A Olga Martínez y Paco Robles los conocí un día sábado, que los hebreos han elegido, ellos que son el pueblo elegido por Dios, para su religioso descanso. Estaban sentados, junto a Ramón y Lucía, en un local que trata de ser el único café del apaciguado rumor, que es el Centro Histórico de Angostura. Ahí estaban, acaso protegiéndose del sofocante calor del mediodía angostureño, mientras disfrutaban de un café negro casi agua -guayoyo lo llamamos por tierras venezolanas- y de unos jugos de frutas, los únicos productos que sirve "Plaza's Café Concert", que es el más que fantástico nombre de ese lugar aledaño a la plaza de un nombre no tan imaginativo y que se repite en todas las ciudades y pueblos venezolanos: Plaza Bolívar.
Llegué al café, como lo hacía casi todos los sábados, luego de comprar los infaltables periódicos que acompañan mi ocio de fin de semana. Saludé al dueño del local, Naim, un personaje al que me unen afectos y proximidades parentales y que luego de un periplo que lo llevó a no pocos países, regresó, como dicen que regresan los hijos pródigos, a Angostura a vender café, jugos y empanadas en cuatro idiomas, que son los que aprendió entre su vida de estudiante y la de vagamundo. Estaba, también, el infaltable compadre de Naim, el poeta Pedro Ostty, ocupado en resolver el día a día con la venta de libros, propios y ajenos.
Ya Pedro había establecido su particular diálogo de mercader de libros con los desconocidos, a todas luces extranjeros, ofreciéndole su mercancía. Españoles, dijo Pedro, dirigiéndose a mí. Catalanes, rectificaron aquellos, mientras me los presentaba, al mismo tiempo en que el poeta Ostty confesaba mi aún tibio acto de fe con el mundo: la de ejercer, con pausas, a veces prolongadas, el "oficio" de poeta.
Recuerdo que Pedro les vendió Agrio de colmena, un poemario de Francisco Arévalo como si fuera de su autoría, con la silenciosa complicidad de Naim y mía. Firmó el libro, usurpando el nombre del autor, que es nuestro amigo, y tomó el dinero pensando, como siempre lo hace, en que había salvado el día. (Luego me explicó que había dicho que él no era él si no Francisco, porque a la gente le gusta llevarse, su ojo y olfato de vendedor de libros así se lo habían enseñado, los libros firmados por sus autores) (Además a un poeta se le perdona una travesura, concluyó no sin picardía).
Intime con los cuatro catalanes, de Arenys del Mar para ser más precisos. Supe que ya llevaban un mes en Venezuela, que habían estado en Mérida y que habían venido a Angostura buscando el Orinoco, aún más soberbio que el que recorre la ficción de Verne, y Canaima, donde las aguas se desprenden en complicidad con el infinito.
Supe, también, que Olga y Paco son profesores, en su ciudad, de letras en educación secundaria, que viajaban frecuentemente, no con el desfallecido ánimo del turista, sino que lo hacían para conocer la literatura de los países visitados, que regresaban a ¿España?, a Catalunya, sí, con un equipaje sorprendido y enriquecido gratamente por poetas y narradores venezolanos, y que mantenían una punto com dedicada a la literatura hispanoamericana. Y que, además, tenían en mente la creación de una editorial. Un proyecto que, viniendo de catalanes, editores como pocos, ya podía considerarse como hecho predecible.
Tres w punto sololiteratura punto com, es la excelente página que mantienen Olga y Paco. Allí están Borges, Sabines, Paz, Sábato, Cortázar, García Márquez, Bolaños. Allí están todos los países de América Latina, con sus datos geográficos, históricos, políticos. Y allí están los escritores de cada uno de los países, los más y los menos conocidos, que es decir leídos. Y que están debido al trabajo y la perseverancia de Olga y Paco.
Hoy recibí un correo electrónico, acaso el único correo que ahora se recibe, de mis amigos catalanes. Me avisan de la publicación en su sello editorial de la novela del escritor aragonés -la península parece que sólo es eso, una península de nacionalidades- Javier Martín, prologado por Enrique Vila-Matas.
No es el primer correo que recibo informándome de la publicación de alguna obra por "Candaya", que así se llama la editorial que han echado a la buena de los lectores Olga y Paco. Ya llevan varios títulos en poesía y narrativa. Y, estoy seguro, vendrán otros.
Era, como dije, previsible. Desde aquél día en Angostura y hasta la próxima en Arenys del Mar. |