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PROFECIA ERRANTE

Texto: Pedro Téllez

En su Exposición al Libro de Job, Luis de León despliega un poema antiguo sobre su siglo XV Pero más allá de su intención, cuatrocientos años más tarde, la vigencia de su aparato crítico no es menor que la del texto hebreo. Tal es la unidad móvil de poesía y comentario que ambos libros se mantienen transformándose, en ese paso de pasado a futuro lejanísimo.

El fraile en De los Nombres de Cristo, concebía la poesía como una comunicación del aliento celestial, "El mismo espíritu que los despertaba y levantaba a ver lo que los otros no veían, les ordenaba y componía y cómo metrificaba en la boca las palabras, con números y consonancia debida, para que hablasen por más subida manera que las otras gentes hablaban, y para que el estilo del decir se asemejase al sentir, y las palabras y las cosas fuesen conformes". Así que para el fraile la propiedad poética de la profecía está en función de una emoción estética, la unidad de forma y contenido se proyecta en el plano temporal para ver y hacer ver lo que otros no veían.

En otra tradición, la palabra vates designaba tanto al adivino como al poeta. Unificando es Teodor Haecker quien dice que en la Eneida o en la Biblia, buscan los hombres abriendo al azar, apoyo, consuelo, esperanza o un oráculo y lo encuentran. Borges definía un clásico como aquel libro o autor qué una generación toma como guía, como oráculo. Partiendo de ambas citas, abarcaríamos la lectura personal y colectiva del gran libro: un exacto número de palabras al que siguen ilimitadas lecturas. En la potencial relación lector escritor, un selecto lector lee por o para otros autores, el oráculo se hace profecía, el clásico da oráculos a uno o a miles. Ilustración de lo primero lo puede tener cualquiera; de lo segundo, un caso que fue de actualidad: el de los descubridores literarios de América, el clásico Platón el principal; y los descubridores de los descubridores, toda una generación de ensayistas. Joseph de Acosta, en su Historia Natural y Moral de las Indias (con aprobación de Fray Luis de León), escribe pensando en el Timeo: ."Más si alguien hubo de tocase más en particular estas indias": Montaigne se referirá en su ensayo Los Caníbales ala República, y comparándola a la sociedad aborigen exclamará: "¡Cuan distante hallaría Platón la República que imagina de éstas perfecciones!". El Renacimiento era una Era de descubrimientos continente oculto es minuciosamente detallado; en el Timeo apenas se le describe. Islas y libros, utopías y profetas, se agregan para ampliar la cartografía espiritual.

El Cristias influenciará a Moro y a Bacon. Este, en un ensayo de 1625, De las Profecías, quita crédito al Séneca de Medea y a Platón, como profetas del nuevo continente; pero 35 años después, él mismo se dedicará a escribir una utopía donde lo oscuro y borroso del oráculo es sustituido por una exactitud descabellada. Es su ficción-ensayo La Nueva Atlántida, isla situada después del Perú, con un Estado perfecto y dirigido por la Casa de Salomón, cuyo objetivo es el conocimiento de las causas y secretas nociones de todas las cosas, y el agradecimiento de la mente humana para la realización de todas las cosas posibles. Bensalem es el reflejo del objetivo último de los varios escritos del Canciller: traducir el libro de la creación. En la Casa de Salomón los inventos salen de la naturaleza, del texto mineral o vegetal, como de la Biblia el otro texto, hace brotar versos y profecías el traductor De León. El Bacon de Bensalem no recoge el desafío inserto en el capítulo 28 del Libro de Job, Dios nos increpa que nunca podremos conocer el mecanismo de las cosas, "Declara la ciencia que en ti mora". No recoge el desafío porque con su método experimental compone versiones del libro de la naturaleza. La ciencia moderna apenas al final de una veintena de siglos empezará a crear. El traductor de Job en poema propio, la oda A Felipe Ruiz, contempla que contemplará la verdad: "Allí a mi vida junto, en luz resplandeciente convertido,veré distinto y junto lo que es y lo que ha sido, y su principio propio y escondido". Postergando de esta manera la cognoscibilidad del mundo para el otro, tras la muerte y si nos portamos bien. No se dejó otra salida. Después de Francis Bacon el objetivo de la Casa de Salomón se acompañara de un agnosticismo militante o no, en el capitalismo; y del ateísmo franco de los socialistas.

La nueva Atlántida se ha señalado como el Manifiesto del capitalismo, en realidad su espíritu vive en ambos Manifiestos. Su interacción original piadosa nunca será la de sus seguidores, y desde el pasado a estos parece responder, de forma anacrónica y por traspuesto uno de los comentarios que al Libro de Job hace fray Luis, si bien acompañado de una redención social todavía pendiente. En el ya citado capítulo 28 en su crítica del fragmento que dice: "Divide arroyo de pueblo peregrino, a los que olvido el pie del mendigo, a los inaccesibles'; comenta que este "señala con el dedo el descubrimiento del nuevo inaccesibles"; comenta que este "señala con el dedo el descubrimiento del nuevo mundo que en la edad de nuestros padres se hizo, y es profecía manifiesta puesta aquí con grande propósito". No sería otro que una alegoría divina para desmentir el poder tecnológico.

Los que lo quieren saber todo, tuvieron durante milenios un continente escondido en sus narices. En el nuevo mundo el hombre completará su dominio sobre la naturaleza y trazará sus límites y los de ella: "Trastornará los montes del, y barrerá las peñas, y calará los ríos, y sacará de sus entrañas no creíbles riquezas, todo lo puede alcanzar: mas la sabiduría no, si no le viene del cielo". En su comentario, siempre respetuoso de la variedad de significaciones propias del texto sagrado, fray Luis De León se referirá a ciudades desaparecidas u ocultas como al Atlántida, y Sodoma la antiutopía bíblica; claro, no toma partido por los que ven en América la profecía cumplida de Platón, esto sin mayor justificación, pareciendo después de lo anterior cierta arbitrariedad que se apoya en la coyuntura del poeta que comenta otro poeta. Y una situación doblada, veremos por qué. Declara en su Defensa de la Poesía, Percy Bysshe Selley: "Un poeta tiene parte en lo eterno, en lo infinito, en lo único; en cuanto se refiere a sus concepciones, tiempo, lugar y número no existan. Las formas gramaticales que expresan los modos del tiempo, y las diferencias de personas y la distinción de lugares, son transmutables con respecto a la más alta poesía". Shelley quiere poner como ejemplos los coros de Esquilo, el Paraíso del Dante y el Libro de Job. Para el De León De los Nombres de Cristo como se desprende de la cita al inicio de nuestro trabajo, la poesía es un atributo de la profecía; al contrario, lo que él hace después en su interpretación del Libro de Job, cabe cómodamente en la concepción de Shelley de la profecía como atributo de la poesía.

En una alta lectura que transmuta, volviendo al libro judío desde América, el dominio inédito del hombre sobre la naturaleza se complementará con el del hombre por el hombre. En el continente que despertó los proyectos amorosos de Santo Tomás Moro y de fray Tommaso Campariella, se vino a hacer todo lo contrario. Las concordancias de la Biblia, la vida de su crítico poeta y remotos lugares; dan pie para nosotros preguntar: ¿Hasta qué punto estaría la Conquista señalada implícitamente en el comentario de De León al capítulo 24? En ese capítulo se dice, "Dios siempre prospera en esta vida a los hombres más facinerosos y perversos". Es el corazón del Libro de Libros y de la Tierra, parece que se describe un genocidio en su comentario que bien podría ser el de los pueblos del mundo nuevo. Montando una interpretación sobre la otra, el autor hebreo se convertiría así en el primer descubridor literario de este continente, y el último, pues su hallazgo es conclusivo.

La tragedia personal adquiere dimensiones históricas; los hombres de las nuevas tierras sufrirán cómo su personales Job, como el traductor y procesado fraile; y como los dos, buenos salvajes libre de pecado. El anti-héroe del pueblo judío lo es también de América la Diáspora inversa: indios y negros desterrados, bandas de blancos aventureros, misioneros, santos y más de un marrano huido de la inquisición. Platón y el anónimo autor de Job poseen un discurso errante: se dirige al Renacimiento y a la Antigüedad, mas no a nuestros días. Por eso nos resta observar estos diálogos entre espíritus de lenguas milenarias y de los del renacimiento; diálogos que nos emocionan porque el decir se asemeja al sentir cuando el clásico comenta a otro. Prueba de la modernidad de Luis de León, de Francis Bacon; y de la tradicionalidad de la crítica como género literario.

 


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