Ciudad Guayana / Venezuela,


 
 

 

 

POEMAS DEL LIBRO INÉDITO
De la pasión desvelada
Néstor Rojas

 

 

 

Es preciso deshacerse de la piel
de todos los amores.
Ser tenaz e insistir en uno mismo
hasta que los sentimientos
se queden sin fondo ni memoria
como recién nacidos.
¿Será preciso también
madurar los latidos desvelados
para postergar el morir?

El preciso despojarse de todo lo que duele,
de las penas amargas
porque el corazón se endurece
con las secreciones del odio
y se crispa como un órgano herido
cuando da y no recibe.
¡Cómo siente la invisible furia de los desamores
que desgastan el vivir!

Las líneas de la vida no retroceden,
desaparecen en el viaje
sin retorno.

 

Lo desvelado,
lo que tuerce la mirada
sin entregar su bandera
desde algún rincón del corazón
se desnuda
para aliviar su carga de pasiones inútiles.

¡Cómo tocar lo que mis ojos
no ven!

El alma no es un árbol,
es aire meciéndose entre las ramas
del desvelo.

 

El revés de lo que existe,

lo incierto o el extremo tembloroso
de lo que puede ser lo tal vez
o lo posible,
¿será acaso lo que habremos de celebrar
desde la una y mil veces restituida esperanza?

Lo que no ha sido aún
desconoce el fervor
de los latidos ciertos y acompasados
del vivir.
No tiene historia ni voz,
ni días ya vividos.
Apenas es la promesa del gesto,
el quizás crispado
en los bordes imprecisos del futuro,
esa otra forma del misterio.

 

El pensamiento es la sospecha

más cierta
de que somos,
entre todos los animales,
seres inferiores.

Lo que siente y no logra descifrar
con la razón
es la mínima diferencia que lo separa de sí mismo
y lo acerca más al mono.

 

A veces

me abandono al azar de los acontecimientos
y ante el gesto insomne de la vida
que pasa con sus penas y glorias
dejo mi desnudez
libre y agreste
como mensaje de todo lo que fui.

A veces nada espero:
sólo voy
inexperto del misterio
hacia la última trampa
que nos tiende ese invisible tramoyista
que llamamos Dios.

 

Con los años

he ido perdiendo
la visión de las cosas.
Sólo la claridad del pensamiento
me visita de noche
y me desvela.
Pero mis ojos ya no ven
los detalles ni las sinuosidades
de las formas y sus disfraces.
Solamente leen las escrituras más claras del día.
Pero con anteojos.




2000-2004 Revista ArteLiteral
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