OJO DE BUHO-----------
Teresa Coraspe
NO EXISTE ELCRIMEN PERFECTO
Presentación: Al recibir la crónica NO EXISTE ELCRIMEN PERFECTO, de la escritora argentina María Gabriela Abeal, no dudé en considerarla importante y novedosa. A medida que la vamos leyendo nos rodea una atmósfera de misterio que, va desapareciendo tal como avanza la lectura y es como de repente nos encontramos frente a un personaje real que tiene nombre y apellido reales, el escritor peruano Hildelbrando Pérez Grande, quien firmó su obra con el seudónimo de Rafael Yamasato, por estar inmerso en los vaivenes y giros de las políticas latinoamericanas en épocas pasadas. Pero esta es una breve nota, porque la que realmente nos tiene que decir, con ese estilo limpio y sencillo, agradable y sincero, es la poeta Gabriela Abeal y gracias a la lectura de este círculo en que se redondea su crónica, uno puede adentrarse en el mundo de irrealidades y conjeturas, donde se
impone de manera perfecta la realidad para hacernos ver la vida de los autores y su obra, su vida enmascarada muchas veces, justamente para preservarla. Así los invito a leer con atención la crónica en este Ojo de Buho, donde desciframos que, realmente, tal como dice el título del texto: No existe el crimen perfecto.
No existe el crimen perfecto
María Gabriela Abeal
“Tendida como un arco iris, vuelves a mis predios” Yamasato.
Hace casi un año me fue enviado desde Venezuela un paquete el cual contenía unas plaquetas a mi nombre y varios libros de regalo. El famoso envío vaya a saber el por qué del destino recién hace unos meses (luego de muchas vueltas) llegó a mis manos.
En esta época donde todo nos llega vía Internet, recibir por correo postal libros o cartas trae impresa una magia y alegría que aún la tecnología no ha podido desterrar.
Entre los libros encontré algunos que me gustaron más que otros y dos en especial me llegaron profundamente, del que les voy a hablar ahora es del escritor Rafael Yamasato y el libro en cuestión “Estambre”. Como siempre empiezo los libros de atrás hacía delante lo primero que leí fue la contratapa, esta decía: “Rafael Yamasato, nació en Ferrañate, Lanbayaque, Perú en 1945 y murió en Santo Domingo de los Colorados, Ecuador en 1975. Allá por los años 80, Fernando Villaraga viajó al Brasil por asuntos académicos y nos dejó en custodia algunos ejemplares de su biblioteca personal, entre ellos Cuantos chinos del Viento breve de José María Iztueta, El montacerdos de Cranwell Jara Jiménez, Las obras escogidas de Jorge Zalamea y un cuaderno de sobrio diseño que llamó nuestra atención: “ESTAMBRE”, de Rafael Yamasato. Poesía de lo cotidiano, la irreverencia del amor y el desplante construida en un lenguaje delicado y vigoroso que compartimos con los amigos en parques y salas de lectura, en los bares de las ciudades y pueblos que visitamos, hasta que un día se perdió entre las caricias de las manos poéticas de algún bardo. Pasaron años y entre las pequeñas cosas en que transcurre la vida, en Río Caribe, apareció de nuevo el libro en un estante antiguo, tocados por la emoción decidimos ponerlo a circular bajo nuestro sello editorial (La Espada Rota) para el disfrute de la juventud, y para que se conozca también entre nosotros esta muestra valiosa de poesía latino americana” y así sucedió, cruzó fronteras, irrumpió de los estantes olvidados, viajó kilómetros se perdió nuevamente pero un día como dije antes llegó a mis manos.
Al abrirlo pasé de largo el prólogo y me metí de lleno en los poemas.
“NORIKO”
Caen a tus pies las hojas amarillas del almendro
y aprovechas un descuido mío
para decirme que aún hay tiempo de amar lo ya amado.
El viento no solo juega con tu pelo
y las hojas amarillas del almendro: tus palabras
penosamente se arrastran
hacía la alcantarilla más cercana y es mi turno
para enamorarte con una voz
que no es la mía sino de un huracán que se hace brisa:
Qué son estas hojas/palabras sino un río
engañoso de ilusiones? Y no te doy
tiempo para que me respondas porque ya estoy
acariciando
lo infinitamente acariciado. Y húmedos, alados
corremos en busca de un hotel
sin reparar en las hojas amarillas del almendro
ni en mis vanas palabras
que ahora se cenizan
con el calor de tus aullidos…
Seguí leyendo el “Pozo de los deseos” “Flor de loto” “Los abuelos” “La nieve y el estambre” “Estampado” “Ikebana” “Imitación de Watanbe” “Huanchaco” “Farewell” “Haiku” “Epigramas”, como verán la mayoría lleva el sello de la nacionalidad del apellido Yamasato.
Cuando terminé de leer los poemas, al llegar a casa como ya saben es mi costumbre busqué en Internet más material del autor, poco y nada aparece del mismo, pero entre todas las páginas que leí, en El Comercio, Diego Otero en un especial asiático escribe “Una coda: la literatura oriental tiene en el Perú hasta un escritor que no existe. Rafael Yamasato, autor de "Estambres", es en realidad un heterónimo de Hildebrando Pérez Grande, solo que el poeta, por algún motivo, decidió negar a su avatar, desaparecerlo, esparcir sus cenizas, borrar sus huellas. Con lo cual ha empezado a convertirlo en una discreta leyenda.” Me quedo sorprendida y sigo buscando más datos, entonces decido volver al libro y leer el prólogo.
MALICIA ANGELICAL DE YAMASATO
“Hurgando entre cuadernos, apuntes y papeles que el tiempo en forma implacable destiñe, hemos hallado estos poemas en el escritorio de Rafael Yamasato, muerto prematuramente después de una larga y penosa enfermedad.
A primera vista, verificamos que Yamasato había abandonado su lugar de trabajo varios años atrás. En su cuarto, al cual hemos tenido acceso gracias a la generosidad de sus familiares, nos hemos encontrado con algunos diarios y revistas de Lima que datan del mes de Octubre de 1967. No lejos de la máquina de escribir reposan el Nuevo Testamento, Dalyrimple se equivoca de Scout Fitzgerald y Simple Canción de Rose, este último curiosamente subrayado en diversos párrafos.
Venciendo su natural congoja, los familiares de Yamasato dejaron intacto el cuarto del poeta. Tenían la esperanza de que algún día, ya recuperado de su cruel dolencia física, Rafael volviera a su hogar. Pero pasaron odiosa, dolorosamente los meses, los años y la enfermedad no le daba tregua al poeta. Pese a los esfuerzos médicos y el cuidado que le prodigaran sus familiares, Yamasato nunca más volvió a su cuarto: la muerte lo sorprendió el 27 de Octubre de 1975, a la edad de 30 años, en una casa de salud en Santo Domingo de los Colorados, Ecuador. El silencio proverbial que envuelve a la familia del poeta, hace casi imposible lograr más datos biográficos del laureado autor de Estambre.
Una letra pequeña, uniforme, con trazos más bien enérgicos, sobre unas paginas azul cobalto cuidadosamente recortadas, y escritos con una lapicera corriente (que permanece en su escritorio), Yamasato escribió estos poemas que, por el estilo, la temática y la atmósfera que los envuelve, podría sospecharse que son posteriores a su libro Estambre; los sentimos en la misma línea de su hermoso poema Noriko. Más de una ves nos hemos preguntado ¿serán para ella estos epigramas? Pero ni la poesía, ni el poeta y probablemente ni Noriko (Norico, ¿quién es Norico?) podrán dar luces a esta interrogante. Sólo nos queda el consuelo de leer esta conmovedora prueba de amor que la malicia angelical del poeta nos legara, casi sin quererlo. Y nos hemos permitido publicar estos poemas, tan solo por perennizar nuestro afecto hacia el amigo que en algunas ocasiones nos visitara para hablar de poesía y de películas de Akira Kurasawa, que tanto le entusiasmaban.
Rafael Yamasato ha desaparecido físicamente, y de él solo nos quedan varias imágenes imperecederas, un Premio de Poesía, una colección de discos casi completa de Gardel y una Norico que aún resplandece en el misterio y en la escritura de su apasionado amante.”
Este prólogo lo firma: Hidelbrando Pérez.
Luego de leer la firma del preámbulo busqué el correo electrónico de Diego Otero (nada fácil) y le escribí pidiendo si me podría ampliar el tema sobre la doble persona de Pérez Grande, pero jamás recibí respuesta.
Entonces decidí buscar información de Pérez Grande, hay muchísimas páginas que hablan de Hidelbrando, biografía, poemas, estudios, trabajos, etc. Pero nada que lo relacionara con Rafael Yamasato hasta que entré en la página Festival de Poesía en Medellín Revista Prometeo que cita algunos poemas de Pérez Grande junto a su biografía, comienzo a leer sus trabajos tratando de buscarle alguna similitud con los de Yamasato, pero no necesité indagar mucho pues me encuentro con el poema “La nieve y el estambre” que figura entre los trabajos de Rafael, igualmente salí a buscar el libro pues se podría tratar del mismo título pero no contenido, pero para mi sorpresa es la misma poesía.
Ahora bien, uno se pregunta si Pérez Grande al ceder el material olvidó que Yamasato no era él, por consiguiente menos su poesía, tal vez pensó que nadie notaría con los años un poema, o bien la página cometió el error, por eso mismo me puse en comunicación con la página la cual tampoco nunca me respondió.
Entonces no hay nada mejor que ir a la fuente, seguí buscando más información de Grande hasta que di con la Universidad donde trabajaba, le escribí una carta y la envié por correo postal a Hidelbrando Pérez Grande, aún no recibo respuesta.
Cuando ya casi estaba encajonado el expediente Yamasato por falta de pruebas y respuestas. Un domingo alrededor de las 22:00hs, luego de estar varios días en cama con la famosa gripe estacional, decidí con un poco más de ánimo entrar a mi correo para ver si había algo de interés, abrí el MSN, el cual ya casi no utilizo para charlar sino para que me anuncie si entra algún mensaje y me encuentro con un pedido de admisión, comúnmente los ignoro o miro el perfil de la persona y al no llamarme la atención prefiero dejar de lado el pedido, pero en esta ocasión tal vez sea porque aún estaba convaleciente o porque observé que se trataba de un profesor y escritor, siempre digo que todos los días hay que aprender algo nuevo y si uno se encuentra con alguien con más cultura que nosotros, qué mejor. Lo admití y seguí con la lectura del correo, pero justamente en línea se encontraba el profesor en cuestión el cual me saluda, con lo poca simpatía que me caracteriza a veces en el MSN, le pregunté:
-Buenas noches, por qué pediste que te admitiera en mi MSN.
-Porque encontré tu dirección en Remes y me gusta intercambiar temas de interés como la lectura, poesía, poetas, etc.
Luego de unas breves palabras y comentarios, ya casi estaba a punto de decirle.
-Bueno, gracias por la charla buenas noches.
Preguntamos al unísono de dónde éramos y resultó que el poeta-profesor era de Perú.
Cuando me nombró su país de origen me vino a la mente la historia de Yamasato y le pregunté si alguna vez lo había escuchado nombrar a lo cual respondió que no. Entonces le dije si conocía a Pérez Grande y en seguida me respondió que si.
En breves palabras le conté la historia y me dijo que tenía un amigo ex alumno de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que debería saber del tema, que cuando lo viera le consultaría sobre mi inquietud y así quedamos.
Pasó mucha agua bajo el puente, la vorágine te hace olvidar temas, llamar a los amigos, dejar para mañana encuentros, etc., y ya casi cuando me estaba por olvidar nuevamente de Yamasato y Pérez Grande recibo la respuesta del escritor peruano donde me confirma que ambos son la misma persona.
Parece ser que allá por los años 80 (Durante dicha década , el Perú enfrentó una fuerte crisis económica y social, debido al descontrol del gasto fiscal, una considerable deuda externa y la creciente inflación junto con el conflicto armado interno, acentuada por la aparición de los grupos terroristas de inspiración comunista que pretendían instaurar un nuevo Estado mediante la lucha armada, como Sendero Luminoso primero y el MRTA después) se discutía sobre la pureza de la poesía peruana en momentos en que grupos guerrilleros luchaban por desterrar el “gamonalismo” (Como gamonal se designa en América latina al potentado de una región, comarca o municipio, que detenta el poder económico y político en un entramado de relaciones de dominación, que parten de la concentración de la propiedad de la tierra, el control de la intermediación comercial y las relaciones privilegiadas con las empresas externas que operan localmente, y que se proyectan hacia el control político y el dominio sobre los resultados de las elecciones) y muchos se preguntaban si la poesía servía para algo en momentos álgidos y Pérez Grande, que había ganado el Premio Casa de las Américas y era de izquierda castrista, se inventó un avatar, heterónimo, al que le dio vida y posterior muerte olvidándose de Yamasato hasta la actualidad.
Pero no se pueden borrar las huellas, más hoy día cuando la ciencia forense puede cerrar un caso luego de estar archivado durante varias décadas gracias a una muestra de ADN.
Tal vez Pérez Grande creyó allá por los 80 haber enterrado a Rafael sin dejar rastros, pero dicen que lo que se sube a la red queda registrado permanentemente…





