Ciudad Guayana / Venezuela,




 
 
 

ALPARGATAS NUEVAS PARA EL JOROPO TRAMAO
Diana Gámez

 

Nunca una recomendación, leída entre líneas en una expresión popular, fue tan oportuna, como aquella de comprar alpargatas porque lo que viene es joropo. El baile empezó hace algún tiempo sin que muchos nos hubiésemos percatado de la presencia de sus mejores cultores, quienes no tuvieron necesidad de comprar alpargatas porque cargaban dos pares nuevecitos en sus mochilas coloradas. El grueso de la gente, aún enratonada por los guatacarazos del 31-A y del 15-O, no tuvo la oportunidad o no quiso darse por enterada que se aproximaba un joropo tramao en arena del circo patrio.

  Muchos todavía no han comprado alpargatas nuevas. Algunos porque están convencidos que siempre bailarán al compás de un bolerito suave y romántico y otros porque presumen que en estos tiempos la nota es la gaita, los aguinaldos y los villancicos. Creen que con el burrito sabanero va camino de Belén. Bueno, la verdad es que por esos lados fumea. Entre Trípoli y Teherán con homenaje incluido, por aquello del apostolado en defensa de los derechos humanos, que tanto el oferente como el receptor exhiben como uno de sus logros más resaltantes.

  Mientras por aquellos lados de imanes, ayatolas, libros verdes lo que se baila es la danza del vientre, en sitios cerrados para disfrute de unos privilegiados, aquí no podemos decir que gozamos del joropo pues su esencia no reside, precisamente, en su sensualidad. Zapateo, escobillao, manos entrelazadas en la espalda son la coreografía de este baile, musicalizado con arpa, cuatro, maraca y la voz recia que sube y baja al compás de una melodía intensa. Las mujeres ataviadas con faldas floreadas y blusas blancas con cuello de tira bordada, acompañan al caballero con su sombrero de cogollo. Ambos, en el fragor del sarao, golpean con sus alpargatas la tierra recientemente humedecida, para que el polvo no impida ver el performance de esta danza vernácula.

  Ese es el joropo, baile nacional exaltado en estos tiempos de manipulación y de patrioterismo efectista. Pero las alpargatas que se necesitan para el joropo que vendrá o que está encima del país opositor son de otra naturaleza. Pues éste es represivo e impone un zapateo indeseado y obligatorio a aquellos que no comulgan en los caneyes de la revolución. Claro que las manos están en la espalda, pero esposadas, porque así llevan a los adversarios a los palenques, donde se investiga y se prodiga la (in) justicia, según la desembosada paranoia de quienes están en las cúpulas del régimen. La música, a decibeles insoportables, es monotemática, obsesiva y reiterativa. Su tema más frecuente es la pieza del "11 de abril", que los joroperos bailan a un ritmo desenfrenado, mientras muchas magnum 45 panean la acción de los bailadores.

  Están obligados a bailar al son que le toque la represión y el vejamen. Los dueños de la rumba cuentan con la licencia que les da el poder para que cumplan su papel de verdugos. No tienen que preocuparse porque si se les pasa la mano, siempre es posible culpar a otros e incluso a las propias víctimas, pues es muy fácil decir que el cobarde se suicidó. Dicho sea de paso algo muy creíble, porque no hay contrarrevolucionario valiente. Todos son unos gallinas que no resisten la fuerza y la gallardía de los revolucionarios de pura cepa, llamados a cambiar el destino de los pueblos. Sí es a sangre y fuego mucho mejor, porque finalmente la violencia es la partera de la historia, como ya fue dicho por su santo patrón. Y esto como verdad revolucionaria es simplemente verdad apodíctica, incontrovertible. Es un tema que no admite discusión.

  Cuando muere un reaccionario no pasa nada. Igual que cuando se van del país gente de sus misma calaña. La idea de la revolución es limpiar al país de esa lacra. Ella -la revolución- sólo acepta seres superiores capaces de dar la vida por su defensa y preservación. No hay seres más excelsos y sublimes que los revolucionarios. Una los ve por allí prodigando sabiduría, generosidad y sapiencia y se siente como una cucaracha contaminada. La verdad es que no deberíamos mirarlos mucho, porque podemos corromper a esos humanos impolutos e inmaculados. Por eso todo lo que hagan está bien. Perfecto y necesario. Es más, todo su "accionar" es maravilloso.

  Sólo hay que ver cómo este país ha crecido en estos últimos seis años. Nunca se había estado mejor. Todas las promesas cumplidas. Los pobres son inmensamente felices en sus ranchos. Los ayunos no son porque pasan hambre, sino porque se necesita gente sana, delgada y limpia. Esa es la razón de la dieta a la que están sometidos. Lo de estar "limpios" tiene que darse tanto adentro como afuera, por eso ni se les da el cochino dinero ni se les permite comer asquerosas y tóxicas proteínas animales. El retiro espiritual y material es esencial en el proceso, por lo que deben permanecer alejados de los vicios del entorno, que pueden adquirir en sitios de trabajo, contaminados por el consumo que impone el imperialismo yanqui.

  Por eso el joropo revolucionario tiene el inefable objetivo de callar de una vez y para siempre a sus enemigos. Vale decir a los bastardos terroristas y fascistas que irrespetan los logros alcanzados. Cualquiera que piense que este no es país maravilloso, tiene que irse o comprar sus alpargatas para bailar el joropo que se ha buscado. Si no que lo diga la señora Haydee Castillo de López y su esposo, quienes encontraron lo que no se les había perdido en el sendero inmarcesible de la revolución. Puede decirse que el hijo pagó con su vida, pero ellos no dejan de estar en la mira de los defensores de la bonita y bolivariana revolución.

  Odio, venganza, violencia y resentimiento son combustibles esenciales para mover la máquina revolucionaria hacia donde han decidido hacerlo los seres superiores que la dirigen, o el que la dirige. Nunca estuvo tan justificada la exaltación de esos sentimientos en el corazón de un pueblo, que fue explotado, maltratado y que ahora goza de los dones, beneficios y generosidad que el proceso les prodiga a manos llenas. Pero, a los reaccionarios, a los escuálidos y otros enemigos ni agua. Todo lo contrario, que se preparen con sus alpargatitas nuevas, porque lo viene es joropo del bueno.




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