Entendiendo que para Bertold Bretch el mundo fue un devenir y que se planteo en la construcción de sus personajes un despertar de motivos que en cada ocasión los harían reflexionar y motorizar en ellos no al hombre como debía ser sino como tenía y tiene que ser; yo agregaría - como podría ser - , asumiendo el riesgo de cambio a través del poder y el riesgo de tomar y generar decisiones.
Este ser determina su reflexión, su estado conciente. Es éste ser el que crea las tensiones en el curso y desarrollo de las piezas teatrales; se evita la tensión inicial ya que cada escena se cierra y es en sí misma (se independiza, no es puerta para la siguiente escena), por que existe autonomía del cuadro en Bretch. En sus obras todo sucede en curvas y se desarrolla a saltos; en la tradición del arte teatral lo que acontece en la letra es lineal, la naturaleza de estos dramas es menos movediza no se produce en ellas como en las piezas del maestro alemán un desarrollo alterado o a saltos.
Bretch implementa el siguiente hecho: el hombre es objeto de estudio; en la escena tradicional el hombre ejerce un “supuesto” dominio sobre sí y sobre su conocimiento. El Teatro Tradicional es sugestivo y alienante; en Bretch es un instrumento que trabaja con las sensaciones y los sentidos.
En Bretch se supera la alineación por medio del “efecto de alejamiento”, no se procuran reflejar como en el tratamiento Naturalista: las cosas, los hechos y los hombres. Sino que se presentan como un fenómeno, en tanto que se logra acercar al espectador a la identificación y en cuanto a que existe una ruptura repentina, abrupta que hace rechazar la alienación y descubrir las verdades por lo tanto en este autor el espectador es enfrentado y confrontado a la acción. En cambio en el tradicional es introducido en la acción, bajo el mecanismo de la sugestión y la empatía.
Bretch es sin lugar a dudas un gran narrador de acontecimientos y en la escena tradicional es frecuente encubrir y encauzar las acciones escénicas absorbiendo sus actividades en lo que de ficticio, sugestivo y simpático poseen, logrando una especie de sinergia con el otro.
En la idea teatral del alemán el comportamiento de los espectadores es menos pasivo ya que orientan y despiertan sus actividades, los obligan a experimentar sentimientos, los conllevan a tomar decisiones. El creador de La Ópera de Tres Peniques, no les participa vivencias a su público mas les participa conocimientos.
Para los actores tradicionales, el pensar determina el ser. En los comediantes de Bretch, el ser social determina el pensar (uso de la forma épica). Igualmente la economía planteada en la dramaturgia de Bretch es producto de su ideología; es épico y gestual, dado que su método es didáctico, sencillo y aclara hechos. Recordemos para cerrar esta paradigmática frase: “Camaradas, la forma de las nuevas piezas es realmente, nueva”.
Sirvan estas palabras para anunciar la obra de quien en vida siguió los pasos de Bretch no sin antes someterlo a la lente de la crítica; bajarlo del pedestal, de la idolatría y la tradición y proponiendo desde su apuesta dramatúrgica un golpe de timón a todo lo acontecido en el teatro en los últimos treinta años del siglo veinte e inicios del siglos veintiuno, me refiero al anárquico y revulsivo director de teatro alemán Heiner Müller del cual daré cuenta en las siguientes páginas a través del ensayo La Diáspora de Dios.