A quién esperaba esta vez? El licenciado no tenía forma de saberlo, y la verdad, esto no era lo más importante. Bastaba con que a la 1:15 de la tarde apareciese una mujer con chaqueta de cuero negro y un cigarrillo en la mano derecha para reconocerla. Con dos minutos de retraso se presentó una morena de piel aceituna y piernas largas. El licenciado fue a su encuentro, la tomó de la cintura y la condujo al ascensor. Los huesos de su cadera marcaban el ritmo de los pasos, con sus dedos calculó el volumen de sus nalgas. Se llamaba Reina. Así dijo que se llamaba. La hubiese preferido rubia, aunque fuese teñida, pero no estaba nada mal.



Narrativa

