Leo Lobos
Dibujando pasos en recorrido
hallazgo
Milagro Haack/ Fotografía: María Eugenia Lagunas.
“Creo en el hipertexto,
en la creación multimedia e interdisciplinaria,
porque la mente es como un paracaídas”
Leo Lobos
El asombro en recorrido pasos de un poema, volviéndose multiplicidad de signos, abriendo los espacios entrelazados al paisaje con su sensible barco, lleno de encontradas lunas, meridiano escudo privativo desde adentro, para brotar en un despejar los ritos que germinan de la atmosfera, del entorno, innovando la vivencia, atrapando el incesante presagio de la palabra, viajando por el rostro de las aguas, de los rieles, de las urbes con pensamiento calmo: me emociona pensar cuan lejos estoy de la persona que fui... Propio en el ahora, el poeta estrena por presente, su reto de moldear el terreno de otros suelos, catando de ellos, lo que nutre su mudable soplo como un mediador, vecino cómplice de los –sus- ojos foráneo: …las ardillas nos rodean con timidez, / mientras brilla el horizonte de plateados edificios/ iluminados por el sol de la tarde. Un artista, consciente de la genialidad que transforma el viento en vuelo de tejido arco, se deja llevar hasta toparse con alguna similitud del techo donde inicia su largo viaje. Leo Lobos lo vislumbra y con originaria rapsodia se deja llevar por el hallazgo, el misterio salvando límites para regresar como un peregrino distinguiendo el movimiento al ser espejo en voz, dilatando, el tocado realismo atando el pulso vivencial de la poesía. Esto y mucho más, nos hace navegar el artista a través de su discurso –entre- espacios por Picnic en el Central Park, donde da oído al sonido, moja el incienso, alimenta lo visual, y lo entrega con especial realce poético, autenticidad en las búsquedas de texturas formando un hilo conductor dado por el amasijo perfil entre las artes y sin barreras, Leo Lobos, lo hace, con una particularidad cineasta, acoplándose y no al revés, al don de poseer la palabra, entonces, muestra su naturaleza por donde los espacios nadan en su propia esencia, y agrego hasta ecológica, cuando el poeta desliza los espacios desde lo pictórico, reconociendo de un lugar lo pequeño del acto natural y se reanuda hacia lo universal de otros, ellos mismos juntándolos hasta que El tren subterráneo nos lleva de vuelta al centro de la ciudad. Leo Lobos, inquieto artista, explorador constante de la naturaleza de la palabra y la pintura, es gran observador de su entorno, cualidad ineludible de época con temple rescata la palabra en su esencia, capta el detalle y nos regresa la magia de lo cotidiano, mientras dialoga con la húmeda luz dejando su mirada huella. Quizás, “El tren” retorna a los otros espacios en este libro y lo vamos visualizando mediante la natura - captación poética visual, “Cada poeta nos debe, pues, su invitación al viaje”, como lo cita Gaston Bachelard: Viaje por el cual Leo Lobos planea desde tierra, traspasa su propio ámbito, germina de lo coetáneo, dando apertura al Cosmos siendo un visionario de su tiempo y espacio y más allá de él.
Escribir, partiendo de ser un lector, hace detenerse en la reflexión para resaltar un indicio entre los muchos que nos puede dar un creador, cultivador de la palabra en imagen propia. No va a otro terruño ficticio, va hacia donde sus pasos agitan lo palpado desde el vislumbre humo, tierra, lluvia, lo extenso de regenerar el acto creativo, asimismo, de saberse intacto en su origen por otras tierras. En este libro Picnic en el Central Park de Leo Lobos, puedo seguirlo de esta forma, dejando abierto un gran portal para otros lectores, ya que intuir es mejor que decir. Bien, me percibo dialogando con cada poema, el cual tiene un sello de tiempo y lugar, donde lo urbano marca la estadía, no comparando sino creando una atmósfera de instantes, por allí, lo humano se regodea, abre otros portales marcado por el hechizo de la natura, podemos entonces, observar, cambios, giros, movimientos en luz, sentir la música, lo pictórico y mucho más para el goce expresivo en jugoso horizonte. Leo Lobos sabe trascender a la existencia de una simple línea y evocar en el espectador – lector, sentimientos, ideas o paisajes tan íntimos, enlazando entes universales; esto, lo encontraremos con arraigo en su prosa, casi dándonos el pálpito de un diario: diario de estampas en percusión del mismo paisaje, mismo -él- y el acto de atraparlo son dignos, libres para que un creador muestre su propio brillo: Busca que busca / la luz de la palabra cruzando/ ríos y lagos/ mares y montañas internándose en/ ciudades laberintos actuales bosques/ sumergidos desde Santiago a Boston desde/ Nueva York a París, París, París y en este/bosque blanco que, otra cosa, la misma cosa/ la veo parada ahí/ en la calle / pensando quizás en el eco/ de las aguas entre la multitud y los autos veloces/buscando la luz, las luces de una piel/que nadie podrá herir/… Todo es fusión, mezcla con lo inmediato, el instante para la palabra, el recorrido que no se apartan del mismo núcleo: cada terruño tiene su magia y por ella nos conduce Leo Lobos hasta lo oriundo, las entrañas intactas al revelarnos su art poética: Escribir/La escritura es pintura de palabras/Escribir/eso/ escribir/paso a paso del día/colorear de nuevas y antiguas palabras nuestras vidas/Escuchar/Nos. Entre el escuchar y escucharnos se me viene a la mente una frase de Vicente Gerbasi: “El deber de nosotros los poetas es restituirle ese valor mágico”; a la palabra, al paisaje, a la vivencia, al volcar el horizonte cruzando cielos agregándose a la rama de un árbol, sea líquido por ojo puro atrayendo entes de otras tierras cuando metamorfosea la casa, siendo origen, barco, siendo vuelo, árbol siendo eterno igual subterránea vida. Leo Lobos posee la magia y dibuja con ella, los confines donde me encuentro, dándome pausas, y aquí, estoy, sólo trato con algunos escritos, esto no quiere decir que puedan ser los más representativos de su libro Picnic en el Central Park, sin embargo, sí, como un lector voy por este pequeño tanteo, tratando de escribir lo que en sí se debe descubrir, por ello desde este despejo (como lector) me siento libre soplo, para prolongar los espacios y tiempos pausando entrada- salida, dentro de su más allá, lazo aún no dicho, pues Leo Lobos nos da por ver un bosque de nuevos acercamientos. Es una observación muy importante para los futuros lectores de este libro de Leo Lobos, entrando por su redondo centro, abierto a la luz de perseverante poética tan natural en ella misma, buscando tantas lunas recorridas por el indicio sello del artista, dándome este entreveo para el continuar, ya que, escribir sobre la totalidad, sería fotografiar /por tan solo un segundo/fotografiar con la mirada sus perfiles/de ser posible/flotar/dentro/de la sala/como/un pájaro/en/la/tormenta. Distintiva imagen, donde todo penetra, el ojo va llevándolo hacia a dentro, para luego fluir con lo semejante en raíz, aunque pase rápido el vuelo queda incrustado en el alma creativa, entonces, que decir, si el propio poeta ya lo sella, lo marca en su buen dispuesto lenguaje para volvernos universo de cada pasos en recorrido hallazgo: Árboles/Los árboles serán barcos/casas navegantes/papeles/que llevarán/letra muerta impresa/sobre sí/océanos/nubes poderosas/lluvias eléctricas/tierra/árboles/serán. Notamos el cambio los árboles que “serán barcos”, entran en la fascinación hacia lo blanco, hacia el flash dado por el solo signo de regreso. Leo Lobos reúne magistralmente la fotografía pictórica, muy natural, hacia el verbo, y desde el verbo regresa hacia su gran escenario, la vida, el temple y el don de la palabra creativa que sólo desatando fronteras, uniéndolas nos nutre, nos da entrelineas la importancia del lenguaje natural, partiendo de una gota sea de lluvia, de océano o de casa, árbol hacia lo mítico colectivo del instante como un ecológico poético encuentro: El océano exterior/entra por mis ojos giro atrás una/ sola vez/hombres con cabeza de pez/delfines de plástico entran y miran/desde cubierta/el barco isla/flota a la deriva/los tripulantes/parecen/irse/en/el/viento.
“Vivo y respiro profundamente
y soy observador de las personas y del paisaje,
y sueño despierto, y eso es fundamental.”
Leo Lobos
Los horizontes se abren, el transeúnte regresa, una vez más, recolectando sus propios pasos, los incrusta, los sueña ya ola enroscándose en nube, señalando tiempo y espacio, mitificando la natura, las formas, los actos cotidianos paseándose por todos los rincones con el asombro del niño, del poeta que los dibuja con humana presencia y nos expresa la jerarquía de un instante para verter el alma poética desde todos los terrenos bajo un mismo cielo y espejo de lo sensorial creativo, humanizando el paisaje con el mismo temple de ánimo en verdor añoro: No dejes que el paisaje este triste/Deja al paisaje florecer en tu mirada/Respira en la transparencia del aire y llena tus pulmones/Siente a tu corazón bombear esperanza a tus venas/Piensa y deja a tus ideas brotar desordenadas/en armonía con el caos que nos circunda/sé la danza de las capitales/en la danza del mundo/ sé el estelar de los astros/respira y canta. Respira y canta, así dejando intacto la estampa, la fotografía que quizás sienta el otoño, el invierno junto al ser y sentido blanco, así, abre la hoja, traza las venas, nos indica el hallazgo, entonces se hace fluir, leve/ sentir cada instante/ paso a paso/ entrar silencioso dentro de la noche como si ella, fueras tú.
No ha cierre de puertas en horizontes patios por lo mágico innato de Leo Lobos, siendo un poeta memorable con su época, la ampara con certeza, porque se reconoce dentro y no fuera de ella, la vive, porque busca el instante de su ojo que se le devela, se alimenta de su voz, porque sabe que es árbol, centro –aéreo cuando por sus hojas crece la palabra hacia nuevas búsquedas en Luz. Estoy bañado por lo que vive, por lo que muere. Cada día es el primer día, cada noche la primera noche y soy también el primer habitante de ese instante. Que mejor manera para seguir dialogando con el poeta Lobos, retomando el regreso del círculo Viaje, para dilatar lo que retomo como punto cardinal de libro Picnic en el Central Park, - insisto como lector- “Cada poeta nos debe, pues, su invitación al viaje” y Leo Lobos nos cede más que una invitación, un regreso al lenguaje universal donde él “también es el primer habitante”
Venezuela. 2009
Milagro Haack
Escritora y artista visual.
Venezuela. 2009
Especial para arteliteral.
Leo Lobos nació en Santiago de Chile, en 1966. Es poeta, ensayista, traductor y artista visual. Tiene estudios universitarios de filosofía, castellano, bibliotecología y comunicación. Es Co-fundador del colectivo multidisciplinario "Pazific Zunami" junto a los artistas visuales Alex Chellew y Rafael Insunza a finales de los años noventas. Laureado UNESCO - Aschberg de Literatura 2002. Ha sido invitado a leer y publicar sus poemas, ensayos, ilustraciones, fotografías y traducciones en medios culturales de Chile y otros países. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, portugués, holandés, francés y alemán. Ha realizado innumerables exposiciones individuales y colectivas, sus pinturas, ilustraciones, poemas visuales y dibujos forman parte de colecciones privadas en Francia, Brasil, México, Estados Unidos y Chile. Ha traducido al castellano a los poetas brasileños Hilda Hilst, Roberto Piva, Claudio Willer, José Geraldo Neres, Ademir Bacca, Claudio Daniel, Helena Ortiz, Adriana Zapparolli, Tarso de Melo entre otros. Dentro de su obra poética, destacamos las publicaciones: Cartas de más abajo (1992), + poesía (1995), ángeles eléctricos (1997), Camino a Copa de Oro (1998), Perdidos en La Habana y otros poemas (1999), Cielos (2000), Nueva York en un poeta (2001), Turbosílabas (2003), Devagar (2004), Un sin nombre (2005), Nieve (2006), Vía regia (2007) y No permitas que el paisaje este triste (2007). Picnic en el Central Park en imprenta.
Nota: Escrito para el libro Picnic en el Central Park (en imprenta) de Leo Lobos





