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LA POBREZA DE CADA DÍA

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LA POBREZA DE CADA DÍA


Norma Aristeguy

Qué pena y que rabia me da ese caballo atravesando la calle, los ojos muy abiertos, no sé si me mira, ¿quién puede saberlo? No sé si me ve. En un esfuerzo intenta levantar el cuello, intenta levantar sus patas delanteras, imposible.

Sus costillas parecen escapársele del cuerpo sudoroso. Lo toco. Surge en mí la necesidad de acariciarle el lomo, la mirada me conmueve. -Te echo un poco de agua, tal vez te ayude. La mujer que me la ha alcanzado me pide que además intente hacerlo beber. - No hacés ruido, no te quejás. Pobrecito. Levanta su cabezota del suelo. -¿Qué buscás? Miro alrededor y veo mirándome fijo a un adolescente. La gente le grita insultos. Él los devuelve. Mira al animal, se retira de la escena y a pesar de sus palabrotas y de soltarse de un viejo que quiere zamarrearlo, vuelve a mirar al caballo y se le llenan los ojos de lágrimas. Y sigue hablando entre dientes. Sus ojos sacan chispas mientras que los de su caballo están poniéndose cada vez más vidriosos. Una pareja discute. La mujer grita con ira, que es una barbaridad, que nadie viene a socorrer a un animal maltratado y moribundo. El caballo en su caída final, ha volcado y roto el carro que arrastraba. La basura de las bolsas de la calle, se confunden con cartones, latas, maderas y un lavarropas viejo y destartalado, que habrían estado dentro del carro.

La mujer que me había traído el agua, se me acerca.

- Habría que llamar a la policía, ¿no te parece? Así le dan su merecido al pibe, por lo menos que lo detengan por unas horas. Mucho más no le van a hacer. -¿Y qué querés que le hagan? Yo no soy un tipo violento, pero sentí ganas de golpearla, de darle un sacudón.

Pedro, el estudiante.

Me mira como si estuviera loca. ¿No se da cuenta que hay que terminar con estos negros que se abusan de los animales, lo más probable es que ni les den de comer, y luego cuando se les mueren, salen a robar otro. Pobre animalito. Levanta la cabeza como buscando al dueño. ¡Qué fiel que es! -¿Eh señor, por qué grita así? Ponga marcha atrás y vuelva por otro lado, ¿no ve que hay un caballo muriéndose? -¿Y qué culpa tengo yo? -Bien que, cuando la calle la cortan los piqueteros, ustedes se quedan en el molde, a lo mejor usted es uno de ellos y ahora se está quejando porque no puede pasar. Le abollaría el coche por gritarme así. Bueno, caballito ya falta poco, y así no vas a sufrir más. El mocoso me sigue mirando de allá, ni se acerca, el muy desgraciado, mirale la pinta, y se hace el que llora, si estos no quieren a nadie.

La mujer del agua.

-Callate Elena, a lo mejor esta gente no tiene para darle de comer. Habría que ver si comen ellos. Fijate lo que juntan, es lo que nosotros desechamos, eso nomás ya te da la pauta. ¿Qué otra cosa? ¿Qué otra cosa pueden hacer? A ver, decime.¿Qué no siente ni lástima? ¿y vos cómo lo sabés? ¿Qué sabemos nosotros de estas iniquidades? No me grites, no tenés razón. Dejá al chico tranquilo, demasiado tiene con lo que le pasa. No quiero discutir con ella, pero es inútil siempre lo consigue. ¿Qué hago yo al lado de esta mujer? Lo único que le interesa es su trabajo, ni a mí me tiene en cuenta. Podría caerme en medio de la calle como este pobre animal, y estoy seguro que me recriminaría por mi falta de prevención, sabiendo que tengo problemas cardíacos.

Es tan dura, estoy seguro que no es precisamente el animal lo que le preocupa, sino que su ira ha sido provocada por haber resbalado con la basura y haberse manchado la ropa. Estoy seguro.

-No le eches la culpa al chico, fijate, has trastabillado con la basura de la calle, porque hace dos días que no pasan los recolectores, no tiene que ver con esto

El hombre de la pareja que discute.

-Andá a buscar ayuda, negro asqueroso, o pensás dejarlo acá? No le das de comer, por eso se muere, mirá, mirale la panza inflamada y tiene todas las patas lastimadas por sobrecargarlo, qué esperás para buscarte un trabajo? Me mira como si yo tuviera la culpa, todavía me desafía, lo voy a matar. -Si te agarro no te queda nada sano. Movete, sacá este caballo de acá, no ves que se está muriendo y entorpece el tráfico? Porque yo sí trabajo, entendés? Tra-ba-jo. ¿Conocés la palabra?

¿Y ahora qué hago? Voy a tener que dar todo un rodeo por este infeliz. Mi mujer me va a comer el hígado, ya llego tarde a la reunión de Marcela. Marcela…se me terminó lo que se daba. ¿Me creerán si les cuento por qué me retrasé? Bueno, quedaré como un alma caritativa, que llega tarde a una fiesta de casamiento por ayudar a un animal enfermo.

El hombre del auto que no puede pasar.


-A ver vos, che, vení, acercate. ¿Este caballo es tuyo? No me contesta. Me tiene miedo. Lo que pasa es que a estos hay que rigorearlos de entrada. ¡Ah!, ¿No es tuyo? ¿Y de quién es? Ahora me dice que se lo afanó, y me lo voy a tener que llevar. -Ah, ¿Te lo prestaron? Bueno , mirá vas a tener que acompañarme, por lo menos hasta que vengan de la municipalidad y sepamos qué hacer. No me escucha. Pobre negrito. Se le está muriendo. O se murió ya, no sé, pero él no se anima a acercarse. Le tiene miedo a estos. Ahí viene. -Llorá pibe, no tengás vergüenza. No, no es que te mire enojado, no puede cerrar los ojos, se murió. Realmente impresiona ver esos ojos vidriosos.

¿Qué hago con este chico? -Vamos te llevo a tu casa. ¿Cómo? ¿Y dónde vivís entonces? Bueno, no es para tanto, el dueño va a comprender. No, vos no le tenés que pagar nada, él te debe a vos, te dio un caballo moribundo.

Escapate pibe, corré, corré, no sé adónde, pero andate.

Ni que me hubiese leído el pensamiento.

El policía de la seccional más cercana

-Oficial, oficial, corra, que se escapa!

Todos gritan juntos.

 


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