POEMAS INÉDITOS DE FRANCISCO ARÉVALO
Ilustraciones: Carla Daniela
OFICIO DE CATCHER
Las luciérnagas han envejecido en el espejo mundano de los girasoles
Es en ese espejo donde yacen dispersos discretos actos de mendigo
Los ramajes con almendras de la memoria
Y retomar los primeros días de septiembre
Llegando a la conclusión que medio siglo es nada
En el centro de la nada inmóvil
Lo único que cambia es la ternura de la mañana junto al rìo
La bandera honda enterrada en la eternidad
El ajetreo de las madrugadas con aciertos
El pan nocturno que toca el paladar hasta decir ¡basta!
Cautivo de la premura se llega al blanco de los lirios marchitos
Y es que tu vientre de ciudad es un acantilado donde consigo mi mirada
Levanto las costras que vienen con los humos del sueño
Ese fluvial animal que ordena mi rastro
Me aleja de las espigas y los remolinos que intoxican
La fiebre automotor con el crujir de las estampas
Y me consigo con este oficio
Que mata el pudor habitando la casa sin ventanas del silencio
Desgajando la cruel falsedad de la nostalgia
Y las pestañas con párpados se me convierten en sembradíos donde reposan las avispas
El ajado consuelo que llega en menguante
Cuando la incertidumbre abre sus brazos mojados
La trampa que yace en las miradas de reojo
Para acostarse pulcramente con la noche y sus malentendidos
Y descubrir en el fondo que medio siglo no son nada.
Primeros días de septiembre 2009.
LUNA LLENA CON ASTOR PIAZZOLLA
Levanta la cortina para que veas el cielo telerañoso
Sonoro y determinante cuando se empata al rìo
En las derrotas hallamos la medida de nuestra infinitud
Los registros de la ruina con su encanto en la helada sonrisa del arcoiris
De què enjambre nos expulsaron y en què espalda yace la decisión
Siempre llegamos al remolino con su melodía que nos azota
El charco que nos abraza hasta las rodillas
La mirada de vereda con nuestros antepasados
Si el descuìdo nos toma del brazo en una esquina
No hay que ponerse necio
La tarea es zambullirlo en el aburrimiento
Porque la mujer pàlida de tanto dar amor yace desparramada
Y volveremos a los paredones donde colgamos amores hipotecados
La antorcha con olimpiada personalísima
El estuche con nuestras canciones que no apareciò
Allì estàn los bostezos de resina de las chimeneas
La vulgaridad del pavimento tragàndose las palmeras
Para acariciar los capuyos de febrero viendo los gavilanes acechar
Desheredado y tajantemente audible en el vacìo
Apaleado y desnudo en la trinchera de algùn amor tropical
Es en la hegemonìa de la seda y el sabor a tortura deliciosa de la mostaza
Ese trozo de melancolía con rebeldìa que me endereza el espinazo
Julio 2009.

Arévalo en la presentación de Adiós En Madrid.
CRAZY DEL C.C BABILONIA
Yo lo vì caminar con su terror achantado
Fatigado de la colosal quincalla que pateamos y venimos siendo
Vièndose el ombligo 100 veces al dìa
Esos pasos de tarado elegante que germinan en el reposo
Y es que hace tiempo dejò de verse en la cola de víbora
Su mundo de pedrerìa y ternura en lo remoto
Los dìas golosos con traspié en el trapiche
Y las ganas que se van con el aire
Yo descubrì en su mirada los vuelos de un colibrí
Un navegar mares sin destinos y muchos puertos ardiendo
Detràs de esas uñas de montaña cuàntas espaldas
Con las manos abiertas ante estos dìas desteñidos
En este paìs de chulos un loco màs que arruina el abecedario sin algarabías
Desterrado y diluido en lo añejo
Al margen del fogòn y los tejados levanta sus alas de ausencias
Su pañuelo de indiferencia luce invicto
Porque hay señas que no se marchitan
Ni atajos donde acampar en este mundo certezas.
LOS MUROS DE MI CIUDAD
Puerto Ordaz 11:35PM
No se le debe temer caminar sobre las tachaduras
Si los pies vienen con la ausencia de las espuelas
Y el jardìn es una mentira tan certera como la ardua oscuridad
Garabateo un manifiesto para creerme vivo
Y los gallos estrujan la mañana hasta el desangre
Me espìa el bandoleòn herido de Piazzolla
La espuma escupida desde la tramoya de esta ciudad de zombies
Aquì no sobran las sombras
Se perfuman con el rictus del fastidio
Con la muerte de la lealtad en cada paso de cayena
Veo a la gente de BIEN con sus barrigas infladas y sus escrupulos disminuidos
Las paredes que atropellan el paisaje
Por aquì la cordura tiene que ver con hàbitos carnìvoros
Una mujer en mi barra vestida de algarabía habla de sus equivocaciones
Noches con testículos y tahùres
Nunca le he huido a la ventisca
Astillas con sobresaltos
Las estrellas que bajan y duermen
Y no nos prestan atención
O sencillamente no nos paran bolas en las mesas de lujo
San Felix 7:15am.
En los susurros las puertas que alargan el olvido
El amarillo que siempre toca mis pasos
Detràs el silbido de la cañabrava
Aquì suspiro en el farallón delicioso de unas piernas
Entro en contradicción con las ùltimas tendencias de la siquiatrìa
Y me paro firme ante los rigores de la duda
Estas palabras toman un tono celeste que abraza las piedras
En esta orilla lo ùnico que no es reciclable es el cielo
Sobre el verde fracturado se arman las celadas
Los clítoris infinitos de las odaliscas.

Francisco Arévalo (San Félix, 1959), autor de las novelas La esquizofrenia de las golondrinas (Premio Fundarte, 1999), Adiós Matanzas en invierno (1999) y Tropiezos en el campanario (2008), así como de los poemarios Brote (1989), Nadie me reina en estos parajes de hormigón (1993), Sur (1995), Alcoholes de otra iglesia (1996), Algo más que baladas agridulces (2001) y Agrio de Colmena (2001), entre otros,
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