Ya está en circulación PODA nº 7, Revista Latinoamericana de Poesía. Este número trae un conjunto de trabajos literarios para paladares exquisitos. Por ejemplo tenemos el ensayo "Apuntes en torno al pensamiento poético de José Lezama Lima" escrito por Enrique Saínz. Hay un ensayo sobre Helí Colombani escrito por Fidel Flores. Además una entrevista a Miguel Ramón Utrera que se traspapeló por algún tiempo y ahora la recupera Ramón Ordaz. También una entrevista a William Osuna realizada por María Eugenia Bravo y donde el poeta Osuna parece un peso mosca a la defensiva suponiendo que hay muchos envidiosos por ahi que le tienen ojeriza por haber obtenido el premio nacional de literatura 2006-2007. Otros textos imprescindibles traen a Derek Walcott, Quevedo, Humberto Guevara, Susy Delgado, René Daumal. Además de una selección crítica de los nuevos libros que están en la estantería. Les dejamos la editorial pugnaz e inteligente.
EDITORIAL
El silencio bien puede ser la más grande de las ovaciones como el más indeseable de los castigos. De cualquier forma, ante lo impredecible y la incertidumbre, siempre es el silencio la opción más saludable. No es justo, a veces, meterlos a todos en un mismo saco, pero cuando conocemos las mañas y patrañas de ciertos "servidores" de nuestra cultura, cuando constatamos que los vicios, corruptelas y volteretas no pertenecen al estado actual de cosas, sino que han saltado de la Cuarta a la Quinta sin perder la pelambre, cuando encamisados de rojo vegetal venden un discurso que no encaja por ningún lado, en los que se aprecia el bostezo por algo mal deglutido, creemos que lo más sensato es pasarse a la reserva, y no estarnos hablando de milicias porque no somos hipócritas; y que conste, nada tenemos contra las milicias. A decir verdad, todos somos milicianos de una causa que se llama Venezuela. No compartimos muchos de los conceptos que desde el Ministerio del Poder Popular para la Cultura han esgrimido quienes han fungido o fungen como voceros. Quisiéramos oír la mínima pertinencia sobre la materia y no las frases hechas, gratuitas, vacías de contenido que espetan sin mayor fundamento los nuevos apologetas de la cultura, simple y llanamente porque es imperioso construirse a como dé lugar una imagen de hombre de la cultura. (La cultura es compleja, contradictoria, intasable la más de las veces, y por lo mismo, quien no tiene consigo un profundo y amplio acervo cultural, a la hora de las inevitables tomas de decisiones, el Ferrari en un simple cambio de velocidades puede estropear su marcha. Siempre estuvo en el piso de la cultura lo popular, lo folk. Que ahora se reparen olvidos, se le dé la jerarquía y proyección que no le otorgó el pasado es algo que festejamos. Casi todos los patrimonios vivientes que gozan del reconocimiento público hoy en día, de una u otra forma, en su hoja de vida, hallaremos placas, condecoraciones y órdenes otorgadas por las instituciones culturales del pasado. Por una sencilla razón, camaradas, el sector Cultura era en cierto modo despreciable, nada cotizable para los burócratas de los gobiernos del pasado. Quienes ocupaban esos cargos anualmente tenían que mendigar el presupuesto. Aquí sí podría estar la diferencia en cuanto a la visión de la cultura del pasado respecto a la del presente. Hay algo más relevante todavía: los llamados a ocupar esos cargos -excepción hecha del funcionario responsable ante el Alto Gobierno- eran hombres de izquierda, y los que no, se les bautizaba con el mote de "progresistas". Fue esa izquierda del pasado la que reivindicó con tesón y bizarría los valores culturales de la nación que iban desde el artesano o músico más apartado de un barrio o poblado hasta quienes emergían como artistas o creadores de la incipiente clase media que empieza a configurarse con mayor contundencia desde 1958 a nuestros días. Es éste un legado de cincuenta años que nadie puede desconocer. En cuanto a lo de "cultura de élites" es algo que tiene sus bemoles. Cierto que hubo -los hay todavía- grupos que blindaron su industria cultural ante las esferas de poder. Pertenecer a ciertos entornos, atornillarse en las instituciones oficiales por dos y hasta tres décadas construye por más que no se quiera una cultura de élite. Hay élites que nacieron con pasaporte hasta para la otra vida, sea de izquierda o de derecha, lo mismo da, ya que a la vista, cualquiera es de derecha o de izquierda, términos de los que se burlaba el joven Marx en su noveleta Scorpios y Fénix. En menos de una década apreciamos cómo se ha enquistado una élite, de bajo perfil dada las nuevas circunstancias, pero élite al fin; sólo que nos deja añorando la cultura que debe distinguir a un intelectual de izquierda, ya que no basta vociferar la frase de Martí: “Hay que ser cultos para ser libres", sino que hay que serlo, porque si no, el revolucionario que funge de tal, vacía de contenido el pensamiento martiano, y es todo, menos culto.
Desde el Ministerio del Poder Popular para la Cultura hemos oído de sus voceros y leído en la prensa galimatías, tautologías y taumaturgias imposibles de aceptar para quienes mínimamente tienen la experiencia de haber trabajado para la Cultura de nuestro país. Si allí vale todo, como aquello del excelentísimo Ministro anterior de que cualquiera puede escribir un soneto y se largaba dando la receta de Lope de Vega, desconociendo, por supuesto, de que en el "medio" hay que tener talento como bien advertía el peruano Ricardo Palma; entonces, si aceptamos sin ruborizarnos tal conseja, cualquiera de nosotros puede aceptar el cargo de director del Instituto de Filología "Andrés Bello", encargarse de la Unidad de Cardiología del Hospital "Pérez Carreño" o, peor aún, decidir incorporarnos como tenores al Orfeón Universitario. Así las cosas, más pronto que tarde haremos realidad lo que hasta ahora parece un mito: La torre de Babel. Muy poco marxistas nos parecen estas pretensiones. Y si el socialismo, siguiendo a Simón Rodríguez, lo inventamos desde esta perspectiva, francamente no podremos ocultar nuestro desconcierto.
Quienes andamos en estas lides desde hace más de cuatro décadas, no medrando ni apacentando sueños en el rebaño de los burócratas, o menos que podemos expresar es asombro ante los pobres argumentos de quienes, sin conocer la hierba ni la oración, pretenden hasta dictar cátedra de estética sin tener fundamentos para ello. No es de revolucionarios ocupar el cargo que no nos merecemos, menos cuando hay otros que desde el mismo púlpito pueden hacer de un rayo de sol una catedral para los nuevos tiempos. Alguien dijo -¿Rodó?- que allí donde no podáis ser actores, sed buenos espectadores. El arrojo y la osadía son buenos en la guerra, pero no por esos fueros de la cultura donde, mal que le pese a algunos funcionarios improvisados, hay que tener en las alforjas cierto background para acceder a la credibilidad de los otros. Sin necesidad de alambicar aquí o allá, como buscando justificaciones al papel de los intelectuales, tenemos muy presentes las palabras que temprano aprendimos de Enrique Bernardo Núñez, alguien que sin alardear de quintaesencia revolucionaria arrojó a la posteridad lo siguiente: "Ser 'intelectuales' solamente es no ser nada. Es preciso ser soldados, exploradores, obreros. En la antigüedad y en el siglo XVI los poetas, los escritores, los oradores sabían de esto muy bien. Un hombre sedentario, encerrado en una biblioteca, es poco menos que un hombre inútil." Huelga decir que suscribimos totalmente la apostilla del autor de Cubagua y La galera de Tiberio.
Poda Director: Ramón Ordaz. Consejo de Redacción: Oreste Leal, Francisco Javier Mayz, Giovanni di Fiore y Fidel Flores.