de Gámez.

Digno de mención aparte son los espléndidos y magistrales ensayos críticos que la escritora, tal vez por modestia o quizá por exceso de humildad, denomina “crónicas para ser leídas en radio”. En este apartado del libro la escritura de Diana se nos revela con toda su desnudez y, valga decirlo de una vez, en toda su excelencia literaria. Tanto por la certera elección temática como por el magistral tratamiento formal de dichos temas, menester es felicitar a la escritora por su valentía al atreverse a desacralizar temas como “la edad de las mujeres”, las delicias gastronómicas del casabe de Upata, la humildad como valor sustantivo de la naturaleza humana, la fenomenología del chisme y el rumor en la conformación socioantropológica del venezolano, en fin; un rico abordaje literario que no defraudará al lector que lea este centenar de páginas impecablemente escritas desde la pasión por el lenguaje o mejor dicho desde la pasión de la lengua.


2000-2004 Revista ArteLiteral
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