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OJO DE BÚHO

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OJO DE BÚHO..............Teresa Coraspe

Manuel García Verdecia

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Manuel García Verdecia, Holguín, Cuba, profesor, escritor, editor y traductor. Licenciado en Lengua Inglesa. Graduado en Lengua Francesa. Varios libros publicados, Premio Julián del Casal de la UNEAC, en poesía, con su libro El Día de

La Cruz; finalista en el Concurso Casa de Las Américas, 2010 en poesía con Antífona de las Islas (Poesía), y dedicado a su trabajo de redacción y traductor en su pueblo natal, donde imparte talleres de lectura y Literatura, y escribe su columna de ensayos en su Bitácora de Odiseo en la web www.radioangulo.cu . Es un prolífico escritor dedicado a tiempo completo a su obra, con esa dedicación amorosa que reitera día a día a través de su columna ya mencionada, donde el lector puede entrar a leer otros ensayos de gran importancia y de interés para los amantes de la cultura, y donde de alguna manera, nos identificamos con su palabra de creador completo que es. Es así como responde a una de las tantas entrevistas que le han hecho: "...el poeta y el narrador conviven en el modo en que soy una misma persona que siente y sufre. Vivo atento al mundo, con dudas, interrogantes, ideas y anhelos. A la hora de expresarlos ellos hallan su acomodo como texto que puede tener otra forma génerica. En general soy un poeta.

Alguien que ejerce la poiesis, o sea, la creación mediante la palabra".

Así se expresa Manuel García Verdecia, y más que eso nos habla su palabra a través de El que oye la piedra y Almendro poemas de una gran lucidez cradora.

TC.- Cd. Bolívar



El que oye la piedra



Hazme el que oye la piedra

R. M. Rilke


Tú que se dice estás en lo hondo en lo alto en lo invisible
para poder aquello cuanto se pueda
permíteme escuchar el silente hablar de las cosas
me cansa ya la torpe cháchara de mi tiempo
hay tantas pero tantas palabras sin nervio que marean
incontable hojarasca de un otoño que no se renueva
droga peor que la heroína

no lo parecen y te dejas y te pierdes
todos vierten palabras al vacío del mundo
horas meses quinquenios de palabras invasiones de palabras tiranías de palabras
chocan entre ellas y se alzan en un tornado estridente
allí creemos notar asomos de un puente a lo posible
pero no llevan médula solo huesos roídos
¿por qué damos siempre lo que ya no sirve?
¿por qué queremos engatusar al otro
si en lo que vemos ganancia hay también engaño?
¡ah qué cargante es todo esto!
oscilamos en un oleaje turbio que ni cesa ni avanza
¿por qué no hablar el alma y sus potencias
ese lenguaje que late en la muda piedra?
el viento cuando me palpa ¿qué intenta decirme?
la lluvia cuando me besa ¿qué quiere pedirme?
las estrellas con sus guiños ¿qué nos advierten?
todas esas piedras que miran atentas ¿qué saben?
vivimos una estación de falsificaciones
de palabras y gestos cubiertos en piel de cabra
siempre tras la primogenitura
nos cuesta discernir la liebre del gato el ungido del falsario
gastamos nuestras pocas monedas de irremplazable tiempo en baratijas que no sustentan el ser
y escapan a nuestro lado las aladas semillas de lo cierto
oh Tú poder que todo puedes
enséñame el lenguaje de la lluvia y las nubes
del ave en vuelo y la tamizada luz
hay un habla indecible que está en mí y quiere brotar
no quiero más este sujeto dentro y predicado fuera
que todo sea sujeto sin necesidad de predicado
no quiero más que esto
piedra que escucha la piedra
viento que entiende al viento
agua que habla al agua

27-07-09



almendro

hubo un país cierto donde crecía un almendro
allí la brisa limpia el agua clara fueron verdades
porque la nitidez amamanta la inocencia
un país de angustias no sabidas
de miedos imprecisos surgidos de penumbras pasajeras
las rojas y amarillas hojas hacían vibrar el aire
como banderas que anunciaran interrogaciones
para él también la prueba de Dios fue una rama de almendro
cada día el niño se sentaba a boquiabrirse inquisitivo
edad hermosa de las mil preguntas que ni Scheherazade sacia
y la respuesta dada ayer no llena el blanco de hoy
era la noche menos larga por la certeza del almendro en la mañana
al levantarse y verlo allí sabía que nada lo vencería
en el suelo las hojas peces de colores boqueaban

dulces augurios

así el almendro parecía crecer dos frondas
una de las preguntas que alaba el aire
otra de las respuestas que volvía Dios
triste tiempo venido donde el misterio no anima
¿dónde están el almendro y sus banderas?
¿dónde las aves hurgadoras de lo remoto en la tarde arrebolada?
¿dónde el suspenso de tanto vuelo que no bastaba el aire?
en su lugar prospera un yermo basuriento
y ni siquiera un árbol que albergue el otoño

24-03-07

Actualizado ( Sábado, 05 de Febrero de 2011 20:57 )  


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