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Home Escritor Invitado Un libro para perpetuar el recuerdo de una mujer sin nombre

Un libro para perpetuar el recuerdo de una mujer sin nombre

Néstor Rojas

(El Tigre, 1961) poeta y escritor venezolano, con más de quince libros publicados, en los géneros poesía, narrativa y ensayo. Actualmente es director de Turismo en la alcaldía de Heres. Comparte sus días entre dos orillas orillas: Anzoátegui y Bolívar. El Orinoco es la frontera de sus travesías.

 

 

Un libro para perpetuar el recuerdo de una mujer sin nombre

Varias veces, después de leer y releer el poemario de Francisco Arévalo (*) me pregunté las razones que habían llevado al poeta a titular a esa colección de poemas bajo el poco poético título de Sur. Entre las muchas cosas que pensé como posibilidades de conocimiento, cuento por supuesto tanto el punto cardinal del horizonte. También pensé en el viento que sopla de la parte austral del horizonte y en la esfera celeste que cae del lado del polo antártico, respecto del otro con el cual se compara. Y se ve.

Busqué más señales que me indicaran el por qué de ese nombre, a sabiendas de la certidumbre de ese lugar donde Francisco Arévalo descubrió la vida llena de smog, cercada de muros y alambradas. Por signos escritos avizoré en la orilla de la página la metáfora con cuerpo de mujer, pero sin rostro ni nombre. Allí estaba la clave que me hizo penetrar una vez más en esos reinos convocados, no desde el asco y el arrepentimiento, sino desde la pasión y la ironía amarga de quien espera ese amor que siempre acecha.

La visión de la horizontalidad amorosa de Sur me hizo ir más allá del punto que se me imponía como toda referencia antes de iniciar la lectura del libro. Me ubiqué con la mirada paralela a las líneas celestes que limitan con las superficies terrestres y lo que alcancé ver fue una encrucijada de flechas y la imagen de una figura encorvada sobre las sinuosidades de un cuerpo soñado y presentido.

"ENCORVADO/ piel curtida de plomo/Te ofrecí mi flauta dulce/ Qué camino tomarás/ con este zumbido de flechas".

A la hora del crepúsculo, cuando ya el Sol de noviembre caía enfrente de mis ojos inquietos, abrí nuevamente las pocas páginas de Sur para vivir los poemas de quien se viste de blanco para atravesar la noche en busca de la que tal vez podría llamarse Beatriz y cuyo "cuerpo de colibrí" sujeta en el aire el poeta para después dejarse llevar gozoso haciendo piruetas.

"SOMNOLIENTA/ Caminas/la sabana de mi memoria/Abordas el río de mis solares..." Ya en lo arriba que alcanza la vista parece que se junta el cielo con la tierra. El poeta -y el lector- entran en ese espacio circular de los deseos donde "SOMOS/ Un trozo de carne/ Que llega a una extraña dimensión/ Sin importar la vuelta del Sol/ Acoplados en una sola nota."

En este libro de Francisco Arévalo hay un deseo explícito de cantarle a una mujer que "arde en el signo en que aparece, desnuda, frugal" que ofrenda su estrella -su cuerpo- toda cautelosa al que soporta su cruz y su condena. Y sólo ese acto, que altera el sentido de la lucidez, no es teatro, aunque no falten las rosas plásticas ni las máscaras del ocultamiento.

En algunos poemas la palabra -polisémica- ofrece diferentes posibilidades y perspectivas. Se hace sombra y espejo de lo que puede ser. Sólo el ojo de un observador bien entrenado para ver esa otra cosa que se oculta puede descubrir el círculo máximo de esa esfera sensible donde se encuentran los amantes: "YA NO ESCAPAMOS/ en el punto celeste/Estamos en el lugar expedito/dándole a un pie de Héctor/Sin la mirada de los búhos/que te aterran".

Cada palabra de Sur nos convoca a ese momento verdadero o imaginario que apetece gozarlo. Al principio son las sábanas, "víctimas de los grillos/vuelo febril que nos aprisiona", que muestran a los amantes bajo una tenue luz engañosa. Luego es el bidé indicándonos el objeto a que se refiere. Tras el umbral de unas pestañas -tal vez falsas- el poeta descubre el resplandor de ese amor que es hijo de la gloria y no de la erudición, que al decir del mismo autor, "es lo más parecido a la estupidez".

¿Es ese instante lo que sostiene el rayo de la carne que muere en cada contracción? En las páginas de Sur se oye, se ve, se respira la pasión que atrae un sexo hacia otro. Se perciben los olores de un lecho hundido donde el poeta apaga sus incendios y prueba los vinagres de un río que hace malabares.

"Súbitamente caigo en tus márgenes". Aquí está la imagen de la mujer como agujero, como vientre profundo, como espacio hacia abajo y hacia arriba: "SIN LUGARES/secretos/Husmeando toda hendidura/Orificio posible".

Las palabras de este libro en su primera parte (la segunda se denomina Ecos Dispersos y está dedicada al desaparecido poeta Alí Darnott) expresan el discurso del amor que oculta su nombre en el agua, de las caricias y requiebros. No ocultan, reflejan el afán de quien busca en el cuerpo de la amada el ánimo para seguir viviendo. Porque sólo amándola es como siente la vida, su blandura, su suavidad, su deleite. Como un labriego inútil busca el poeta en "la tiniebla el agua de tu pozo" que sabe a vino blanco.

(*) Publicado por Tabernas Editores, Ciudad Guayana, 1995, Serie Poesía No. 2. Se imprimieron 500 ejemplares numerados.


 

Actualizado ( Miércoles, 17 de Marzo de 2010 09:29 )  
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