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EL AIRE DE UNA IMAGEN

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El libro “La arqueología del aire” tiene dos lecturas a saber, aparte de compartir al unísono a lector y espectador. La primera lectura podría ser la de los textos, especie de aforismos, de visiones epigramáticas escritas por el fotógrafo y que dan cuenta de su arte poética, de su jerarquización de lo visual al momento de realizar una foto. La otra lectura es ya la imagen como enunciado estético, como parlamento plástico que busca también ofrecer una visión particular de la cotidianidad mundana y silvestre. La foto como esa posibilidad de brindarle una oportunidad a la belleza, la fealdad, lo absurdo o luminoso que ofrece el mundo.

No es “La arqueología del aire” un libro de aforismos a secas y mucho menos un libro de fotografías, es más bien un animal híbrido con la particularidad que los textos no explican las fotos y estas a su vez no son el soporte ilustrativo de los escritos de una variable extensión. Además su autor, Orlando Baquero, es más conocido como fotógrafo que como escritor.

El escritor Orlando Baquero busca a través de sus escritos ahondar en los pormenores de su arte fotográfico y del arte en general, de explorar a través de la escritura esos instantes que preceden a una imagen o esos paréntesis reflexivos que hierven en el interior de cualquier espectador luego de observar una foto que de alguna manera ha impactado en los sentidos. Textos que buscan desentrañar los laberintos filosóficos y plásticos del quehacer fotográfico. Textos que buscan darle al lector algunos atisbos sobre las dudas, las vacilaciones y esos puntos de vista que se instalan en la sala del alma como invitados inoportunos, como familiares cargantes que enervan los nervios.

Cuales son los impulsos que asaltan a un fotógrafo a escribir, no le basta la imagen escribiendo en el aire la estética que nunca se borra. Me gustaría tomar fotos, pero mi cerebro está ciego (por cierto el libro de Baquero abre con este proverbio árabe: “Los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego”) y mi corazón desenfoca el mundo. No estoy hecho para la fotografía, pero no sufro por ello y además mi mejor amigo (Yuri Valecillo) hace estupendas fotografía por los dos. Mi teoría es que la escritura es una imagen menos instantánea que una foto. Se puede corregir lo que se escribe, pero una foto es siempre una herida inamovible. Quizás se pueda mejorar, retocar, con procedimientos electrónicos, pero ese instante que precede al clic es eterno y creo que jamás se borra. En todo esto hay una tragedia y para corroborar esto reacuérdese a Kevin Carter, aquel fotógrafo premio Pulitzer, que hizo una foto terrible en la que se observa en primer plano a un niño doblado, esquelético y sin fuerzas postrado en el suelo a causa del hambre. Al fondo un buitre espera con paciente expectación a que el niño muera para iniciar su festín. Sin duda Kevin Carter se encontró abrumado por esa realidad cruda y se suicidó. Garrapateó una nota: «He llegado a un punto en que el sufrimiento de la vida anula la alegría… Estoy perseguido por recuerdos vívidos de muertos, de cadáveres, rabia y dolor. Y estoy perseguido por la pérdida de mi amigo Ken…». Su amigo era el también fotógrafo Ken Oosterbroek, muerto en un tiroteo en Tokoza. Todo este cúmulo de emociones lo derrumbó.

La escritura puede atenuar los horrores que la realidad trae a cuentagotas todos los días y Orlando Baquero conciente de ello también va al papel a dejar sus impresiones de ese mundo en la cual la belleza y el horror se turnan a cada tanto.

Este libro de Orlando Baquero es una exploración por la palabra y la imagen, un viaje, una travesía de aprendizaje. No por casualidad el poeta y novelista José Joaquín Burgos idealiza la imagen de Baquero “como una especie de peregrino” con su mochila en la cual cabe su universo particular de viajero y a este respecto Burgos escribe: “Verdaderamente—pensamos—mientras el viajero se nos pierde, a lo lejos—la condición humana es la experiencia fundamental de la fotografía, y el lenguaje de la fotografía es inevitablemente metafórico”.

Orlando escribe a paso de viajero cuestiones como esta:

“La herramienta más importante para un fotógrafo es la luz”.

***

“He salido a recoger la luz de palabras que han moldeado mi vida; las formas claras y oscuras de un relato cuyo curso es mi memoria

***

“No observamos. Sólo miramos desde la saturación y la impostura”.

El discurso de la fotografía, el discurso de la literatura y el discurso de la vida se entrelazan en este libro de Baquero donde el orden es aleatorio y azaroso. Es el libro de un hombre que mira, de un hombre que pasa y anota el mundo desde una foto o desde un texto escrito en un fogonazo instantáneo.

Susan Sontag escribió: “La fotografía es, antes que nada, una manera de mirar. No es la mirada misma”. Orlando Baquero ha escrito un libro como una manera particular de mirar, como esa experiencia que acumula en la mirada un individuo que va de paso, con una mochila al hombre donde cabe el universo con toda la luz y la oscuridad posible.

Actualizado ( Viernes, 28 de Noviembre de 2008 19:18 )  


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