Sciascia, reposo y divertimento
Carlos Yusti
No soy un lector en profundo de Leonardo Sciascia, pero en estos días he estado
releyendo su pequeño libro, Mata Hari en Palermo, que ofrece algunas pistas sobre su visión de la literatura. Para Sciascia escribir fue una manera para desentrañar la verdad corroída por la cotidianidad, traspapelada en la ficción más inaudita, pero que de alguna manera modela y esculpe nuestro mundo cercano, así como hace el viento con el paisaje.
Leonardo Sciascia siempre reconoció no tener "una gran fantasía creadora". Los personajes de sus novelas o crónicas vienen traspapelados de archivos oficiales. Por ejemplo su novela El caso Majorana está basada en la desaparición de un físico, aparentemente genial, en la Italia de Mussolini llamado Ettore Majorana, siciliano de treinta y un años, a quien se vio por última vez un 27 de marzo, en el barco que cruzaba a diario de Nápoles a Palermo. En la novela Sciascia trata de dilucidar que motivó la desaparición voluntaria de Majorana, como es lógico el escritor describe toda esa atmosfera de angustia que acarrea toda desaparición y desarrolla una hipótesis de orden ético que fue el condimento predilecto del escritor para darle sabor y fondo a temas que poseían un tufo inconfundible de policial o suspenso sicológico.
Para Sciascia la ficción se ocultaba de manera tenue en la historia y reescribir esa historia desde la novela o la crónica, tan a lo Stendhal un escritor al que amó sin requiebros y al cual le dedicó varios ensayos, para darle un matiz diferente, para comprender desde otro ángulo la realidad archivada o compendiada en ese discurso un tanto oficial de la historia.
Otro aspecto de Sciascia como escritor fue su activismo político desarrolldo tanto desde la escritura como de la arena política, sin mencionar su olfato de polemista itinerante, de aguafiestas radical cuando de la verdad se trataba: “…existe también el cretino de izquierdas. Son los creyentes de tipo católico transferidos a la izquierda. En el hecho político, el creyente católico o protestante piensa en el más allá mientras para la izquierda existe sólo el más acá. Y es con la tierra con la que tenemos que hacer las cuentas, racionalmente, críticamente. Sin embargo, estos cretinos de izquierdas piensan que Marx, Lenin y Stalin poseen toda la verdad revelada, que las cosas cambiarán como después de la noche viene el día. El cretino de izquierdas es el que no se atreve a decir la verdad cuando ésta va contra su parte; es el que cree que difícil es sinónimo de profundo”. Pero a pesar de su crítica siempre estuvo claro de su posición política y en una entrevista ante la pregunta en cual bando se ubicaba dijo: “En la izquierda, naturalmente, porque la izquierda es la que siempre ha luchado para que las cosas cambien, mientras la derecha desea que todo se quede donde está o incluso que se vuelva hacia atrás”. También tuvo claro que el intelectual es “siempre un poco cortesano, un poco conformista, casi siempre está con el poder. Es una especie de abono para la planta política. Un intelectual debe mantener la vocación de estar siempre en la oposición”. Con respecto al poder aseveró que este había adquirido una cualidad fantástica, que se había convertido en pura ficción, y para transformarse de nuevo en realidad tenia necesariamente que pasar a través de la literatura.
Volviendo al libro de Mata Hari este contiene un texto sobre Jorge Luis Borges que se apoya en una noticia aparecida en Le Monde, que su vez recopila la información de otra publicación argentina la cual asegura, con pruebas irrefutables, que Borges es un invento creado por un grupo de escritores (Leopoldo Marechal, Bioy Casares y Mujica Lainez) quienes para darle carne trémula y terrena han contratado a un actor de segundo orden llamado Aquiles Scatamacchia. Este actor se encarga de pasear su ceguera, también improbable, por la vida pública y mediática. A Sciascia esta noticia falsa le llama la atención por esa gran carga de literatura ficcional que posee y él intenta una explicación: “…la noticia de la inexistencia de Borges que está en el orden de las invenciones de Borges, fruto y perfeccionamiento del universo borgeseano, del sistema. Y a cualquiera le puede sobrevenir la sospecha de que la invención de la inexistencia de Borges haya podido tener como autor al propio Borges: una especie de atajo inventado por él para conseguir anticipadamente la inexistencia”.
En este juego de verdades y mentiras Sciascia movió los hilos de su escritura o como el escribió precisa relojería en el texto sobre Mata Hari: “Los pequeños acontecimientos del pasado, esos que los cronistas relatan con imprecisión o reticencia y que los historiadores pasan por alto, a veces abren en mi labor cotidiana como un paréntesis, algo muy parecido a las vacaciones. Es decir se convierte en reposo y divertimento…”





