Ciudad Guayana / Venezuela,



 
 
 

 

Rosario de Ojos de Grone De Lucas
Milagro Haack


“¿Qué hago
yo detrás de los ojos?”

Rafael Cadenas

Cruzando el espejo cotidiano, donde las imágenes recogen un pigmento distinto mezclándose con la realidad de este vecino horizonte que no se esconde, uniendo parientes rostros, mediadores, dialogando sobre el carcomido subsuelo del tiempo, mismo que los aleja con deniego para retornar a lo humano: Entre la frontera habita la máscara, esa necesaria para devolverse a la luz de la conciencia y atraer la imagen que se ha robado el abismo. Bebo de este fragmento de Hanni Ossott, muy propio, de esta -máscara real-, en destierro eje asumiéndolo desde el plano que se ha robado el abismo , entonces, la imagen, descose la médula del ser cuando hay que unir voces para darle un poco de dignidad, al que vive en la noche siendo espejo de esta totalidad que cada día crece, apeteciendo no ser vista. Por ello, el diálogo que propone un artista juntando nudos del espejo lúgubre en vivencias, traspasando lo social dada por la grieta en lo humano, hambreando el pan de esperas hacia el reflejo que lo alza por las paredes, dejando abierta la cicatriz para concienciar el alma de su semejante, hambriento de igual forma por el otro parejo nudo: espejo y reflejo del tapiz que despliega el tejido sobre la cruz donde brilla la carencia. A pesar de ella, los puentes están sobre las mesas, sobre las puertas donde el pan respira, sobre aquello que palpita plasmando iconos asociados a esta totalidad de espacio que sacude lo sensitivo siendo lo pictórico, heraldo de la costura habitada por la voz del Rosario de Ojos de Grone De Lucas.

II

Los Hambrientos

 

“Qué reino buscan para llegar tan pronto?
Aún no respiran sin ayuda,
el pulso se acelera inalcanzable,
y en su piel quedan huellas de otros astros,”

Eugenio Montejo

 

Cimientos que estremecen inmutable, desgranando la seguridad por la existencia humana como un don divino del hombre de la cúpula Madre, abrigados por interés del otro que no respira sino del aire fingido, que no voltea la mirada hacia los ojos de los “Hambrientos”, servida mesa del artista Lucas, que siente a su semejante en propia piel, el hambre que recorre las calles de su territorio, siendo el entreveo de los tantos circulando día a día por todo un continente, por las mismas cordilleras de los Andes por donde dejaron sabias huellas nuestros ancestros, aún, lámpara reflexiva mirando los ojos de un pasado en el aquí-ahora: el hombre construye desde la visión arraigada en los signos pertenecientes a su cosmología; destruye cuando se aleja de los principios naturales, del resguardo humano enlazado con lo espiritual que nos pertenece a todos. Por lo tanto, el verdadero artista toma estos símbolos para trasmutar, dándole luz a la máscara de lo insensible individual, junto al arrojo colectivo. Los ojos son el espejo de esa dualidad del hambre, expuesta por De Lucas en esta muestra, moviendo los espacios, sin dejar atrás el silencio cómplice del otro, denuncia desde la redondez del arte: cumplimiento al mostrar lo real vivido de su época, la búsqueda de la transformación del dolor como lo apunta, fusionando el rojo vuelo sobre lienzos de cuero de vaca, donde deja grabado el testimonio lo alojado en el caracol del alma:

De Lucas, nos invita al diálogo con la miseria estando dentro de los extensos ojos con solo encaro: el ser arrimado detrás de la madera que lo cobija, sin que el frío se apiade de la búsqueda temprana del alimento, mientras hay una oración diaria dentro del ahogo que lo anuda al templo de su propia carne. La otra visión dentro de este diálogo, es la familia, que resiste a pesar del rojo intenso que los envuelve, sin embargo, el techo de luna, de la madre sobre la noche en madrugada los librera, mira este rosario y alimenta la espera. Hay un tejido entre cielo y ser, muy bien logrado, por Grone, a pesar de los envejecidos rostros, lo joven aproxima la esperanza de enlace, entre los matices del espacio, el fuego se mantiene vivo, custodia la pequeña luz arropándolos a la existencia de saberse ya no tan ausentes, tan excluidos del universo atrayente de la imagen que los recrea mostrando la corona del otro día.

“Cuando advino, inopinadamente, una rea de pobreza,
perdí la serenidad.”

Rafael Cadenas.

El pintor muralista, mantiene el hilo tenso sobre la noche con otro símbolo en la serie los Hambrientos: recolector de la dadora puerta. Una estampa muy universal por esta época. El hombre perdido, como el olvido de Dios, pero, ese olvido es de su semejante teniendo en su libradora puerta un solo gesto para calmar la sed, deja lo humano, cerrado con prejuicio monetario. El signo asemeja la vasija, sin embargo, es el hierro contemporáneo que lo mantiene vacío, sólo sirve, para atesorar desperdicios. Sombra del desierto existencial, el abandono, nos presenta la escasez en primer plano, el altivo “Chango” de supermercado, pasajero hoy del ser que duerme el alma, y en sus ojos persiste esta letanía en vigilia de los dioses terrenos prensando su hambre. Hay un destello en esta obra, todo va hacia el pozo de la nulidad, el olvido del ser como ser con el líquido que contamina la razón de la búsqueda del por qué llegamos hasta este infinito en desnudez circular tupida hasta los pies; aún así, es modelo del arco, siendo vigilante y mensajero para trasladar el espejo besando el amago del que oculta la senda de su espanto futuro. Espejo endosado, para pensarnos todos, ya que el alma también necesita alimento, es nuestra conciencia la que debe desdoblar creencias de vestidas manos para precisar la malla que nos refleja De Lucas: metamorfosis del pez en tierra, pálpito de su diálogo interno.

“ De muy lejos vino la lumbre de su grito,
prolongando el relámpago
que somos en esta tierra donde nadie sabe nada. “

Eugenio Montejo

Esquivar la mirada de lo tangible moldeado en cueros, es vivir en un plano fingido, porque al acariciar los rostros, se perpetra en la similitud de asociaciones en signos representativos que propone Grone, como una necesidad de frenar el estremecimiento de su entorno a través del arte: la obra hace conocer abiertamente al otro, revela al otro, nos apunta Heidegger; los personajes de los Hambrientos, igual, no se desune al diálogo con el espectador por muy duro que sea el labrado artístico, nos revela al otro , -los otros-: rostros, delineados con cascadas de surcos cayendo desde sus ojos cual lágrima contenida en el océano tornado mar hasta las mejillas. Todos los ojos son semejantes a la luna –el espejo de otro- que transita detrás del muelle vuelto tablero de una ciudad, merecedora de abrazos para la tristeza bordada dentro de una atmósfera de sumisión como un distintivo ciudadano. Eso, carcome, el hambre del otro, viendo caer el rocío de sus descarnados cuerpos, siendo, sólo son un solar de esperas, no existen , dentro de la otra realidad del sagrario Oro, enmudeciéndolos con repetidas promesas. Respiro de boca seca, no obstante, siempre hay una fortaleza real de alma que se comunica con su espacio, lo vive y se espejea con aquello que golpea a cualquier conciencia honesta . Así, De Lucas, sin poder anular la existencia de la vivencia del artista con su entorno poblando voces, íntimas de sus imágenes, cargadas de una conciencia sensorial, dando como prueba de estar allí, hasta en el olor mendigo del rosario de ojos, de sus iguales, palpando lo profundo en dolencia humana, y nos los muestra como un testigo del soplo de Dios que aún ve en la luna un destello dejado en lo blanco de sus obras, reconcilio vital con los rostros sellados en sus lienzos de cuero, y como ser de diálogo, el alma intuye el navego por todo el universo que lo representa; por tanto, es saberse a sí mismo en continuidad natural, con los semejantes de otras tierras cuando el estigma es la parte cotidiana tan urbano, análogo a las estatuas de las plazas tan ausentes como los hambrientos, ya que no hay un sano miramiento.

III

Rosario de ojos en raíz continua

 

“mientras un pájaro detiene el silencio
y la noche gastada
se ha quedado en los ojos de los ciegos.”

Jorge Luis Borges.

Invariable aparece la salida, en las Escarapelas Celdas: semblante de los círculos muy bien cerrados en estas fotografías intervenidas por De Lucas, dando una sensación hipnótica aislando el subterráneo de su Argentina Hambrienta. Órbitas de diferentes tamaños representando los ojos que los observan desde afuera, los mismos hambrientos entran por el espiral que los absorbe hacia ese sabor gris en la boca. Ellos subsisten, mientras, los famélicos reconocen la lejanía, existen en la alteración que propone el artista, ya que se reconocen tan hambrientos dentro de sus cúpulas sin poder romper la cadena mecánica diaria. Son los robots del sistema, ciegos de otro tipo de cuaresma: sustento de los doce apóstoles apocalípticos bien incrustados en las chapas que aprietan el marco interno de sus nombres.

Grises líneas sobre su rostro
yo no tuve palabras

no tuve hálito
Pensé quizás que hablándole reviviría.

Hanni Ossott

La imagen tiene tendido el final del arco, hay que reunir el humo restante, navegando en el barco Grone De Lucas. Reflexiones, muchas, siendo la semejanza mediadora del relámpago bajo el techo caído sobre nuestra Sudamérica, el hambre que anidamos todos los días a través del alma desdibujándonos con ella. Muchas son las preguntas en este anuncio de la noche: el artista parodia la aridez en sus afiches. El negro resalta, deja desnudo el cuerpo aún con un dejo de vergüenza y sin un mas, medita sobre la respuesta no abrazada. La luna, constaste símbolo de alianza entre el cielo y ser, la Madre recogiendo luz para dar brillo a la creación sobre el rojo trazo que divide la esperanza en las piernas de futuros representantes de la medalla en su bandera. Es significativo la eminencia de la Luna en su recorrido por toda la muestra, testigo hilo que dialoga con el destello mirando los sueños, resguardando cada fase con una verdad poética de su savia fuente: ¿Cómo harán para robarnos la luna? Nadie, puede, somos la redondez sobre el anillo en su espalda, brillo que apunta cuando un patrimonio peligra: los pibes de la Argentina.

 

“No son más silenciosos los espejos
Ni más fortuita el alba aventurera;
Eres, bajo la luna, esa pantera
Que nos es dado divisar de lejos.”

Jorge Luis Borges

Acaso lo presentado en esta exposición, tome el giro conductor para alzar voces de otros exegetas del arte, uniéndose a la mano ayuda. Si callamos, si dejamos a un lado la realidad que quiebra este cielo que nos cobija, estando ausentes de nuestra época por muy inhumana que sea, -ellos- los hambrientos son nuestro espejo abriendo la carente agua enraizando el retorno a lo humano. Por lo tanto, el Principito tiene la corona del día, la ata a la noche siendo la llave de lo redondo que cobra su magia al sentirse dueño de su universo: el hombre, percibe un cariz distinto, son los príncipes que encarnan este testimonio entre el hambre y signos en las fotografías digitales, cuando su capa bien planteada continua dentro del manto lunar de Crone De Lucas.

Sólo me queda apuntar hacia la luna, círculo abierto donde Lucas - eres la pantera -, que busca en los comienzos, no en encrucijada impuesta en lo sociocultural, en la muerte “Chango” como fe de fusión, como portavoz fiel a lo humano: retoño en Tierras Mapuches. Aquí me detengo, desde el hondo fuego transitado, quedándome aún con las manos repletas de esta muestra artística que invade lo castizo en la raíz expresiva con su entorno, dando un giro el íntimo Arco hacia ese tal vez puedan entrar en el alma del Cosmos sin ser los hambrientos del Rosario de Ojos, los ciegos de iguales noches. Un saludo Lucas y gracias por permitirme dar mi voz en tu oración continúa, reflejo de mi espejo escalando hacia Ojo en la sábana de Luna, el nutrimento de tu éxito seguro.

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