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DOS LIBROS

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DOS LIBROS

 

Historia y novela en Denzil Romero

Celso Medina

FondoEditorial del Caribe

167 páginas

El escritor Denzil Romero abrió nuevos derroteros en eso que los especialistas y académicos han denominado novela histórica. Sus aportes irreverentes y altamente creativos son indiscutibles. Leído a medias (o con cierto desdén) en su momento legó una obra literaria importante, que sin duda tendrá sus lectores, tesistas y críticos de rigor a futuro los cuales colocarán en una balanza sus aportes estéticos a las letras nacionales.

El libro de Celso Medina “Historia y novela en Denzil Romero”, editado por el Fondo Editorial del Caribe, se inscribe en esa tónica. El libro es un estudio, blindado de una rigurosa investigación, que acerca al lector a los pormenores de la novela histórica cultivada con desabrochada intemperancia por Denzil Romero. A pesar de lo minucioso del estudio este no es monótono ni bostezante. De manera ágil Medina aborda el trabajo literario de Denzil sin dejar nada al azar e intentando colocar todo en equilibrada perspectiva.

Las primeras páginas del libro intentan aproximar al lector a ese concepto, algo escurridizo, de “Novela Histórica”. El autor se pasea por distintas hipótesis y conjeturas sobre dicho concepto y cita a los teóricos más solventes para llegar al hueso de un concepto sencillo y transparente. En otra parte del libro se sumerge en la novela y la historia en Venezuela. A este respecto el autor acota: “La Novela Histórica venezolana continúa la misma tradición de escamoteos que han venido caracterizando a la historiografía nacional, pero es explícita en sus intenciones; no se ofrece como proveedora de la totalidad histórica. Alienta más bien la conciencia de que no hay una historia única, sino historias fragmentadas a la que es posible acceder desde varias perspectivas y lo que es más importante: la historiografía no es el límite de lo ficcional. Ella no sólo aporta sus certezas, sino también sus silencios. Allí, el novelista encontrará espacios que le servirán de pivote para fantasear”.

Celso Medina sitúa a Denzil Romero como un autor atípico y no por capricho Medina escribe: “En la tradición narrativa venezolana podemos singularizar la obra de Denzil Romero por dos características: una, su estética barroca, que supedita toda la trama a los juegos de atmósferas que su portentoso lenguaje escenifica; la segunda, se expresa en una asunción de tipo textual Novela Histórica desde una perspectiva de radicalidad deconstructiva”. Denzil Romero dotó a la novela histórica de un dinamismo inusual, experimentó desde el barroco lingüístico una visión totalizadora que interconecta pasado y presente en un friso literario que rompe esquemas y convierte al lector en un cómplice activo de una escritura polifónica sin hacerle concesiones ni a la historia ni a la literatura como discurso con cánones preestablecidos.

Este ensayo de Celso Medina es un aquilatada visión para redescubrir y releer la obra de Denzil Romero; obra a la cual le esperan interesantes despertares e intensos y numerosos lectores.

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Memorias de un semibárbaro

Rafael Bolívar Coronado

Fondo Editorial del Caribe

Prólogo de: José Balza

89 páginas

 

Rafael Bolívar Coronado no es un escritor, sino un caso. Tiene más tela recortable como personaje de novela picaresca que de poeta. Fue un autor perdido en un enjambre de seudónimos (alrededor de 600 le contabilizó el escritor y bibliófilo Rafael Ramón Castellano) y de trampas literarias para “quitarle las telarañas a las muelas”, según sus propias palabras.

Coronado publicó muchos textos (cuentos, artículos de prensa, poemas y un copioso etcétera) con el nombre de autores existente unos y de autores productos de su afiebrada imaginación otros. De los pocos libros que salieron con su nombre puede contarse “Memorias de un semibárbaro”, hecho que tiene un curioso relato.

Los entretelones de la publicación de estas memorias tiene su historia y Rafael Ramón Castellano la cuenta en su extenso libro sobre Coronado, “Un hombre con más de seiscientos nombres”. Al parecer Coronado había estafado a Rufino Blanco Fombona con unos falsos manuscritos de la época colonial encontrados en una borrosa biblioteca en España. Para ese tiempo Blanco Fombona dirigía la Editorial América, la cual se encargaba de editar textos históricos. Coronado urgido por el hambre entretejió la elaborada estafa de los manuscritos; manuscritos que por supuesto el mismo escribió imitando la prosodia y el estilo colonial. Por supuesto que trabajó a contrareloj en la escritura de los manuscritos y algunos deslices lingüísticos se le escaparon y por tal motivo fue descubierto. Blanco Fombona indignado buscó a Coronado para darle un buen escarmiento, pero esté, conociendo el carácter de malas pulgas del escritor, y por temor a ser asesinado, huyó y Fombona no pudo darle su merecido. Para desquitarse publicó un libro de memorias que el autor de la letra del Alma Llanera le había entregado para que lo editara con el seudónimo de Oliverio Castro Gómez. Por su puesto Fombona publicó las memorias, pero con el nombre de su autor como venganza. En el prólogo José Balza señala: “Seguramente la anonimia con que Bolívar Coronado practicaba las agresiones personales, le permitió decir cosas en esas Memorias, que nunca hubiera tocado de ese modo si el libro hubiese sido publicado con su nombre. Nunca esperó la terrible reacción del ya harto Blanco Fombona”.

Coronado representa en el panorama de la literatura nacional una mancha, pero una mancha ingeniosa, descreída y desenfadada. Aunque era por esencia un escritor las 24 horas del día jamás se vio tentado de no llevar a cabo una “gran obra” para ser colocada en los anaqueles, de no concluir una obra literaria que a la postre nadie leería. Publicó libros con desornado énfasis. A veces lo hacía para comer (como sus antologías de poetas hispanoamericanos) y otras por el sólo gusto de incomodar, de ser inoportuno como su biografía sobre Lenin. Su pasión y desdén por la literatura y toda su parafernalia de inmortalidad, premios y posteridad son caras de una misma moneda. Balza acota: “Él es superior en cuanto realizó, pero a la vez la obra (ajena) concebida por él desborda su realidad. Estamos ante un monstruo del ingenio, del desdoblamiento, de la transfusión entre lo concreto y la ficción, ante una mente sin fronteras éticas ni estéticas, porque todas las rutas le podían pertenecer. (…) su práctica de la infidencia, de la amistad falsa, de la percepción despiadada acerca del país y sus políticos, rasgos estos que también lo definen, se convierten en motivo visible o subterráneo para que él sea, asimismo, olvidado, exiliado, despreciado”.

“Memorias de un semibárbaro” es apenas un boceto de la personalidad de Coronado. Libro escrito en vuelo rasante de la inmediatez, no exento de humor y pleno de picaresca con peripecias entre lo trágico e irrisorio. Esta edición tiene como aditivo el libreto de la zarzuela “Alma llanera”, en la que se encuentra la letra de nuestro segundo himno nacional quizá el único pecado del que siempre se arrepintió ese gran zángano que fue Rafael Bolívar Coronado, espejo y karma de las letras nacionales.

Actualizado ( Miércoles, 16 de Septiembre de 2009 09:05 )  


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