No se trata de buena intención, sino de una sistemática acción eficaz, es
decir, de una política económica que no permita las explotaciones ni las
concentraciones de riquezas que son las barreras únicas para la igualdad.
Por lo tanto las ONGs no suponen una solución ante el problema de la
pobreza, más bien alivian localidades de pobreza o llenan un “saco roto”
como esperanza -con recursos para intentar aliviar tales localidades- porque
no quede totalmente vacío.
Mientras existió el Estado imperialista él mismo protegía a sus ciudadanos
contra la miseria a costa de saquear pueblos y de explotarlos, así el Estado
funcionaba: hacía progresar a unos países desmedidamente concentrando en
ellos materias primas, fuentes de energía y “esclavos”. Pero las sociedades
de esos países ambicionaban mejores comodidades y libertades, por lo que no
querían a un poder centralista que tomase todas sus decisiones y las
reprimiera sólo en pos de un crecimiento económico dirigido por las clases
sociales apegadas a él, sino que acezaban un vía libre de mercado con sus
propias autonomías gremiales desuncidas cada vez más del modelo del
vasallaje y el de la resignación religiosa.
Al fin, alimentado por la Ilustración y materializado políticamente por la
Revolución Francesa, nace el “liberalismo”; significando, en esencia, no
mucho más que la liberalización del mercado con respecto a los usos y abusos
que de él lograba el Estado. En consecuencia o a partir de ahí la mayoría de
las opciones de progreso fueron “liberales” en sus intenciones iniciales,
venerándose el bienestar social y “glorificándose” la carrera económica sin
cadenas por conseguirlo en cuanto a que ya eran, comoquiera se apostara
cualquier inversión, libres las especulaciones, lícitos los asociacionismos
financieros, lícitas las presiones económicas para crear “por vida o por
historia” ventajas o bolsas de riqueza, para salvaguardar privilegios en
función de niveles o parcelas de poder económico que utilizaba o manipulaba
a una servidumbre atrapada o “cómplice” de esas mismas reglas de juego.
En efecto, poco a poco se reforzaban los vasos comunicantes entre los
aventajados poderes económicos y se imponía, así, un sistema que no tenía
marcha atrás para luego establecer a unos muy ricos porque sí, a unos
preocupados “por la cirugía estética y a otros pudriéndose de lepra”, por
encima del bien y del mal: un “sin-remedio” de más y más acumulación de
riquezas frente a ese resto del mundo al que se le obligaba a aceptar una
reglas ya “sagradas” –cristianizadas "en lujo"-, irrenunciables. No
obstante, ese sistema necesitaba una justificación, un enemigo al que
siempre culpar; y fue la disidencia socialista junto a cualquier otro
sistema social-político opresor o no que disintiera.
Es cierto que el régimen soviético no defendió siquiera el socialismo que
pregonaba, pues, oprimió, manipuló una sociedad para fines bélicos y
expansionistas, esto es, impuso normas injustas –que recordaban al vasallaje
del Antiguo Régimen- por una igualdad que nunca se materializó reprobando,
sobre todo, las dignidades individuales.
Bien, para que sirva de aclaración, el socialismo y la lucha sindical han
ido por otro camino en las sociedades democráticas –han estado en un
contexto diferente y no se debe olvidar-; por ende, el socialismo
democrático a la fuerza ha sido liberal –en cuanto a que no ha aceptado el
totalitarismo del Estado-; pero ha presionado para que los beneficios
económicos y sociales de una nación reviertan en toda su sociedad
directamente. De ahí el ecologismo en contra de los abusos de la
industrialización, el feminismo por la defensa de derechos laborales iguales
entre hombre y mujer, el sindicalismo en contra de la sobreexplotación, el
laicismo frente a la manipulación de la Iglesia y, ante todo, su activa
contraposición a las multinacionales que mueven los hilos de la
globalización. No de balde, según tal consideración, hay que distinguir
“liberalismo capitalista” del “liberalismo progresista”.
El liberalismo capitalista es “el que manda” no presionando tanto sobre las
reglas económico-sociales que dirigen el mundo; por el contrario, el
liberalismo progresista –en el cual se han instalado también partidos “de
centro”- es el que presiona al anterior para que “mande menos” a favor de un
progreso que tenga en cuenta la igualdad en la sociedad.
Hoy en día no existe una derecha no izquierdizada –pues “se han hecho”
asumiendo y aplicando medidas de igualdad –de socialización de la riqueza-
aunque no lo reconozcan, claro. Sin embargo, unas son más progresistas que
otras.
En fin, la realidad en el mundo es ésta: la pobreza aumenta, las
enfermedades, el analfabetismo y los desastres naturales afectan más a los
pobres, la exterminación del indigenismo casi se ha conseguido, la
emigración de pobres se maltrata, la industrialización conducirá al
inevitable “cambio climático” y presionará siempre al Medio Ambiente -con
cursilería o sin ella-, los países ricos derrochan los medios que adquieren
de todo el mundo en la fabricación y en el uso de las armas, etc. Ante eso,
conservar tal como está el sistema capitalista es sólo inhumanidad y locura,
seguir concentrando riquezas es sólo inhumanidad y locura contra los que se
mueren de hambre. Occidente tiene, sí, una ética vacía "en la actualidad"
como cultura coherente, aunque de forma individual se cumplan algunas
excepciones.
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