Ciudad Guayana / Venezuela,




 
   
 

CLIPS
Franklin Fernàndez


Es necesario vigilar. Aún en la muerte es necesario vigilar, al hombre.

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La brisa esboza retratos olvidados. Aún aquí...

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Que el hombre se piense como otro. Y que como otro se piense en el
pensamiento de alguien màs. El hombre sòlo es otro en el pensamiento de
alguien.

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El ojo que evita a un muerto se cerrará algun día. Se enterarà allì mismo.

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Una lombriz remueve, agita la tierra, como socavando una tumba o preparando
un cadàver.

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Los libros perecen. Estàn condenados; por lo menos, a una lectura.

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El hombre nace en algùn lado y fallece en cualquiera.

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La locura se mantiene por su cordura truncada: como de mono.

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Menos algo, hay algo menos: un casi nada. Hasta quizà no hay nada.

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Acercarse o alejarse de la luz. Esa pulsaciòn suprema, imprecisa,
impenetrable.

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La muerte està viva: està de màs.

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Escuchen al àrbol. Estàn en el dominio de su silencio, de lo que no tiene
voz. Sòlo nos mustra el callar.

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Despuès de la lectura las palabras tambièn me leen. Me acogen como a un
libro.

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El lodo, apartàndolo del agua; es un polvo fino que nos penetra.

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En el fondo del mar hay un vacìo que el ahogado llena.

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El hombre es una vigilia. Incluso hasta durmiendo es una vigilia. Pero en la
muerte no es màs que un vigilante.

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Nos escuchamos mutuamente. Pero al momento de silenciar cada quièn se busca
su propio rincòn.

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Todas las cosas se pronuncian. Hasta una campana se pronuncia, pero no
sabemos dònde.

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Bajo la lluvia el perro se agita. De vez en cuando sacude su peso de agua,
no de perro.

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Cuando estès triste trata de verlo. No de llorarlo.

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La entrega individual del viento. Su presencia sòlo me basta esperàndolo
todo con los brazos abiertos.

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Vivir y morir son una misma razòn de "ser". Para el que muere un poco màs,
para el que vive un poco menos.

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Tengo una sombra, una sombra que me posee como su cuerpo.

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El alimento es vital para el organismo. Vomitar, sentir nàusea, tambièn lo
es.

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Dios es una ausencia falsificada por el mismo.

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La luz, en su agotamiento, no es màs que un cumplido. Cuando se apaga,
evapora transformada en nosotros. Somos como efimeros.

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El espesor de lo "real" es la distancia que existe entre dos cuerpos. Que es
real sòlo entre dos cuerpos.

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Una voz que se apaga en su desaliento, se escucha en algo. En el silencio de
algo.

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En el ùltimo suspiro de una vela el tiempo la extingue. No la brisa.

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Lo indivisible es dividido. Y aùn nos queda ese trozo de algo, còmo de
nada...

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Instinto frutal el de los cuerpos. Cuando se unen, al mismo tiempo se
pudren, unos a otros.

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Los niños pueden despertar. Pero los hombres somo incapacez de ello.

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El tiempo avanza. Muerte, putrefacciòn que invade el ocaso de un perro.

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Una sombra me ignora ¿Serè acaso su luz?.

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Aquello que cae de la rama de un àrbol no es un pàjaro. No, es la caìda de
un cuerpo que aletea: un cuerpo transparente.

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El perro. No todo el mundo puede ladrarlo. Desgraciadamente.

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Las nubes pasan. Son visibles. Pero el hombre sòlo se detiene en lo
invisible.



2000-2004 Revista ArteLiteral
Ciudad Guayana | Venezuela