Pronúnciame
Pronúnciame. Siente mi eco.
Ficciones que aparecen en el vaho de un temor.
Sumérgete en lo extraño de mis líneas:
quiero hacer poemas los besos que no doy.
Y aviva lo estéril de mi entraña,
presagia tu propóleo en las celdas de mi voz,
y zúrceme los bordes con perpuntes;
anuda mil y un zángano a las faldas de la flor.
En las cuencas de la fragua yace el barro,
son mis dedos albañiles, instrumento y perdición.
Y puéblame, merma afonías,
quiero hacer poemas las caricias que no doy.
Desvestir de ausencia hasta monólogos
y diluirme en lo alcalino de los tropos aliñados de alta fiebre y vaporón.
Pronúnciame. Siente mi eco.
Pretendo hacer poemas los orgasmos que no doy.
Nocturna mengua
Ecos venenosos mutilan mi noche.
Perversas sonrisas en ionesca irreverencia
linchan mis ganas.
Es ácido el aliento, arden los ojos
-lagrimas calcáreas apagan murmullos
pesa la muerte que no llega y se implora.
Cual caricatura de mujer deseada
me rehogo en mil y un miedos y en sapiente ambigüedad.
Merma el resabio de una vida y sus consortes:
rayuela de dos que esculpe un tres.
Pesa el exilio con su escándalo
-trasegado, mortecino-
daga feudal que pesa y pesa.
Augurios y ecos revelan las sombras
se zurcen las ansias, trascienden.
(Y mengua el rescoldo de una era y sus melindres…)
Líquido propicio
Noche despierta:
bestia insaciable de secretos.
Moraleja sin destino. Laberinto ruin
de ponzoñas y de fiascos.
Líquido propicio, caldo de cultivo.
Detengo mi corazón para escuchar,
sólo el eco de la sangre regurgita.
Mitosis segura, reduzco la calidad
de mi materia. Me desdoblo,
me divido.
Queda conmigo la que soy,
sigue contigo la que anhelo.
Tiembla mi voz.
Tú:
líquido propicio, caldo de cultivo…
Inercia
Mil hojas.
Radiografías de vísceras que arden,
lagartos en festín.
Yo lejos, tú lejos, nosotros lejanos.
Arenas corrosivas marchitando dermis;
y no anda descalza,
gatea.
Un ovillo, un nudo, un germen hay:
émbolo eclíptico que invoca al sol,
calla los vientos, vence la inercia;
reinventa.
Mil hojas,
tres hojas,
hubo una vez;
un tiempo…
Égloga de ti.
Llanura abierta.
No hay escondite, posibilidad.
Me tomas, arrastrándome al abismo.
Bruja virgen de las sombras
y del vértigo.
Lucha titánica de extremos.
Medusa de subterfugios viles.
Rodéame, paralízame.
Te desvisto a ojos cerrados
y te veo, soy multitud.
Descongélame.
Derríteme tentáculo a tentáculo la fiebre de la piel.
Abandona tu sombra que me sigue. Descálzala.
Quiero abrazar, abrasarte,
tú te burlas en estocada mortal.
Anémona de lastres y de miedos;
inefable sumisión.
Cáliz esencial
“Mis dedos empapados de ti desde hace siglos, te reclaman…”
AR
Humedad relativa mas no absoluta.
Agua que ríe,
saturación de mi materia.
El ayuno invade pecho enhiesto
-se sueña espumas en homilías amancebadas-
Afán de muslos y de astuta lengua;
fisura íngrima re-absorbe.
Veda sin tiempo, súplica con bocas,
agobio oscuro, despojo.
Agua que llora:
sublimación de mi elemento.