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Narrativa

PISADA

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PISADA

 

ELINOR HERRERA

 

Su caminar altivo, la espalda recta y tiesa como un pilar, decían mucho de una educación familiar extremadamente rígida. Su padre, el más estricto de todos, le había inculcado que el hombre debía caminar por la vida derecho, bien vestido y con el cabello en su sitio,  pues de ser lo contario las mujeres en vez de desearlo, le tendrían lástima. Esta vez no haría caso de su teoría. La urgencia por no perder el autobús de esa hora lo hacía moverse como hoja al viento sin mirar siquiera por dónde pisaba.

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¡FIN DE MUNDO!

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¡FIN DE MUNDO!

Elinor Herrera

Su andar y hablar pausado, el vestido color verde pastel que moldeaba su figura estilizada, el cabello cortado recto al nivel de los hombros, le imprimían ese aire de señora de alta sociedad. Su belleza ingenua no necesitaba de mucho maquillaje para demostrar lo joven que aún se veía para sus cincuenta años vividos. Una mujer que provocaba ser tratada con delicadeza sólo por el suave perfume que expedía su cuerpo y por sus movimientos que parecían ballet clásico. De lejos se notaba que no estaba acostumbrada a las “ordinarieces” de la gente común.

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Pancho y la patria

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Pancho y la patria

          
Sergio Manganelli

Pancho es negro, mestizo y  melancólico. Cada noche me mira pasar y a veces dedica un tímido menear de cola, sin emoción, como quien levanta la mano para corresponder un saludo de buena vecindad. Está allí hace tiempo, con su tierna anatomía peluda ocupando cada noche una misma parcela de vereda. No es callejero, ni extraviado, él tiene su pequeña comarca de baldosas y resiste a los embates del clima, el transitar humano, las escobas odiosas.
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DOÑA BÁRBARA, DEVORADORA DE ZOMBIS

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DOÑA BÁRBARA, DEVORADORA DE ZOMBIS

Mister Danger ha comercializado con una sustancia nueva que ha despertado a los muertos vivos en el inmenso llano. A la llegada de Santos Luzardo se comentan de ataques esporádicos en pueblos e incluso Doña Bárbara se ha enfrentado con algunos muertos vivientes demostrando fiereza y valentía. Para salvar al Llano Santos Luzardo y Doña Bárbara tendrán que dejar de lado su forcejeo de civilización y barbarie para combatir un enemigo común. A todas estas Marisela ha conformado una brigada juvenil para acabar con los muertos vivos que poco a poco van ganado en número.


FRAGNENTO DE UN CAPÍTULO APÓCRIFO

VII. EL FAMILIAR

Noche de luna llena, propicia para los cuentos de muertos vivos. Bajo los techos de los caneyes o encaramados en los tramos de las puertas de los corrales, siempre hay entre los vaqueros alguno que hable de los muertos vivos que han enfrentado.

La ambigua claridad del satélite, trastornando las perspectivas, puebla de seres monstruosos la llanura. Son las noches de las pequeñas cosas que de lejos se ven enormes, de las distancias incalculables, de las formas disparatadas. De las sombras blancas apostadas al pie de los árboles, de los jinetes misteriosos, inmóviles en los claros de sabana, que desaparecen de pronto cuando alguien se queda mirándolos. Noches de viajar «con el escalofrío de capotera y la Magnífica en los labios» –según decía Pajarote–. Noches alucinantes en que hasta las bestias duermen inquietas.

Actualizado ( Martes, 06 de Abril de 2010 17:58 ) Leer más...
 

TRES TEXTOS DE HUMBERTO RIVAS MIJARES

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Publicamos tres textos del smpiterno autor del Murado, Humberto Rivas Mijares. Los dos primeros son textos en prosa y el tercero un artículo de opinión publicado enel diario EL NACIONAL el domingo 23 de Junio de 1957.

 

TRES TEXTOS DE HUMBERTO RIVAS MIJARES

 

El vendedor de pájaros

Relucir de cantos. Jaulas mordidas inútilmente por los picos. Silbos del campo entre las voces tumultuarias del mercado. Aletear entristecido en el alba. En los ojos la punta de un trino. Un vuelo frustrado en las piruetas de colores. Sonidos que poco a poco se secan. Canto, en ratos de olvido, y el dolor de lo que no se tiene, casi siempre. Las jaulas que cantan.

Actualizado ( Martes, 06 de Abril de 2010 17:14 ) Leer más...
 


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