Ciudad Guayana / Venezuela,


 

 

 
 
 


MÉRIDA OCHOA
MISTERIO SOBRE LA ALFOMBRA DE VENUS

Milagro Haack

 


Rara prisión, espejo del más fino
suceso de la sangre y de la entraña . “

Ana Enriqueta Terán .

Todo el fuego viene sobre este instante que alarga otro espacio, cuando las palabras abren un surco y la sutura queda cual típica corona en la < Piel > cayendo con plumaje de Venus, donde el comienzo se entrelaza al inicio de la esencia y el trazo deja huella de vida, siendo manto para dar el paso al tejido de pieza humana. Lo abierto hasta sangrar pálida trascendencia, complaciendo un segmento del universo de Mérida Ochoa, en el mismo momento que la creación fluye dando vida a la naturaleza envolvente. Molde de lo ya creado, llegando siempre intima al espacio que muestra fecunda tierra en inicios de espera: labranza, tanto del agua, igual cómplice ceniza renaciendo dentro de un cuerpo por sacrificio contradictorio, con la fuerza de entre escogidos tálamos. Abrazo alrededor de la membrana tejiendo maridaje, lo profundo en una < Reina dolida > sintiendo a la vez, acopio escote que movedizo vierte medio círculo vistiendo la caricia bajo solas manos. Lámpara, aún de la pérdida junto a propios elementos, que resaltan su tierra, su fuego, su aire, mirando lo perenne en torno a su océano, en el cual reina bajo el signo quebradizo lunar y mismo misterio sobre la alfombra de Venus: poblado alimento que va más allá de la piedra, así, cual lema errante con permanencia en otros espejos.

Fibrosa es la fuente que calla en la superficie el otro líquido viento, cuando la espuma regresa a lo sólido deteniendo la entrada del superior atuendo y coraza frente al mar, que es abrigo del tronco al ras de cierre. Lo silente penetra más allá de su horizonte aéreo, no visto por ser de oculto temple, sin reprimir lo fecundo transformado en sostén del útero: alma de lo natural y dualidad por ser tronco y matriz de la herida que, al mismo tiempo seduce a la madre, a lo infinito, al cuerpo celeste, desde cualquier textura orgánica cosiendo la puerta en oración, justamente con destino al eterno < Ritual >. Todo entra, incluso la llama de su lenguaje vital, que iguala al refugio poseedor de otros entes. Por ello, lo firme está sosteniendo la vivencia que guarda con celo en cósmico cofre y la ceremonia se cumple igual que Artemisa , símbolo que ama a través de la noche: su noche en el momento no castrado, que entero reposa sólo en lo externo, asomando la ojeada que dejó en el acto elevando lo apartado, lo lejano, que santifica las brazas sólo en faz de la esfinge: lo físico-químico, fundido con cubierta tierra embarazando a la naturaleza perteneciente a la misma raíz.

ALABANZA DE LA SUTURA RETORNANDO AL ESPEJO

“mano que emerge de inicial arcilla.
Sin embargo la noche me delata
sabiendo mi inestable vestidura. “
Ana Enriqueta Terán .

Se puede partir de lo terreno, asumiendo otro acercamiento hacia la sublimación del cuerpo para internarse en la piedra: leñosa sombra, cobija del ritual y purificación de su justa tierra.

La presencia de Mérida Ochoa, buscadora del equilibrio que va hacia el espacio y la evocación que visualiza otras presencias: el Cinturón de Orión, referencia donde ella se identifica con lo perdurable del tratado arcano cerca de lo virginal mantenido por herencia de ancestros, y arquetipos que renuevan lo universal en la mujer. Reflejo de huellas por donde pasa lo mágico: sentir a la mujer que labra tanto el aliento, eje de existencia, como la solidez de lo interno que permanece intocable descubriendo esa libertad, que disuelve lo colectivo de crearse, de nacerse de lo ya selvático en el hombre, para ser unidad que brota de la substancia en confidencia con lo creado.

<Filos de la noche> nos abre, alabanza de la sutura retornando al espejo y al presentimiento de un entorno cósmico dador de vida, al placer, al duelo visionario. Yacimiento de ofrendas desde el comienzo y son ofrendas de nuevos encuentros, desde lo primitivo del ser, hasta esa soledad innata creativa que conmueve rompiendo imágenes a través de la piel que nos renueva.

Mérida Ochoa , realidad que moldea esa extrañeza y a la vez asombro de hallazgos, de vuelos amasando el misterio que comienza a custodiar despejado vientre con sus externas heridas: lugar de lo húmedo y centro aéreo de la entrega, tratando de reconciliarse por medio del único y limpio llamado, tanteando la sutura vertida en sola piel: testimonio de que ella es aún la grieta. Sin embargo, no tocan lo que arriba se refleja a modo de apertura alrededor de lo llano, sin ser límite la sublime ofrenda en formas que expresan cuerpos y nudos con luz que prepara otro espacio: tierra surcando las manos, abriendo huecos en los cuales ellos mismos se encierran por la contemplación de la materia que renuncia al mar hiriendo el molde, donde la piedra es humana y palpitación de presencias anteriores, cuando el arquetipo principal es la retoma de lo vegetal voluntario en torno al arte en la cual las manos son caricia misma, que derraman puntos fijos desde siempre, ausentes de miradas íntimas de Venus, pudiendo aceptar la herida siendo la misma agua el otro yo, quien la detiene.

Y retorno al tronco, quieto, que afirma el despliegue como < Madre Universal > sin duda, busto de raíz y materno alegórico por medio del plano cuarto menguante, corteza y nacimiento metafórico guiando un reflejo de luz y razón que invade la obra de Mérida Ochoa : piedra dialogando con la noche, fiel compañera de descalza tierra al fin dejándonos, mezcla de sutura y vuelo en movimiento altivo de la gran madre, dueña del cuerpo, por herencia de sangre y alabanza de la sutura retornando al espejo .

Mis saludos, tomando la presencia que me llevó al ritual velo de Mérida Ochoa , cuerpos ausentes con la niebla que ojea lo escrito, mirado recato del misterio sobre la alfombra de Venus .

Mérida Ochoa, en el cual sólo hago referencia a algunas piezas, en especial de ella, y fueron expuestas en la muestra “Entre el Cielo y la Tierra ”.

 

 

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